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Un informático hackea a su propia empresa para convertirse en imprescindible

Para evitar la obsolescencia programada de su puesto de trabajo, un ingeniero programó fallos periódicos en su software para no ser nunca despedido.

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El programador informático que se autohackeó para que no lo despidieran nunca
El programador informático que se autohackeó para que no lo despidieran nunca

Curiosa historia la publica el portal Xataka, aunque no es la primera vez que ocurre algo semejante y en diversos ámbitos. Estamos ante una nueva versión del llamado bombero pirómano, pero en el ámbito digital. David A. Tinley, un trabajador de Siemens en Pensilvania, Estados Unidos, quiso asegurarse de que no iba a ser despedido ante el aumento imparable de proyectos de automatización derivados de la IA, y  decidió convertirse en absolutamente imprescindible ante  el posible advenimiento de un nuevo software que lo suplantara. 

Desde el año 2000, Tinley era el programador de un software basado en hojas de cálculo, desde el cual su empresa se gestionaba los pedidos de equipos eléctricos. Había un problemilla, en esas hojas de cálculo aparecía cada cierto tiempo un fallo que solamente él podía solucionar. El truco le funcionó desde el año 2002 hasta mayo de 2016 cuando el software falló mientras Tinley no se encontraba en el trabajo. Le pidieron la contraseña y no tuvo más remedio que entregarla. 

Un proceso muy costoso para poder llevar al ingeniero tramposo a los tribunales

Sus compañeros encontraron bombas lógicas en los scripts de las hojas de cálculo. Siemens inició un proceso de análisis que le ha salido carísimo para determinar los truquitos que había utilizado Tinley para proteger su puesto de trabajo. La multinacional afirma que entre abogados y programadores se ha gastado la friolera de casi 50.000 dólares. 

Siemens ha demandado a su empleado por fraude. Le acusa de cobrar por arreglar problemas inexistentes, y añadir código a las hojas de cálculo sin valor funcional alguno, si no era el de colapsar el programa de forma completamente aletaroaria.

El acusado se ha defendido manifestando que sus motivos eran honorables, solo se ocupaba de proteger su código propietario y culpa del fallo a las actualizaciones que Microsoft mandaba para Excel. Finalmente, fue condenado a una pena de seis meses de prisión y a pagar una multa de 7.500 dólares.

La historia no es nueva, pero explica muy bien los riesgos de poner en manos de una sola personas responsabilidades importantes en él área como la informática. Y no solo por miedo a sabotajes, sino también ante el peligro de  muerte, una marcha de la empresa poco idílica, jubilaciones, etc... 

 

 

 

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