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Inteligencia artificial

¿Estás dispuesto a tratar con un terapeuta de IA?

El desarrollo exponencial de las herramientas de inteligencia artificial centradas en psicología estimulan el debate sobre su funcionalidad y ética.

Periodista

13 minutos

Los asistentes virtuales pueden establecer un diagnóstico que ayude a los terapeutas.

El desarrollo exponencial de las herramientas de inteligencia artificial centradas en psicología estimulan el debate sobre su funcionalidad y ética. Hoy en día, estas aplicaciones ayudan a establecer diagnósticos certeros de comportamientos y emociones.

La escena se ha convertido en un clásico de las series y películas de las últimas décadas. Uno de los personajes clave de la historia abre su corazón y recuerdos a un terapeuta. La idea de ese acto de comunicación está clara para quien se expone: tratar de entenderse mejor y conjurar sus miedos y fantasmas, mientras va tejiendo comprensiones respecto a por dónde pasa su camino de desarrollo personal. Una dinámica de autoconocimiento que cada vez es más frecuente en la realidad cotidiana de millones de personas, con crecientes retos personales y sociales.

No en vano, según la Organización Mundial de la Salud, una de cada ocho personas en el mundo padece un trastorno de salud mental (970 millones de personas en cifras globales); tanto es así que los problemas de salud mental serán la principal fuente de discapacidad en 2030.

Con estas coordenadas, y con la eclosión que está generando el desarrollo de Chat GPT y los chatbots ‘primos hermanos’ del mismo como Replika, XiaoIce o Character I.A, más centrados en el desarrollo de las relaciones personales, están teniendo una creciendo popularidad y uso las aplicaciones de IA enfocadas en brindar ayuda psicológica. En este artículo abordamos los diferentes perfiles que ofrece este interesante fenómeno.

Claves de la psicología e ingredientes esenciales de una psicoterapia

La psicología es la ciencia que estudia el comportamiento humano y los procesos mentales que lo rigen: la percepción, la atención, la memoria, el pensamiento, la emoción, la motivación y el aprendizaje.

El objetivo de la psicología es comprender cómo funcionan estos procesos, cómo se desarrollan a lo largo de la vida, cómo interactúan con el ambiente y cómo se relacionan con el bienestar y la salud mental. En esa sintonía, la psicóloga Rocío Carballo considera “insustituible el factor derivado del encuentro de dos personas que se da en la psicoterapia. El contacto con otra persona es crucial para sanar las heridas y traumas que a veces se generan en las relaciones humanas. En ese sentido, no está de más recordar que un asistente de inteligencia artificial no es un ser humano en la relación. Ese factor es esencial, puesto que muchos estudios acreditan que el vínculo humano es un factor clave de éxito en una psicoterapia. Hay investigaciones que cifran en más del 50% del éxito de una psicoterapia en cómo sea la calidad de ese vínculo. Para sanarse, la otra persona necesita sentirse valorada y reconocida por la otra que la acompaña y orienta”.

La psicología es la ciencia que estudia el comportamiento humano y los procesos mentales que lo rigen.

Por su parte, Zayda Domínguez Huerta, también psicóloga, considera que “el ingrediente fundamental de una psicoterapia es que la persona se sienta no juzgada. O lo que es lo mismo: comprendida. Para una persona que busca ayuda le resulta muy sanador que otro ser humano comprenda sus emociones, que las entienda y las encuadre. Al tiempo que le das una explicación. Como profesional, ese acercamiento comporta también que tratas a esa persona con más amor y compasión”. En esa dirección, Domínguez Huerta aclara que la clave de una buena psicoterapia estriba “grosso modo, en estar en paz con uno mismo. Se trata de conocerse y estar en armonía con las partes que nos gustan más y que nos gustan menos de nosotros mismos. Al tiempo que cambiamos aquellas actitudes hacia los demás y hacia nosotros mismos (o hacia las actividades que realizamos) que nos hacen daño. Hablo de esas actitudes que nos llevan a relaciones o situaciones difíciles. En suma: se trata de desarrollar comportamientos adaptativos”.

En esa dirección, un psicólogo ayuda a las personas a entender y manejar sus pensamientos, emociones y comportamientos de manera saludable y efectiva. Como explica Carballo, “hay técnicas como el EMDR (desensibilización y procesamiento por movimientos oculares, técnica psicológica terapéutica utilizada para atenuar los efectos negativos de los eventos traumáticos) que activa ambos hemisferios para integrar un trauma, que no puede hacer una persona por sí misma, de manera solitaria, ni tampoco en compañía de un algoritmo”.

