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Opinión

El globo que ha colmado el vaso americano

Experto en migraciones y analista internacional.

El globo-espía chino ha dado mucho juego, y sobre todo, nos ha permitido “desconectar” durante el fin de semana de la trágica guerra entre Ucrania y Rusia con la que nos despertamos a diario a través de medios de comunicación y redes sociales.

Pero toda esta tragicomedia acabó el sábado 4 cuando un caza F-22 Raptor despegó del Estado de Virginia con dirección a Carolina del Sur donde intercepto al enorme balón blanco ya en aguas del Océano Atlántico. Un barco de la Armada norteamericana recogerá las piezas del aparato y corroborarán (o no) que se trata de un aparato de vigilancia y transmisión de imágenes y datos, y no uno dedicado a la meteorología como ha estado afirmando Beijing todo este tiempo.

El asunto, que a priori podía llegar a ser hasta cómico por la inofensiva imagen del globo con un bonito cielo azul de fondo, ha implicado que se posponga una cumbre oficial al máximo nivel donde Anthony Blinken iba a ser el primer Secretario de Estado americano en visitar China en los últimos 5 años, y, sobre todo, cuando las relaciones entre el hegemón y el aspirante están en su nivel más bajo desde que comenzaran hace ya más de 40 años.

Muchos ciudadanos, y especialmente los miembros del bando republicano, han puesto el grito en el cielo porque se ha violado la soberanía de la primera potencia mundial ¡y eso con Donald Trump no pasaba! Lo cierto es que durante su presidencia también ocurrió.

El caso es que las dos superpotencias se espían mutuamente desde hace muchos años, pero claro, es muy diferente intuir que esto ocurre a verlo con tus propios ojos y sentirte observado en tu propia casa. Seguramente EE.UU. ya habría monitoreado al balón flotante hace días, pero esta vez lo han divisado ciudadanos de a pie y el gobierno de Biden ha tenido que intervenir, quizás de manera exagerada, para mostrar contundencia y aplacar a la oposición republicana.

Pero, si China tiene el segundo mayor programa de satélites del mundo, ¿para qué necesita usar estos globos? Los globos espías han sido muy usados, especialmente en los últimos 10 años, porque son baratos (especialmente comparados con los satélites), tienen una gran durabilidad y con la tecnología actual mandan imágenes de gran calidad y se pueden orientar parcialmente en cuanto a la dirección deseada, pudiendo incluso mantenerse en una posición estacionaria durante un tiempo, como parece que ha ocurrido en este caso al “pararse” en los cielos del Estado de Montana, donde casualmente existe un silo de misiles balísticos nucleares americano.

¿Porque ha ocurrido ahora? Suena a provocación en las fechas previas a una visita oficial tan importante, pero no habría que descartar algunas posibilidades, por retorcidas que parezcan. Se podría tratar de un acto de provocación por parte de alguna facción radical anti americana, también podría tratarse de un simple error de cálculo en un programa ya existente y que ni siquiera fueran los Estados Unidos su destino, incluso podría ser un globo con fines meramente meteorológicos…. Pero desde luego podría ser que China, cansada de la constante vigilancia norteamericana de sus cielos, tierras y mares, haya decidido hacerlo y punto.

Es por eso que también sea hipócrita por parte de Washington quejarse de ser víctimas del espionaje chino cuando Norteamérica ha estado usando durante años todo tipo de métodos de espionaje contra ellos (submarinos, antenas, satélites incluso globos). La vigilancia entre las dos superpotencias es mutua, es parte del juego y quizás sea más seguro así. Como Einsenhower dijo: “la vigilancia mutua nos proporciona tranquilidad”.

Aunque este asunto no se podría considerar como una crisis entre las dos potenciasel daño que políticamente puede recibir Biden con este globo-espía es enorme.

 

Hubo una época idílica en este aspecto, cuando existía el tratado de Cielos Abiertos (Open Skies Treaty) y se permitían vuelos puntuales a los otros países para comprobar que se respetaban los pactos establecidos (aunque China nunca quiso formar parte de este tratado), pero cuando los gobiernos se salieron del pacto EE.UU. comenzó el suyo propio (captura del famoso derribo del U-2 americano y captura de su piloto en mayo de 1960 con el consiguiente lio diplomático) y a partir de ahí, el resto es historia y actualidad.

A pesar de que este asunto no se podría considerar como una crisis entre las dos potencias, al no conllevar un desastre inminente, el daño que políticamente puede recibir Biden con este globo-espía es enorme, porque Trump querrá sin duda, aprovechar este filón, además de la oportunidad perdida de restablecer una relación EE.UU.-China casi perdida.

La actual política de persecución y destrucción mutua entre superpotencias es similar a la que ya vimos en la Guerra Fría y sin duda, hacia ella vamos de nuevo encaminados con este tipo de situaciones y comportamientos políticos.

La “patata caliente” está ahora en manos de Beijing, y puede reconocer el error (si lo ha cometido o era consciente de ello) y tratar de enmendarlo, o ponerse a la defensiva y perjudicar todavía más la situación.

Una vez se lleven los restos al laboratorio de Quántico para que el FBI los examine y se obtengan los resultados, ¿se comunicarán estos en cualquier caso? Si se demuestra que no es un globo-espía, ¿cómo reaccionará el gigante asiático?

Este episodio de espionaje “low-cost” nos recuerda que el peligro de una confrontación militar entre China y Estados Unidos no tiene por qué comenzar con un acto de guerra negligente y deliberado, sino que solo se necesita un error de cálculo o una respuesta desproporcionada que se convertirían en la mecha de una escalada imparable.