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La Policía francesa no quería celebrar la final de la Champions League en el Stade de France

Hay manzanas enteras de Seine Saint Denis que son “independientes” de las leyes francesas.  Y en ese terreno es donde acogieron a 90.000 aficionados, preocupados sobre todo de que las “cebras” no se colaran sin que nadie prestara atención a las "hienas".

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Le Stade de France en Saint Denis.
Le Stade de France en Saint Denis.

El tratar de colar entre los párrafos de la negra leyenda de los hooligans ingleses lo que pudo ocurrir en la final Champions es un ejercicio de manual que se le ocurriría a cualquiera que quisiera distraer a parte a la opinión pública respecto a las verdaderas razones que explican los sucesos que se vivieron el pasado sábado.

No podemos quedarnos en el típico tumulto de aficionados y en las entradas duplicadas, algo que no es nuevo en las finales europeas y que estuvo perfectamente gestionado en otras como la reciente celebrada en Sevilla entre Eintracht y Rangers (en esta de París tampoco supieron hacerlo), y no prestar atención al hecho de que el Stade de France se encuentre en medio del barrio con mayor índice de delincuencia y violencia yihadista de Francia: Seine-Saint-Denis.

Las autoridades francesas lo saben perfectamente, no en vano es una zona con tal violencia y presión de delincuencia que la Policía tiene protocolos especiales para evitar su suicidio, por la presión social y ambiental que sufren. Hay manzanas enteras de Seine Saint Denis, que son “independientes” de las leyes francesas. Y en ese terreno es donde acogieron a 90.000 aficionados, preocupados sobre todo de que las “cebras” no se colaran sin que nadie prestara atención a las "hienas", haciendo un simil con la "ley de la selva" que imperó en la final.

Consultadas fuentes de la Prefectura, nos dan una respuesta clara: si hubiese sido por ellos nunca se hubiese celebrado esa final en el Stade de France, y, de celebrarse en París, habría sido en el estadio del PSG, zona mucho menos conflictiva. El Parque de los Príncipes está en el XVI, en Boulogne Billancourt. 

La final se celebró el 28 de mayo, y justo siete días antes, el 21, un policía de la Brigada Anticrimen (BAC) de Livry-Gargan, en Seine-Saint-Denis, se suicidó. Hacía el número 26 de la Policía, y nada menos que tres en esa semana.

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En lo que va de año, ocho policías muertos en acto servicio, 38 suicidios. El caso es tan grave que incluso se establecen líneas de emergencia.

“Se dispone de una línea de escucha para funcionarios víctimas de agresiones o amenazas el 08.00.95.00.17, todos los días, de 5 a 23 horas y también está abierta una célula de apoyo psicológico las 24 horas del día el 08.05.23.04.05. Las llamadas son anónimas, confidenciales y gratuitas.

Si tiene pensamientos suicidas, hablar de ellos puede cambiarlo todo. Llame al 3114, escucha profesional y confidencial, las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Llamada gratuita.”

La asociación FFOC (Asociación Mujeres de las fuerzas del Orden en Colère) está en plena guerra con el Ministerio del Interior. No muy lejos del estadio, en Bobigny, fue cerrada la mezquita de Pantin. Unos quince establecimientos entre escuelas clandestinas, asociaciones culturales o lugares de culto han sido cerrados en el departamento de Seine Saint Denis en los dos últimos años, mientras las autoridades francesas han lanzado investigaciones sobre otras tantas asociaciones de diverso pelaje sospechosas de operar en la nebulosa yihadista.

El gobierno francés tiene un auténtico problema en Seine Saint Denis. Por un lado, intenta controlar la violencia yihadista; por otro, no quiere armar y dar excesivo protagonismo a sus Fuerzas del Orden para parar el mensaje de la ultraderecha. Pero la realidad, es que la violencia y la delincuencia en Ile de France (región París) es un 40% superior al resto de Francia, y en Seine Saint Denis, el doble que en el resto de París.

Sí, seguro que ha habido fraude masivo de entradas, como dice la prefectura de Policía de París, pero en Seine Saint Denis tienen un problema de seguridad mucho más grave que supone una importante amenaza para la celebración de los próximos juegos olímpicos, y que también está detrás de los sucesos del pasado sábado.

El gobierno francés lo sabía, se la jugó y perdió. Ahora quiere amparar su falta de previsión en la posible y cierta falsificación de entradas. Eso solo justifica las aglomeraciones.

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