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Opinión

¿Qué significa la salida de Barkhane de Malí?

Experta en Terrorismo Internacional y en la lucha contra Daesh.

La salida definitiva de los últimos militares de Barkhane de Malí se produjo el pasado lunes 15 de agosto coincidiendo con la retirada hace un año de las tropas internacionales de Afganistán. Esta salida se produjo de la base de Gao desde donde cruzaron a Niger.

Así y cumpliendo lo prometido por el Presidente Macron, la fuerza Barkhane en Malí se ha retirado fuera del país, en menos de seis meses y después de nueve años de presencia.

Pero Francia no se retira del Sahel ni de la lucha contra el terrorismo, por lo que ha reorganizado el dispositivo de la Operación Barkhane fuera del territorio maliense.

Así, la presencia militar francesa en el Sahel se reducirá a la mitad a finales de año, quedando en 2.500 soldados. Níger ha acordado mantener una base aérea en Niamey y apoyar a 250 soldados para sus operaciones militares en la frontera con Malí. Chad continuará albergando un control francés en Yamena y Francia espera retener un contingente de fuerzas especiales en Uagadugú, la capital burkinesa como aparece en la imagen:

Dispositivo militar francés

Francia ha tenido que sacar en este tiempo de Malí unos 4.000 contenedores y 1.000 vehículos, entre ellos cientos de blindados, mientras el Sahel vive un estallido de violencia que el grupo paramilitar ruso Wagner, nuevo aliado de Bamako, lucha por contener sin éxito.

Solo hay que analizar las cifras donde más de 2.000 civiles han muerto en Mali, Níger y Burkina Faso desde principios de año, ya más que el 2021 registrado para todo 2021.

Sin embargo, “Francia sigue comprometida con el Sahel, el Golfo de Guinea y la región del Lago Chad con todos los socios comprometidos con la estabilidad y la lucha contra el terrorismo”, según el comunicado, en el que la presidencia francesa rinde homenaje al compromiso de "todos los soldados" que lucharon contra los grupos armados en Malí y muy especialmente el de los 59 soldados franceses que perdieron la vida.

Hay que recordar que Francia entró en Mali hace nueve años con la Operación Serval y, como han recordado muchos analistas, a diferencia de SERVAL que tenía “objetivos claros y limitados”, Barkhane no podía tener éxito, porque tenía “objetivos confusos e inalcanzables”, de ahí el fracaso y su salida tras la entrada de Rusia en Mali.

Todo ello unido a los últimos golpes en Malí, Chad y Burkina Faso que han debilitado las alianzas de Francia en sus antiguas colonias, aumentando el poder de los terroristas que controlan gran extensión del Sahel junto a la influencia rusa en la población.

Si hay que hacer algún reproche a Francia en cuanto a su estrategia en Malí es que hay que recordar que uno de los factores del éxito en la guerra, también conocido como factor determinante, es la sorpresa.

En el caso de Malí, los terroristas usaron su ligereza, su ubicuidad, su presencia entre la población que le proporciona inteligencia y apoyo ocasional. Para combatirlo, la fuerza Barkhane lanzó operaciones pesadas desde bases bunkerizadas, compuestas esencialmente por vehículos blindados ligeros, perfectamente detectables de antemano gracias al teléfono móvil satelital, una innovación que promueve la rápida difusión de inteligencia al adversario.

Por otro lado, los terroristas pueden presumir de grandes éxitos colocando minas artesanales con las que causan pérdidas insoportables. De hecho, Barkhane ha encontrado su mayor éxito gracias al uso de sus activos aéreos, aviones, drones y helicópteros armados, junto con el de fuerzas especiales, helicópteros o infiltrados. Este tipo de operación llevó a la eliminación de varios líderes yihadistas. Para combatir esta amenaza, por lo tanto, es necesario utilizar fuerzas ligeras, montadas en vehículos todo terreno como camionetas o incluso motocicletas.

La Operación Takuba apunta a este mismo objetivo mediante la creación de fuerzas indígenas supervisadas por fuerzas especiales europeas, incluso en el compromiso operativo en contacto.

El problema del Sahel sigue siendo, en cualquier caso, político, el de la credibilidad de los Estados africanos afectados por la agresión yihadista. Estos Estados deben ganar legitimidad y capacidad de gobierno para salir de la rutina actual, independientemente del apoyo que reciban.

A partir de ahora la estrategia francesa pasara por continuar la lucha contra el terrorismo desde Níger y Burkina Faso y mejorar el apoyo a los países del Golfo de Guinea, unido a la ambición de luchar contra la influencia rusa en el Sahel, uno de los motivos por los que Francia ha salido de Malí.

Francia estará ahora en Chad y Níger, socios esenciales en este área, y como hicieron en Mali intensificaran sus esfuerzos para entrenar a sus fuerzas en la lucha contra el terrorismo.

Más allá del soporte operativo, ahora nos enfrentamos a una amenaza híbrida en el Sahel, por lo que la cooperación de Francia con otros actores en África, que están en primera línea en esta lucha, también se centrará en acciones conjuntas en el campo de la información o la guerra cibernética.

Si Francia abandona Malí es a petición de las nuevas autoridades malienses y siempre respetando la soberanía de dicho país, pero también recordando todo el trabajo realizado por Francia en estos nueve años en la lucha contra el terrorismo y el coste económico y humano que ha supuesto para ello.

Es por ello por lo que nos encontramos ante el fin de un ciclo que se debe gestionar con una nueva estrategia que implique un nuevo modelo de intervención en el que, partiendo de las lecciones aprendidas, se comience a trabajar de forma eficaz en el Sahel reconstruyendo a los Estados en todos sus ámbitos, y no solo en el militar, y dedicando una especial a la población civil y a la actuación en el ámbito local, ya que de lo contrario será volver a cometer los mismos errores.