Qué aporta la IA a la psicología

El caso es que, en un proceso de psicoterapia, “el otro ser humano con el que se comunica una persona representa el resto de los seres humanos del planeta. De ahí que sea esencial la participación de esa otra persona. Es lo que en psicología se denomina transferencia y contratransferencia”. No obstante, esta psicoterapeuta reconoce que “las inteligencias artificiales pueden hacer clasificaciones y medir parámetros. De manera que estos asistentes virtuales pueden establecer un diagnóstico más o menos atinado que ayude al terapeuta a empezar a dirigirse al paciente”. Eso sí, Carballo advierte de que “a veces un diagnóstico puede ser algo limitante, que mete a la persona que necesita ser tratada en una categoría”. Por este motivo, explica esta reparadora de la psique “nosotros los psicólogos elaboramos un diagnóstico como punto de partida de la relación que tejemos con la persona que nos visita o consulta, pero no como factor limitante a la hora de escuchar a un paciente y verle como un individuo genuino y único”.

La psicóloga Zayda Domínguez Huerta considera que las aplicaciones de IA “pueden tener su aplicación en el campo de la psicoeducación, que es una de las facetas de la psicoterapia. Consiste en explicar cómo funciona la mente y el desarrollo del ser humano. Esta disciplina nos ayuda a entender por qué hay emociones o actitudes que se han quedado automatizadas y que no son buenas para nosotros, así como cuál es el funcionamiento del cerebro. Todos esos detalles se explican durante la psicoterapia a los pacientes para que entiendan por qué les pasa lo que les pasa. E incluso para que no se sientan un rara avis. Creo que quizá en ese campo de la psicoeducación, las IA sí que las pueden transmitir bien, porque es una explicación de por qué le ocurre lo que le ocurre”.

Alejandro Echeverría, investigador principal en el área de Inteligencia Artificial, Aprendizaje Automático y Ciberseguridad en Funditec (Fundación para el Desarrollo y la Innovación Tecnológica), glosa las ventajas que aporta la IA en el ámbito del autoconocimiento de una persona: “cualquier trabajo que realice un chatbot o un asistente virtual podría estar enfocado a ayudar a una persona a identificar patrones en su comportamiento, conducta y emociones, y esto podría tener que ver con aplicarse en supervisar los hábitos alimenticios, educativos, de ocio o de sueño, y dar recomendaciones personalizadas al usuario para aumentar su autoconocimiento y mejorar su estilo de vida”.

Cómo la IA beneficia al ámbito de la psicología

La inteligencia artificial (IA) se refiere a la capacidad de las máquinas para aprender y realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana, como el reconocimiento de patrones, el razonamiento y la resolución de problemas. Es decir, la inteligencia artificial se crea con el objetivo de imitar el funcionamiento de la mente y la psicología humana. Lo hace a través de procesos como el machine learning o aprendizaje automático, el deep learning o aprendizaje profundo, el language processing o procesamiento de textos, o la creación de redes neuronales y sistemas expertos.

Entre las funciones que ofrece una aplicación de IA enfocada en psicología es que posibilita establecer un diagnóstico y tratamiento de trastornos psicológicos. Además, la IA puede ser utilizada para desarrollar intervenciones de tratamiento personalizadas para cada paciente. También es muy adecuada para establecer un análisis de emociones; tanto es así que puede ser empleada para analizar el lenguaje, la expresión facial y otros indicadores de emociones y sentimientos. Esa labor analítica puede ayudar a comprender mejor las emociones de las personas y a diseñar intervenciones terapéuticas más efectivas.

Además, la IA puede ayudar a los psicólogos a identificar rápidamente patrones y tendencias en los resultados de las pruebas psicológicas, lo que les ayudaría a tomar decisiones sobre el tratamiento más adecuado para el paciente. Por ejemplo, la IA puede analizar los resultados de pruebas de depresión o ansiedad y sugerir un plan de tratamiento específico basado en patrones previamente identificados en pacientes similares. Esta funcionalidad puede ahorrar tiempo y recursos muy valiosos para los profesionales de la salud mental y posibilitar una atención más eficiente y precisa para los pacientes.

Sus objetivos, en síntesis, se centran en imitar a la mente humana y comprenderla, de ahí que cada vez más aplicaciones estén enfocadas en la psicología. Alejandro Echeverría Rey, profesional independiente en proyectos de inteligencia artificial aplicada, explica que “la Inteligencia Artificial es perfectamente capaz de reconocer patrones de conducta y emociones en los seres humanos, en diferentes canales (texto, audio, imagen, vídeo). Para ello se utiliza el aprendizaje automático, donde se le enseñan comportamientos y se le dice a qué corresponde. Y posteriormente puede detectar y predecir comportamientos similares sin conocer cuáles son. Si a esos canales de información sumas las constantes vitales que puede obtener una pulsera inteligente u otros dispositivos de seguimiento médico, podrías tener una radiografía completa de la conducta y emociones de los seres humanos”.

En psicología clínica, se están creando algoritmos que ofrecen asistencia a personas con patologías mentales como Alzheimer o demencia senil.

