Victor M Perez Velasco, autor de "Eta y el cine".

Opinión

¿Quiere el PSOE destruir España con referéndums?

Psicopolitólogo.

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Cartel electoral del PSOE.
Cartel electoral del PSOE.

Para poder competir en el juego político hay que conocer al adversario y sus estrategias políticas, tanto explícitas como implícitas. Este es el caso concreto que nos ocupa, el PSOE, donde se hace necesario este conocimiento a fin de poder comprender por qué esta organización en el poder desde 2019, está asombrándonos e incluso aterrorizándonos, con sus decisiones legislativas y políticas inusitadas. Ahora bien, cualquier organización puede ser objeto de evaluación, diseño, rediseño, desarrollo o mejora y las formaciones políticas no son ajenas a estas circunstancias.  Si conseguimos hacer un diagnóstico organizacional certero de cualquier partido político, más allá de las circunstancias concretas de su líder puntual en el cargo, estaríamos en condiciones de realizar ciertas predicciones con aceptables posibilidades de éxito. Podríamos incluso prescindir de sus líderes, ya que las organizaciones les trascienden, aunque sean muy carismáticos, porque los lideres aparecen y desaparecen, pero las organizaciones les sobreviven.

Para conocer una organización en profundidad necesitamos realizar un estudio detallado de sus procesos internos, asignación de roles, normas, valores, estilos de liderazgo, gestión de recursos, etc., hecho imposible en nuestro caso si pretendemos estudiar al PSOE, porque no tenemos acceso interno a una evaluación transparente de este partido cerrado a evaluaciones externas. No obstante, se puede evaluar una organización por la observación de sus signos exteriores, lo que expresa, lo que oculta y por sus decisiones. Evaluar por observación supone riesgos e imprecisiones, pero no impide que se puedan detectar cuestiones importantes sobre cualquier organización.

Precisamente, para responder a la pregunta de nuestro titular, vamos a deducir por observación, a falta de acceso a los procesos internos o de información crucial, los móviles que en realidad puede estar detrás de las decisiones políticas de este partido. Como resultado, presentamos, algunos asertos y predicciones para intentar desvelar cuáles serán las potenciales propuestas futuras de esta formación política en un tema crucial que nos afecta a todos: El futuro de la unidad de la Nación española. No hemos pretendido hacer un ejercicio de empatía, simpatía o antipatía, porque serían perspectivas emocionales, hemos querido realizar un sincero ejercicio de racionalidad. Estas son las ocho conclusiones:

Primera: El PSOE, un partido decadente

Hay una gran diferencia entre el PSOE de la Transición y el actual. Las etapas del zapaterismo y del sanchismo no han sido positivas para esta formación política; se ha  radicalizado y ha perdido seguidores, lo indican perfectamente las tendencias y los datos de las últimas elecciones. La representación parlamentaria ha bajado sensiblemente desde entonces, además de la erosión que las izquierdas radicales han producido en su masa de electores. En consecuencia, el PSOE tiene hoy una menor implantación social y ha entrado en una tendencia decreciente. A esta merma acumulada de votantes socialdemócratas nos referimos al afirmar que es una organización decadente. Sus aliados parlamentarios actuales, precisamente, conscientes de esta debilidad estructural del partido, están consiguiendo concesiones ventajosas en sus negociaciones con el gobierno de España.

Segunda: El PSOE y España se necesitan

Este partido se define explícitamente como español, cuestión que ningún otro partido afirma de forma tan explícita. Y eso es correcto e innegable, aunque existan quienes consideren que su españolidad es bastante dudosa. Pero otra cuestión es cierta, el PSOE para gobernar, se nutre del concurso de todas las autonomías que constituyen su base electoral sobre la que armar un gobierno con o sin coaliciones o apoyos. ¿Por qué el PSOE necesita para existir a toda España? Porque si cualquiera de los partidos nacionalistas con los que se alía consiguiese la secesión, el PSOE perdería un territorio de votantes y desaparecería por dos razones. Primera, dada su mermada implantación, la pérdida de escaños de la región secesionada, haría imposible la opción de ser alternativa de gobierno. Supongamos que Cataluña se independiza, ¿de qué le serviría al PSOE español un PSC en una nación nueva y extraña? De nada. En segundo lugar, de haber facilitado él la secesión de una región española, el rechazo a sus siglas en el resto de España sería demoledor para sus interese electorales. Conclusión, si el PSOE quiere ser alternativa de futuro en España deberá no sólo evitar sino combatir cualquier secesión.

Tercera: El PSOE necesita alianzas estratégicas

Volvamos a la decadente implantación del PSOE y a su debilidad para formar gobierno.

La cuestión es muy sencilla o se produce un milagro en la socialdemocracia española, cosa improbable, o necesitará realizar alianzas para gobernar ¿Con quién? Con el Club de los Derrotados, es decir nacionalistas, comunistas y afines a ambos, ya que con ellos tiene el vínculo histórico de su derrota en la Guerra Civil. Y así ha venido ocurriendo de forma acentuada desde el zapaterismo. Gran contradicción para el PSOE porque sus aliados son los enemigos de España, y él necesita a España y a los antiespañoles para ser opción de gobierno. ¿Hasta cuándo puede prolongar este juego maniqueo? La cuestión principal es que los necesita dentro pero no fuera de España.

