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Ricardo De Lorenzo: “La colaboración entre sanidad pública y privada ha salvado muchas vidas durante la pandemia”

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Ricardo De Lorenzo, abogado
Ricardo De Lorenzo, abogado

La crisis sanitaria que estamos viviendo obliga a la reflexión sobre el sector. A un análisis de fortalezas y debilidades, que Escudo Digital hace de la mano de Ricardo De Lorenzo, presidente de De Lorenzo Abogados, bufete fundado en 1955 como primera firma legal dedicada al Derecho Sanitario de modo especializado.

El último libro publicado por eldoctor en Derecho, en septiembre de 2019, se centra en el significado y lasaportaciones de la Ley 41/2002, que regula la autonomía de los pacientes y losderechos de información y documentación clínica. La protección de datospersonales, el consentimiento por representación y la colisión de derechosfundamentales, son temas en él tratados, que ahora, en pleno confinamiento porel Covid-19, cobran una nueva dimensión.

No han pasado muchos meses desde que salió ala luz su libro “Derechos y obligaciones de los pacientes”. Sin embargo, estácambiando todo tanto que pudieran parecer siglos. Si lo escribiera ahora,¿sería muy diferente?

La epidemia de coronavirus ha cambiado de forma dramática el escenario sanitario, pero también el social y el económico, y sobre los mismos derechos consagrados necesitaremos una estrategia enfocada a trazar un marco ético-jurídico que dé una respuesta global a todas las grandes crisis sanitarias que puedan presentarse en el futuro, cambiando las actuales incertidumbres por mínimas certezas.

La Ley 41/2002, Básica deAutonomía del Paciente, fue un hito histórico y constituye una pieza jurídicafundamental en el Derecho sanitario español. La Ley acotó y definió conprecisión muchos conceptos en el terreno de los derechos de los pacientes. Unanorma de esta entidad no puede ser ajena a la evolución de la sociedad en laque se inserta y desde el año 2002 se ha ido adaptando a cuestiones tanrelevantes como la protección de los datos personales de los pacientes, elconsentimiento por representación (menores o incapaces) o la propiaconsideración de la información para consentir en el ámbito de los derechosfundamentales, o su declaración como elemento integrante de la “lex artis”, conlas trascendentales consecuencias que ello comporta.

“Necesitaremos un marco ético-jurídico que dé respuesta a cualquier crisis sanitaria en el futuro”

En nuestro país, tras la entradaen vigor de nuestra Constitución de 1978, cuyo artículo 43 reconoció el derechoa la protección de la salud, las cuestiones más estrechamente vinculadas a lacondición de sujetos de derecho de las personas usuarias de los serviciossanitarios (plasmación de los derechos relativos a la información clínica y ala autonomía individual de los pacientes en lo relativo a su salud) fueronobjeto de una regulación básica, en el ámbito del Estado, a través de la Ley14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad.

A partir de dichas estipulacionesbásicas, la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, completó las previsionescontenidas en materia de derechos y obligaciones de los pacientes en la LeyGeneral de Sanidad, adaptando dichas previsiones al Convenio del Consejo deEuropa, Convenio relativo a los Derechos Humanos y la Biomedicina, popularmenteconocido como Convenio de Oviedo, suscrito el día 4 de abril de 1997.

Un Convenio, el de Oviedo, que supuso otrohito jurídico clave en España…

Por supuesto. Tanto que es equiparable enimportancia y rango a la Declaración Universal de Derechos Humanos. El Conveniode Oviedo constituyó una iniciativa capital, puesto que, a diferencia de lasdistintas declaraciones internacionales que lo precedieron, fue el primerinstrumento internacional con carácter jurídico vinculante para los países quelo suscribieron, residiendo su especial valía en el hecho de establecer unmarco común para la protección de los derechos humanos y la dignidad humana enla aplicación de la Biología y la Medicina.

Usted siempre ha defendido un modelosanitario único, público-privado. Dado el momento que vivimos ¿considera que hallegado la hora de impulsarlo?

La colaboración entre la sanidadpública y la privada que hemos visto en el combate contra la pandemia delcoronavirus en España pone de manifiesto lo que siempre he dicho, que es en lapráctica un modelo de sanidad única, que, insisto, hemos visto como hanmovilizado recursos técnicos, materiales y humanos a contrarreloj para atajarla mortalidad del Covid-19, con gran éxito, a pesar de las múltiples carenciasmateriales de protección.

Los 806 hospitales del SistemaNacional de Salud y los 468 centros hospitalarios privados y el conjunto de másde 143.300 camas puestos a disposición del Ministerio de Sanidad en la luchacontra la pandemia, junto a la entrega y el servicio de los profesionalessanitarios ante el Covid-19, así como esa implicación colaborativa entresanidad pública y sanidad privada, poniendo en práctica ese modelo de sanidadúnica al que antes me refería, han conseguido salvar muchas vidas de pacientes.

