Fuerzas militares rusas podrían adentrarse en el este de Ucrania a mediados de abril

Guardar

Russian army
Russian army

La tensión entre Rusia y Ucrania sigue en aumento, como ayer ya avanzábamos en Escudo Digital. En estos momentos, Moscú continúa movilizando sus fuerzas en Crimea y acumulando tropas en la frontera, mientras que la OTAN ya ha hecho una advertencia a Rusia sobre cualquier intento de intimidación. Por su parte, la inteligencia militar ucraniana avisa de que el país vecino prepara la entrada de unidades militares en las regiones separatistas del este ucraniano con el pretexto de proteger a sus habitantes, a los que Rusia habría distribuido cientos de miles de pasaportes, tal y como publica euronews.

El temor a que se rompa la tensa calma existente en la zona, después de que en 2014 varias repúblicas ucranianas declararan su independencia con el apoyo de Rusia -país que recientemente también se había anexionado Crimea-, crece por segundos, según reconocen expertos consultados por Escudo Digital. Desde Rusia, más allá de la evidencia de estos movimientos de tropas, prefieren seguir hablando de normalidad, aunque las palabras del jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, quien ha manifestado que en su territorio puede desplegar sus fuerzas armadas como les plazca, lejos de tranquilizar solo sirven para alimentar estos temores.

En el otro extremo, Dmytro Kuleba, ministro de Exteriores de Ucrania ha pedido públicamente que Moscú cese la escalada militar y reafirme "de forma inmediata e incondicional su compromiso con un acuerdo político y un alto el fuego", y el Pentágono ya ha puesto a sus tropas en Europa en fase de vigilancia máxima ante una 'potencial crisis inminente'. Fuentes militares han confirmado a Escudo Digital que el equilibrio en la zona pende de un hilo e incluso se atreven a poner fecha a un eventual avance ruso en estos territorios, si nadie lo evita: alrededor del 16 de abril, cuando se prevé que mejoren las actuales condiciones climáticas en la zona.

Crimea es uno de los avisperos dispersos a lo largo del orden internacional que no conviene agitar, y menos en un momento como el actual en el que, más allá de la pandemia de coronavirus y de sus consecuencias, se aprecia una clara polarización de fuerzas, cada vez más divididas en bloques, como en tiempos de la guerra fría. La diplomacia internacional tiene que actuar con rapidez, ha de ser capaz de echar un cubo de agua fría sobre este punto caliente del mapa.