Cuarta: PSOE y nacionalistas: instrumentalización recíproca

Los socialdemócratas ávidos de alianzas para poder alcanzar el gobierno de España encontrarían en los escaños del nacionalismo periférico un importante empuje que la calle hoy no le da. Y los nacionalistas necesitan de los socialdemócratas el apoyo para ir desmontando el proyecto de España como un proyecto global, obtener privilegios territoriales o beneficios fiscales para con sus conciudadanos, rompiendo la igualdad de derechos y deberes de todos los españoles. Y así, poco a poco, España se va fragmentando, aunque no rompiendo; los nacionalismos periféricos han aumentado su influencia en el Estado que pretenden romper y los socialdemócratas, imponiendo sus políticas al resto de los españoles y creando derechos ciudadanos asimétricos según los territorios donde nacen.

Quinta: Sin el apoyo del PSOE ningún referéndum de secesión triunfaría

Los nacionalismos solos, dudosamente tendrían mayoría simple de votos si tuvieran que afrontar un referéndum de secesión. La movilización de liberales, conservadores y socialdemócratas siempre garantizarían una mayoría suficiente para bloquear el éxito de cualquier referéndum, si se hiciese. Además, habría que considerar que la exigencia de votos sería algo mayor de la mitad más uno para ganar una consulta vinculante, si ésta se hiciese. Eso lo saben ellos, tanto los nacionalistas  como los socialistas, todo los implicados en el juego cínico de pedir y conceder un posible referéndum de secesión en cualquier región española. Estos cálculos los comparte el PSOE, suponemos, lo que le permite estimular tácticamente en sus aliados del Club de los Derrotados, que sueñen con celebrar un referéndum que nunca ganarán en circunstancias normales. Por eso los socialdemócratas desdramatizan la celebración de referéndums a petición de sus aliados en el gobierno de España y, consiguen mientras tanto, réditos electorales y coaliciones políticas entre afines. No obstante, queda una gran duda: ¿sería capaz el aparato del PSOE controlar el voto de sus bases en un referéndum?

Sexta: el PSOE no romperá España

De acuerdo con lo hasta ahora analizado, el PSOE como organización política está jugando a un juego lleno de tactismo en el que a su criterio y según sus números, se pueden conceder referéndums porque de celebrarse, estos no se ganarían y España no se rompería. El propio PSOE se opondría. Los cálculos están ahí para que cualquiera los realice, la cuestión es que la Constitución no contempla esta casuística, incluyendo la escasa posibilidad de éxito de los proyectos de secesión. Así piensan los socialdemócratas que minimizan el riesgo real de un posible error de cálculo que hiciese que sus expectativas fallasen. Resulta obvio en la lógica seguida en nuestro análisis que el PSOE no quiere pasar a la Historia como el partido político que destruyó España, aunque para muchos observadores genere dudas razonables.

Séptima: La Monarquía es el principal adversario del PSOE

El PSOE ha sido siempre republicano y no ha desistido en su empeño ni se rendirá. La unidad nacional es asumible, pero la Monarquía no, porque resulta la clave de las tradiciones del pueblo español que los socialdemócratas abominan y contra las que vienen combatiendo desde hace décadas. Lo evidencian las sucesivas experiencias revolucionarias fallidas durante la II República y durante la Guerra civil. La Monarquía está asociada a otros dos valores históricos, referencias clave de la Historia de España, la religión Católica y las Fuerzas Armadas. El proyecto republicano que defiende el PSOE se vería facilitado si la Monarquía fuese abolida o sustituida mediante un referéndum, porque ayudaría a reducir a la iglesia Católica a su mínima expresión y transformar los actuales ejércitos, en algo más próximo un Ejército Popular, con permiso de la OTAN, claro está. Conseguido esto, los socialdemócratas se sentirían razonablemente complacidos sin importarles lo que otros españoles pudieran desear o preferir y en ello están.

Octava: El PSOE busca transformaciones sociales radicales

Se trataría de profundizar en el estado del bienestar para llegar a una transformación social que le permitiera avanzar hacia un estado neo socialista, de corte autoritario. Pero entendido como superación de las anteriores experiencias fallidas que acumulan los marxismos. Así, con el nuevo estado proteccionista, dotado de unos servicios sociales, educativos, sanitarios, etc., le permitiría ganar el consentimiento político de los ciudadanos para crear un nuevo orden republicano y socialista. En esta radicalización del PSOE los partidos extremistas de izquierda hermana le sirven de palanca. En este nuevo estatus político, queda la incertidumbre de saber cómo resolverían los socialdemócratas su relación con los nacionalismos vascos, gallegos o catalanes, apegados a sus ancestrales y tribales tradiciones.

Conclusiones

El PSOE no quiere destruir España, quiere modelarla a su capricho y no renunciará a sustituir la Monarquía por una república, previsiblemente confederal, avanzando además en la transformación social de la sociedad de acuerdo con sus valores excluyentes. Respecto a la rotura de España mediante la estimulación de procesos secesionistas, estimamos que este partido no quiere asumir la responsabilidad histórica de romper España, hipótesis que no comparten muchos españoles, aunque a los socialdemócratas no les falten ganas ya que muchos de sus seguidores siguen pensando que España es un proyecto franquista. Si el PSOE asumiesen esa ruptura, supondría una irresponsabilidad tal, que borraría a este partido del mapa político español y ninguna organización es tan irracional como para tomar decisiones suicidas. Nadie puede ser tan estúpido como para autodestruirse, pero no por exceso de amor patrio, sino por puro pragmatismo y supervivencia. Por tanto, a menos que tenga un error de cálculo en su coqueteo con los nacionalistas, España sobrevivirá, pero el PSOE si quiere sobrevivir, tarde o temprano, deberá abandonar su juego maniqueo con los nacionalismos periféricos.

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