Fabián García Pastor.

Opinión

¿De quién son mis datos?

Senior Advisor for Innovation and Digital Transformation en ENLANZA y Director en OdiseIA. Twitter: @fabiangpastor - LinkedIn: http://www.linkedin.com/in/fabiangarciapastor.

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Datos online.
Datos online.

El auditorio de la universidad estaba lleno a rebosar. Yo había llegado pronto y estaba en la segunda fila esperando que Vinton Cerf, Chief Internet Evangelist de Google, empezara su charla. Habíamos quedado en ir varios compañeros de la oficina y, la verdad, prometía mucho. Faltaban unos minutos para las 13:00, la hora anunciada para el comienzo, y alguien apareció en el escenario, nos apuntó con su móvil y nos disparó varias veces. Las fotos aparecieron al momento en una pantalla enorme situada tras la mesa presidencial. Parecía Twitter. 

La charla empezó en hora. Apenas había empezado Vinton Cerf a contarnos los planes de Google para organizar la información del mundo, cuando mi teléfono empezó a vibrar. Lo saqué del bolsillo y, antes de apagarlo, vi un mensaje que decía: “Pero hombre, ¡cómo no me has avisado que está Vinton Cerf en Madrid y pensabas ir a verlo!”. 

La foto que se tomó desde el escenario, en la que salíamos unas diez o quince personas, se envió a Twitter, alguien me etiquetó y un compañero que estaba en la oficina me localizó con rapidez. Es verdad que tenemos el derecho a mantener nuestra intimidad, pensé, pero esto es un acto público; quizá, las otras personas que salieron en la foto sí querían que se publicara… Difícil saberlo. 

¿Son mis datos realmente míos? ¿Es mi foto realmente mía?

Para reflexionar sobre ello, veamos la siguiente figura que muestra el camino habitual que siguen nuestros datos. 

Muchos de los datos que generamos (fotos, compras, localización geográfica, navegación web, transacciones financieras…) pasan a compañías, como Google, Meta, Amazon..., que los recogen y explotan; por ejemplo: la foto enviada a Twitter o las coordenadas GPS del lugar en el que me encontraba. Estas compañías, ávidas de nuestros datos, nos ofrecen recompensas, aplicaciones y servicios, para animarnos a compartir; por ejemplo, un buen programa de navegación  tipo Google Maps que nos facilita llegar a nuestro destino y que, al mismo tiempo, recoge todos los datos de nuestro viaje. 

El balance entre los datos que aportamos y los servicios que recibimos está, en teoría, en nuestras manos: nosotros decidimos si cedemos o no nuestros datos. La realidad es que, por desconocimiento, por dificultades técnicas o, simplemente, por desidia, todos solemos hacer los mismo: cedemos nuestros datos sin más, sin preguntar y sin esperar respuesta.

La cosa se complica (cuando consideramos los datos que aportan nuestros colegas. Parte de estos datos son similares o iguales que los nuestros; por ejemplo: el trayecto realizado desde la oficina hasta el lugar de la charla, las coordenadas GPS del lugar de la charla. Esto significa que la cantidad de datos individuales propiamente míos es inferior a la cantidad de datos que yo genero. 

Cuando el número de colegas que considero es superior a dos -como era el caso de la charla- y además, tenemos muchos datos en común, entonces la cantidad de datos individuales propiamente míos es muy pequeña. La mayoría de los datos son comunes: lugar de la charla, intereses en Internet, Vinton Cerf, etc. 

Por tanto: ¿son mis datos míos? Los datos propiamente míos son míos y solo míos. Los datos compartidos con mis colegas son datos que no son completamente míos sino que pertenecen a todos los que los compartimos. 

Por eso:

  • si yo decidiera no aportar todos los datos que genero a la compañía que los recoge, la compañía no se preocuparía mucho ya que la mayor parte de ellos los obtendría a través de mis colegas. 
  • Por esa misma razón, el valor de mis datos es escaso cuando se consideran de forma individual. 

Vamos a ver otro ejemplo. Supongamos una familia de diez miembros. Federico, uno de los hermanos, ha decidido hacerse un análisis genético y, tras leer las condiciones de privacidad que la compañía ofrece, ha visto que hay un descuento del 60% si acepta ceder los datos a la empresa que hace el análisis. 

Federico estaba a punto de aceptar la oferta cuando su padre le hizo ver que al ceder sus datos está cediendo también los datos del resto de la familia. Debería, por tanto, de obtener el acuerdo de cada uno de los miembros de la familia antes de aceptar la oferta. Por otro lado, si nueve de los diez miembros hubiesen cedido los datos a la empresa, es obvio que los datos del décimo miembro habrían perdido una gran parte de su valor y la empresa, ya mucho menos interesada, podría retirar el descuento ofrecido. 

Vemos de nuevo que la privacidad es un hecho colectivo. Mi privacidad depende de las acciones de mis colegas. La privacidad de mis colegas depende de mis acciones.

Entonces, ya sabiendo que la privacidad de mis datos no es un hecho individual sino colectivo, cómo debería de actuar ante situaciones como las anteriores en las que deseo ofrecer mis datos a la compañía tecnológica con objeto de obtener un beneficio. 

La ética del dato

Recordemos brevemente que la ética nos proporciona unos principios morales sobre los que regirnos. El enorme crecimiento de los datos generados y el desarrollo de tecnologías alrededor del big data, y la analítica de datos ha impulsado la necesidad de crear una ética del dato que nos guíe a tomar decisiones responsables. 

Existen varios modelos para aplicar la ética del dato de forma práctica. Todos aportan principios fundamentales y algunos de ellos son compartidos:

  • Beneficencia: actuar para generar el bien y evitar el mal. 
  • Transparencia y explicabilidad: claridad en las inferencias y en el funcionamiento de los algoritmos.
  • Responsabilidad y rendición de cuentas: obligación de informar acerca de las decisiones tomadas.
  • Justicia: usar los datos de forma que se eviten los sesgos.
  • Privacidad: derecho a mantener la intimidad y evitar la vigilancia.

Estos principios sobre la ética del dato son los que deben de utilizarse como guía para tomar decisiones sobre el uso, la cesión y la compartición de los datos. 

En relación a mis datos, es conveniente no olvidar que es muy probable que su compartición tenga impacto en otras personas. Recordamos que más del 90% de las personas de una ciudad pueden ser identificadas con solo tres datos: fecha de nacimiento, género y código postal. 

¡Vaya! ¡Resulta que la mayor parte de mis datos no son míos!