¿Nos hubiera ido mejor haber tenido ya enmarcha ese modelo mixto?

El modelo integral de salud,atendido por una organización pública, centralizada y básica, prevista en laLey General de Sanidad, ha sido totalmente superado por la normativa que desdelos años 1986 y 1987 se fue dictando para regular las nuevas formas deorganización de los servicios socio-sanitarios. A partir de dichos años, se haido extendiendo la prestación de los servicios sanitarios a los ciudadanos confundamento en las más diversas formas de gestión directa o indirecta queacomodan su funcionamiento a normas de derecho privado.

Esta colaboración de facto queexiste en España entre los sectores públicos y privados de sanidad podríaprogresar y hacerse mucho más efectiva si se unificara la coordinación y elcontrol para ambos sectores y se vertebrara un sistema común de informaciónsobre los historiales clínicos de todos los pacientes. La crisis que estamosviviendo ha puesto de manifiesto la fluidez de esta colaboración en la atenciónsanitaria como servicio público a la ciudadanía, independientemente de quienpague, sea una mutua, una aseguradora o las administraciones.

Como dice el Dr. Juan Abarca, “hoy,más que nunca, sanidad sólo hay una” y “hoy por hoy no hay hospitalespúblicos y privados: hay sencillamente hospitales que velan por la salud y elbienestar de todos”.

"El mayor error, en mi opinión, ha sido la falta de previsión y la respuesta tardía del Gobierno"

¿Podría hacer una breve valoración de cómo seha comportado cada una de ellas durante estas semanas?  ¿Qué le merece mención especial y quépreferiría olvidar?

El mayor error, en mi opinión, hasido y sigue siendo la falta de previsión y la respuesta tardía del Gobierno,que con informes internacionales que le alertaban del peligro, como el delCentro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades; o recomendacionesde la OMS emitidas desde el 30 de enero, que advertían de la gravedad del nuevocoronavirus de Wuhan y aludían a tomar acciones concretas que, en el caso deEspaña, no llegaron hasta mediados de marzo. Junto a la ausencia decoordinación entre las actuaciones del mando único del Ministerio de Sanidad y delas Comunidades Autónomas, cristalizado en los desaciertos y retrasos en laadquisición de material, que ha dejado sin protección a los colectivossanitarios siendo ésta la principal causa de baja de estos profesionales, y quea día de hoy sigue motivando que las Comunidades obvien el mando único yadquieran material por su cuenta.

Lo mejor, indudablemente, ha sidoy sigue siendo la entrega y el servicio de los profesionales sanitarios ante elCovid-19, así como la puesta en práctica de ese modelo de sanidad única del quevenimos hablando, con el único objetivo de salvar vidas de pacientes. Nuncapodremos estar a su altura en agradecimiento, y ojalá cuando pase esta crisispodamos reconocerles ese mérito como merecen.

Ha habido también críticas negativas por lamuy diferente actuación de unos centros privados y otros, sobre todo en lagestión de sus plantillas. Algunas empresas han dado hasta vacaciones, cuandosupuestamente falta personal, por ejemplo. ¿Qué opinión le merece?

En el caso de las condicioneslaborales en los centros sanitarios se produce una colisión entre la garantíade funcionamiento continuado de las instituciones sanitarias y la necesidad dedescanso de los profesionales sanitarios, como forma de promoción de la salud yde prevención de riesgos laborales, que hay que conciliar. Los sanitarios queluchan contra la pandemia están con una sobrecarga de trabajo sin precedentes.Se doblan turnos, se hacen horas extra, se prolongan jornadas y, sobre todo,hay una carga emocional que va a ser difícil de atajar. Todo esto va a pasarfactura, a medio y largo plazo, en la psicología de los trabajadores. Y, en esesentido, la gestión de plantillas debe contemplar los descansos y todas lasmedidas serán bienvenidas. Las vacaciones incluidas, para aliviar el cansanciofísico, pero también el desgaste mental.

“Los sanitarios están con una sobrecarga sin precedentes. Ha habido caos en la entrada en vigor de su permiso retribuido”

El tratamiento incorrecto de lasnoticias, incluso en contra de la sanidad privada, ha intentado tapar unarealidad: el caos en la entrada en vigor del permiso obligatorio retribuido.Tenga en cuenta que el Gobierno aprobó la norma, pero a última hora pospuso undía su aplicación, y no se entendía cómo aplicar el permiso retribuidorecuperable para todos los trabajadores no esenciales.

