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“La marca de Caín”, la serie de televisión sobre las misiones internacionales de los espías españoles que asesora el CNI

Monitorizada y con asesoramiento directo de agentes del CNI sobre el terreno, se trata de una serie sumamente ambiciosa que lleva como título “La marca de Caín”.

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Video conmemorativo del 20 aniversario de CNI.

La orden desde el Ministerio de Defensa y desde la propia Moncloa ha sido clara: hay que poner en valor a nuestro centro de inteligencia y nuestros espías como hacen otros servicios secretos. Precisamente el Centro Nacional de Inteligencia celebrará el 6 de mayo el 20º aniversario de su refundación como CNI, tras décadas siendo el Centro Superior de Información de la Defensa (CESID).

Este año 2022, el servicio de inteligencia se había propuesto aprovechar la conmemoración para dar a conocer a la ciudadanía la labor que realizan sus 3.000 integrantes. Así lo anunció su directora, Paz Esteban, el pasado noviembre.

En ese plan para mejorar el conocimiento del CNI entre los españoles, el centro ha difundido un vídeo de dos minutos en el que trata de hacer visible el trabajo de un agente del servicio de inteligencia, y que se puede ver al comienzo de esta información.

El protagonista del “corto”, cabe suponer que una actriz, parece representar a una agente del CNI muy alejada del prototipo habitual de espía. Hay que recordar que, en sus inicios, el CESID era un servicio de carácter militar, y la mayoría de sus agentes operativos y oficiales de inteligencia eran miembros de las Fuerzas Armadas (así como miembros de las Fuerzas de Seguridad), y hombres.

Para dar un giro a esa visión del espionaje español, que cada vez cuenta con más civiles y más mujeres, aparece una mujer y además con familia: un marido y dos hijos.

Pero este vídeo, ampliamente difundido y que ha causado un profundo asombro entre los propios miembros del CNI, ya que precisamente su labor está basada en la discreción más absoluta, no va a ser la única acción de promoción del Centro Nacional de Inteligencia.

Una serie de televisión para Movistar +

En tierras de Almería y en esta ocasión de manera más que discreta, se está grabando una serie para televisión sobre el trabajo de nuestros espías en el extranjero, y más concretamente sobre el atentado que costó la vida a siete miembros del servicio de inteligencia en Irak tras una emboscada de insurgentes. La serie que está produciendo Mediapro sería un encargo realizado directamente de Moncloa y se emitiría en Movistar +, cadena que ha comprado ya los derechos.

Monitorizada y con asesoramiento directo de agentes del CNI sobre el terreno, se trata de una serie sumamente ambiciosa que podría constar de varias temporadas y que lleva como título “La marca de Caín”.

Sin embargo, desde dentro del Centro, algunas fuentes discuten la oportunidad de contar y sacar pecho ocho años después de la mayor catástrofe del servicio secreto español. Una tragedia que terminó con la vida de siete agentes de campo en una emboscada con muchísimas sombras: viajaban sin escolta, blindaje ni armas largas pese a la degradación de la seguridad en Irak; los todoterrenos tampoco tenían inhibidores para neutralizar artefactos explosivos ni baliza que identificase su localización. Además, los agentes carecían de escolta, sus equipos de comunicación eran deficientes (fallaron cuando más los necesitaban) y su armamento insuficiente para enfrentarse a unos simples Kaláshnikov. Y, por si fuera poco, meses antes, en concreto el 9 de octubre, era asesinado en su domicilio el número dos de la terminal del CNI en la capital iraquí, José Antonio Bernal.

Este es el relato de aquellos hechos

La mañana del 29 de noviembre de 2013, los dos grupos de miembros del CNI visitaron diversos organismos nacionales e internacionales en Bagdad, juntos porque según el CNI se incrementaba así “la capacidad de observación y la capacidad de protección recíproca”. Tras terminar de almorzar a las 14:30, iniciaron el camino de regreso hacia el sur, al sector controlado por la Brigada Plus Ultra. Los agentes se repartieron entre dos vehículos todoterreno, cada cual con un teléfono satelital Thuraya a su disposición: el primero, un Nissan Patrol blanco, era conducido por Martínez González y tripulado por Merino, Lucas y Zanón; el segundo, un Chevrolet Tahoe azul conducido por Vega y tripulado por Baró, Rodríguez Pérez y Sánchez Riera.

Debido a que la autopista estaba cortada, el convoy español tomó la llamada “ruta Jackson”, en peor estado que la primera y con el inconveniente de que atravesaba algunos núcleos de población, lo que obligaba a aminorar la velocidad. A las 15:22, diez minutos después de pasar Mahmudiya, un Cadillac blanco con cinco ocupantes se situó detrás del Chevrolet y comenzó a disparar ráfagas con un AK-47, a lo que su conductor reaccionó acelerando hasta adelantar al Nissan para dar aviso a sus compañeros.

El Cadillac perseveró en su persecución del Chevrolet, adelantando al Nissan en el proceso y abriendo fuego sobre él, de forma que mató a su conductor Martínez González, hirió de gravedad al copiloto Lucas y acribilló las ruedas del lado izquierdo del todoterreno, forzándolo a detenerse en un arcén de la carretera.

Los terroristas continuaron su marcha, colocándose a la altura del Chevrolet y alcanzando con sus disparos mortalmente al conductor Vega e hiriendo en el estómago a Rodríguez Pérez. La detención de este segundo coche fue más aparatosa, pues salió de la calzada y, tras descender un desnivel, quedó inmovilizado en el lodo.

Merino reemplazó a Martínez González al volante del Nissan y lo aproximó al otro coche accidentado, mientras Zanón devolvía el fuego a los atacantes con su arma reglamentaria. El Cadillac desapareció de la escena, momento que intentó aprovechar Baró para contactar con Madrid a través del Thuraya, infructuosamente pues su comunicación fue cortada por un nuevo tiroteo, esta vez desde dos edificios tras el coche enfangado, en el margen derecho de la carretera. Los insurgentes les acometían ahora en mayor número que antes, y con fusiles, ametralladoras y granadas propulsadas por cohete, a lo que los españoles podían únicamente responder con sus armas cortas.

Con los dos heridos a bordo de ambos vehículos, Baró trató de contactar de nuevo, pero tampoco en esta ocasión logró transmitir sus coordenadas antes del siguiente corte en la comunicación, a pesar de lo cual los helicópteros de la Base España se aprestaron a partir en su busca, a sabiendas de que sería necesario un barrido kilómetro a kilómetro para localizarles.

La situación de los agentes se volvía aún más desesperada cuando Rodríguez Pérez fue abatido, con sus compañeros buscando parapetos tras los cuales defenderse. El grupo decidió que Sánchez Riera marchase a buscar auxilio, de forma que éste cruzó la carretera y anduvo hasta que, a la salida de un oficio religioso en una mezquita cercana, una muchedumbre encolerizada se abalanzó sobre su persona, arrebatándole su pistola encasquillada, golpeándole y tratando de maniatarlo e introducirlo en el maletero de un automóvil. Fue entonces cuando una persona, notable entre los congregados, se dirigió hacia él y le dio un beso en la mejilla, un gesto de amistad entre los árabes locales que calmó a la multitud y posibilitó que le dejasen abandonar la zona en un taxi.

Sánchez Riera consiguió volver poco después al lugar de los hechos acompañado por la policía de Latifiya, pero ya era tarde: media hora tras el inicio de la refriega, los todoterreno se encontraban en llamas y todos sus compañeros yacían sin vida en sus posiciones.

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