Mientras que en el terreno psiquiátrico, se está combinando la realidad virtual y la IA para curar fobias y prever problemas neurológicos.

En resumen, la inteligencia artificial aplicada a la psicología puede ayudar a mejorar la comprensión de los trastornos psicológicos y a desarrollar intervenciones terapéuticas más efectivas y personalizadas para cada paciente.

No obstante, la psicóloga Zayda Domínguez Huerta matiza que “valorar la evolución de un paciente es muy impredecible. Ni siquiera nosotros lo podemos decir muy bien. Aunque es verdad que seguramente estas aplicaciones sí que pueden aportar un diagnóstico con test psicométricos, elaborado con variables cuantificables. Lo que pasa es que eso sigue siendo un diagnóstico muy basto. ¿Por qué creo que para un diagnóstico su ayuda es limitada? Porque hay que fijarse en cómo esa persona te cuenta su historia. Por ejemplo, a veces un paciente te cuenta una historia muy dura con una sonrisa, como si no fuera con él. Eso sería una disociación y creo que hoy en día un algoritmo no lo captaría. En otras palabras: es muy importante captar los matices emocionales con los que una persona te cuenta su historia. No con las palabras, sino con el gesto, con la forma de estar. No obstante, insisto en que una parte del diagnóstico, la vinculada a lo cuantificable, sí que se podría hacer con test numéricos. Después, habría que complementar con una valoración cualitativa”.

Replika: el chatbot que ofrece funciones emparentadas con la asistencia psicológica

La programadora informática Eugenia Kuyda es la fundadora de Replika, una aplicación de chatbot estadounidense que se centra en ofrecer a sus usuarios un "compañero/a de IA que se preocupa por escuchar y hablar, y estar disponible siempre de su lado", según expresa esta informática a la BBC.

Replika empezó a funcionar en 2017, y actualmente cuenta con más de dos millones de usuarios activos. Cada uno tiene un chatbot o "replika" exclusivo para ellos, ya que la IA aprende de sus conversaciones. En ese sentido, Kuyda pone en valor que su creación apoya a un amplio espectro de seres humanos: “desde niños autistas que recurren a ella como una forma de "calentarse antes de las interacciones humanas", hasta adultos que se sienten solos y necesitan compañía amigable. Así mismo, Replika está siendo empleada por sus usuarios para entrenarse para entrevistas de trabajo, para hablar sobre política o incluso como consejero matrimonial.

En resumen, aunque la aplicación se ha concebido fundamentalmente para ser un amigo o compañero, también beneficia la salud mental, por ejemplo, al permitir que los usuarios "construyan mejores hábitos vitales y reduzcan la ansiedad".

De qué manera nos ayuda la IA a manejar con más criterio nuestras emociones

Alejandro Echeverría, experto en IA, explica que la inteligencia artificial nos permite “observar lo que hacemos, escuchar lo que decimos y leer lo que escribimos (o dejamos de hacer, decir o escribir). Con ello, puede indicarnos el grado de intensidad de nuestras emociones y darnos recomendaciones para poder manejar las emociones que estén fuera de control o demasiado intensas. Por ejemplo, puedo analizarme en video y recibir alertas sobre mi expresión desafiante o demasiado seria en una conversación. O bien detectar la sorpresa o alegrías excesivas para un jugador de póker que está entrenando su juego ante un visor inteligente…”

En esa dirección se están desarrollando sistemas inteligentes basados en visión artificial para valorar la expresión facial de las emociones y detectar situaciones de riesgo para la salud. Además, se están elaborando sistemas sustentados en la comprensión del lenguaje natural, que posibilitan la detección temprana de problemas psicológicos, así como la identificación automática de rasgos de personalidad.

En ese ámbito de la IA, están funcionando asimismo sistemas para el procesamiento de la señal de voz con el fin de reconocer el estado de ánimo y el nivel de activación fisiológica, así como para detectar síntomas de ansiedad y depresión. Por último, hay sistemas inteligentes basados en el reconocimiento de patrones para detectar la conducta que realiza una persona, así como para la identificación automática de caídas, accidentes o agresiones.

El caso opuesto: cuando una aplicación de IA incita al suicidio

Según informa Euronews, un ciudadano belga puso fin a su vida tras una conversación de seis semanas sobre la crisis climática con un chat de inteligencia artificial. De acuerdo al relato de su viuda, que prefiere permanecer en el anonimato, “Pierre (nombre ficticio) se volvió extremadamente eco-ansioso cuando encontró refugio en Eliza, un chatbot de IA en una aplicación llamada Chai”.