La referencia del consejo deministros, que suele recoger la explicación detallada de las medidas aportadas,tampoco aclaró demasiado, pues apenas contenía un escueto resumen de lasintervenciones de las ministras. Reiteraba, como había dicho la ministra deTrabajo, Yolanda Díaz, que “no se trataba de unas vacaciones obligatorias”, yexplicaba cómo organizar, recuperar esas horas entre trabajadores y empresas.Incluso apuntaba que las empresas obligadas a cerrar podrían establecer, encaso necesario, un “número mínimo de plantilla” o fijar los turnos de trabajoque considerara “imprescindibles” para mantener la actividad que sea“indispensable”.

¿A qué país le gustaría que mirase Españapara tomar notas de su modelo sanitario?

En España podemos presumir detener uno de los sistemas sanitarios públicos más avanzados del mundo. A pesarde sus carencias, nuestro país sigue siendo puntero en la mayoría de losrankings más relevantes. La cobertura sanitaria universal en la que todas laspersonas tenemos acceso a la atención sanitaria que podamos necesitar, con unabase sólida en la atención primaria, nos permite estar en los primeros puestos.

Siempre ha subrayado lo imprescindibles queson los comités éticos. ¿Cree que tendría que haber en el futuro?

Por supuesto habrá más, los avances en Inteligencia Artificial están empezando a mostrar algunos atisbos de cómo será un futuro no muy lejano – coches autónomos o drones, el triunfo de la IA contra humanos – y también en medicina con sus más que previsibles consecuencias con respecto al empleo por la automatización. Los grandes cambios futuros y su profundo impacto social levantan por igual expectativas de un mundo distinto y mejor, pero también temores fundados sobre un dominio de las máquinas en un mundo sin empleo y, en este sentido, tanto el Parlamento Europeo, por un lado, como algunos de los principales exponentes de la inteligencia artificial mundial, por el otro, se han puesto a reflexionar sobre los componentes éticos de la inteligencia artificial.

Su importancia es crucial puestoque resuelven muchas preocupaciones que enfrentan los pacientes, primando lanecesidad de proteger la condición humana, no desconociendo los derechosfundamentales y siguiendo firmemente las normas legales vigentes. Cuando surgenproblemas de responsabilidad del profesional o equipo asistencial de salud, sedeben prever los posibles desenlaces no solo vitales, sino también morales, quelas intervenciones médicas generan en el paciente o su familia. Esto últimoimplica comprender las creencias, valores y expectativas individuales delpaciente, su familia, la sociedad, el mismo profesional de la salud y lainstitución donde se desarrolla la atención. Es evidente que una visiónintegral de este tipo de controversia solo se puede dar si hay una discusiónplural de ésta, como ocurre en un comité ético.

¿Cree que este reconocimiento actual a losprofesionales sanitarios actual perdurará en el tiempo?

Así debe ser, de forma permanentey no influenciados, como ahora estamos, por el temor y la incertidumbreproducidos por la contingencia que se vive en el mundo con la presencia delcoronavirus, que nos lleva a que cada cual busque la manera de ponerse a salvo,y poco nos interesamos por la prevención, la salud y el agotamiento de losprofesionales que están expuestos diariamente.

Los médicos conforman el sectormás comprometido y expuesto, altamente vulnerables al contagio, a los quedebemos un merecido reconocimiento, agradecimiento, y colaboración, tras suejemplo, incluso sin suficientes recursos para bioseguridad y su protección.

La normativa reguladora del sector sanitario crece. ¿Hay suficientes abogados especializados en esos temas?

El auge y pujanza del DerechoSanitario resultan, hoy en día, innegables, como lo demuestran circunstanciastales como la gran producción normativa reguladora de materias comprendidasdentro del ámbito de aplicación de esta rama del Derecho, la discusión teóricay práctica por parte de la doctrina y la jurisprudencia sobre las más diversascuestiones atinentes al Derecho Sanitario, la impartición de masters y cursosde especialización…, todo lo cual exige más especialistas y que los abogadosque pretenden dedicarse a la práctica del Derecho Sanitario tengan unaformación adecuada, que les permita resolver con prontitud y acierto los problemasque se les planteen y que puedan ser calificados como verdaderos especialistasen esta rama jurídica.

Entonces, cuando todo esto pase, ¿habrá un“antes” y un “después” también en la Sanidad?

Creo que efectivamente habrá unantes y un después, también en lo sanitario, pues uno de los problemasfundamentales que tenemos es que nuestros esquemas normativos responden, engeneral, a una fórmula basada en el individuo como paciente. De ahí que existandiferencias jurídicas sustantivas en muchos sentidos entre la protección que seotorga a quien ha adquirido ya la condición de paciente y a quien todavía no seconsidera como tal, por más que su estado requiera de una asistencia sanitariaurgente. Esto puede crear claras disfunciones, por ejemplo, en situaciones derecursos sanitarios escasos, en los que resulta necesario acudir al triaje.