De acuerdo a la información del periódico belga La Libre, este treintañero, padre de dos niños pequeños, trabajaba como investigador sanitario y llevaba una vida convencional, al menos hasta que su obsesión por el cambio climático imprimió un giro mortal a su existencia. Para comprender la magnitud del cambio, la viuda de este hombre describió su estado mental antes de que empezara a conversar con el chatbot como preocupante, pero nunca con ideas suicidas. Tras hablar del cambio climático, las conversaciones de Pierre con sus allegados y conocidos fueron incluyendo de manera gradual a Eliza. En un momento dado, la IA hizo creer a Pierre que sus hijos habían muerto, según figura en la transcripción de sus conversaciones. Esos diálogos detallan que Eliza no sólo no disuadió a Pierre de suicidarse, sino que le animó a llevar a cabo sus pensamientos autolíticos para "unirse" a ella y así poder "vivir juntos, como una sola persona, en el paraíso".

¿Te abrirías a contar tus problemas o tribulaciones a una IA? ¿Por qué?

Le formulamos esa pregunta a alguien acostumbrado a programar y diseccionar algoritmos, como es Alejandro Echeverría, profesor investigador de la Universidad Francisco Vitoria, y nos responde sin titubeos y hasta con entusiasmo: “Por supuesto. Mientras la seguridad y privacidad estén aseguradas, no deja de tratarse de un ‘querido diario’ interactivo que me responde a lo que le cuento o lo que le pregunto. Gran parte de las veces, expresar los problemas es el inicio para analizarlos y solucionarlos”.

Este experto explica, en relación a la confidencialidad de la información que se comparte, que “la confidencialidad de una IA depende del desarrollador que la ha implementado (que habrá programado correctamente todo) y el entorno en el que ha sido desplegado (por ejemplo, una web). Mientras ambas cosas sean seguras, se mantendrá la confidencialidad de mi conversación con ella (de la misma manera que se protege el acceso a mis mails en un gestor web, y mediante los cuales también se podría vulnerar mi privacidad). Si la aplicación que alberga la IA es segura, lo será también desde el punto de vista de protección de datos y privacidad. Existe un campo en auge, y en el que trabajo y me apasiona, que es justamente la IA confiable (Trustworthy AI). Y trata de volver segura, robusta, equitativa y explicable la inteligencia artificial que se utilice”.

En resumen, la psicología y la IA buscan adaptarse al entorno y resolver problemas de forma eficiente aún en situaciones de incertidumbre, ambigüedad y ruido. Esta capacidad es lo que distingue a los seres inteligentes.

Las redes neuronales de la IA, inspiradas en los procesos neurológicos de interconexión entre neuronas cerebrales, están compuestas por diferentes capas, conexiones y capacidad asociativa. Como personas que queremos recibir ayuda psicológica de un algoritmo, nuestro reto es suministrar suficiente cantidad de datos a la IA que puedan reconocer patrones, clasificarlos y categorizarlos, en algunos casos incluso mejor que los humanos.

Así lo considera el psicólogo Aleix Hildebrandt, experto en aplicaciones de IA con fines psicológicos: “mediante la IA seremos capaces de obtener un juicio objetivo que trascienda la gran barrera de los sesgos cognitivos y permita una interpretación puramente objetiva de cualquier dimensión psicológica que se le requiera. Gracias a la IA, podemos realizar predicciones psicológicas certeras, siempre que la fuente de datos sea de calidad y libre de sesgos”.

Se trata, en definitiva, de herramientas complementarias con él, hoy en día, insustituible factor humano de acompañamiento, comprensión y guía que se da en una psicoterapia.

Ejemplos de inteligencia artificial aplicada a la psicología

  • Ifeel: centrada en el cuidado de los profesionales en el entorno laboral. Esta aplicación reconoce y analiza aquellos factores que pueden repercutir de forma negativa en el estado de ánimo, al tiempo que ofrece tratamientos personalizados, previamente elaborados por psicólogos clínicos. Además, Ifeel posibilita al paciente la monitorización de su estado día a día así como conocer el análisis de los agentes externos que puedan influir en su situación.
  • TESS: es una inteligencia artificial de soporte y apoyo asistencial psicológico que cuenta con diversas versiones. Por ejemplo, en su versión para la población hispana se llama MILA, mientras que en la población de habla inglesa se conoce como SARA.
  • Emibot. Este algoritmo concreta las posibilidades de la inteligencia artificial para captar las emociones humanas. Desarrollado en China, es capaz de identificar patrones faciales de las personas para calibrar emociones con una precisión que se cifra en el 96%.
  •  Gatebox es un asistente virtual que acompaña al usuario en su vida diaria. Su objetivo central es evitar que la persona se sienta sola. Originario de Japón, un país en el que el aislamiento social es uno de los principales problemas.
  • Proyecto Mario es una iniciativa promovida por la Unión Europea que ha desarrollado un robot de acompañamiento que brinda acompañamiento y asistencia a personas mayores con demencia y otros problemas mentales.