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Inteligencia artificial

Las cualidades más genuinas del ser humano que la IA no puede replicar

La empatía, la intuición, la solidaridad, la compasión, ¿puede la IA para asimilar estos rasgos propios del comportamiento humano?

Periodista

13 minutos

La IA y el mundo de las emociones.

La IA, o Inteligencia Artificial, se refiere a la simulación de procesos de inteligencia humana por parte de sistemas informáticos. Estos sistemas pueden realizar tareas como el aprendizaje, el razonamiento y la resolución de problemas, utilizando algoritmos y datos para mejorar su rendimiento con el tiempo.

Por su parte, un ser humano es una especie desarrollada de primate que se caracteriza por su capacidad para pensar, razonar, comunicarse mediante el lenguaje, y desarrollar cultura y tecnología, conforme se desarrolla mediante su intencionalidad en un proceso histórico y social. También se caracteriza por su repertorio de emociones y por desplegar una amplia gama de comportamientos sociales y culturales, además de por buscar un sentido a su vida de manera personal y colectiva.

El segundo creó al primero. Sin embargo, a veces parece que la capacidad de computación de la IA, por su extraordinaria potencia para procesar una ingente cantidad de datos, deja en mantillas la inteligencia humana. Pero, ¿cuáles son esas características genuinas del ser humano que, a día de hoy, la IA no puede replicar, más allá de simulaciones básicas que, aun así, resultan necesarias para dotar a los algoritmos de criterios que protejan y alienten la existencia humana (y la vida en general)?

Principales ventajas que ofrece la IA hoy día 

En algunos casos, la IA está creciendo de manera exponencial, ayudándonos de maneras difíciles de imaginar hace algunos años. Elena González-Blanco, experta en IA, lo explica de manera muy pedagógica: "La IA nos permite hacer un montón de cosas en el día a día. Por ejemplo, la parte de tecnología del lenguaje ha representado un gran avance en los últimos meses, generando progresos muy importantes y oportunidades en los ámbitos de la vida que requieren textos. También resultan muy relevantes los avances en las interacciones que realizamos con la voz. Creo que, en algunos casos, ya estamos en ese punto que vaticinó el matemático Alan Turing en el que es difícil diferenciar la máquina del ser humano". En ese sentido, esta profesional, también empresaria, CEO de Clibrain, proyecto que optimiza en castellano las soluciones de inteligencia artificial más exitosas del mercado, expresa: "Estamos en un momento de gran implantación de los asistentes virtuales. Me parecen muy interesantes, por ejemplo, sus usos para ayudar a las personas que padecen alzhéimer o a las personas con problemas de visión…así como a niños, personas mayores y discapacitadas". 

Esta experta también resalta que "gracias a esas herramientas podemos conseguir que haya un aumento de productividad en el día a día". Un estudio verifica de manera categórica esa percepción. Según la investigación realizada por la Universidad de Stanford y el Instituto de tecnología de Massachussets (MIT), del que se hace eco MuyComputerPro, el impacto de las herramientas de IA ha posibilitado que los trabajadores del servicio de atención al cliente de la compañía protagonista del estudio fueran un 14% más productivos que los que no lo tuvieron acceso a esos instrumentos, siendo los trabajadores menos cualificados los que más se beneficiaron de la ayuda de la IA. El estudio duró un año y es el primero de este tipo que mide el impacto de las herramientas de IA generativa en el trabajo fuera del laboratorio. De la compañía que ha participado en el estudio solo se sabe que se dedica al software para pymes en Estados Unidos, y que está en el índice Fortune 500, una lista anual compilada y publicada por la revista Fortune que clasifica a las 500 mayores empresas estadounidenses por ingresos totales en sus respectivos años fiscales. 

Claves del estudio de Stanford que mide la incidencia de la IA en la productividad 

La investigación analizó el rendimiento de más de 5.000 agentes de atención al cliente, fundamentalmente en Filipinas, a través de indicadores clave como la rapidez y el éxito con que los trabajadores eran capaces de resolver los problemas de los clientes. Los agentes se dividieron en grupos: a unos se les dio acceso a las herramientas de IA -entrenadas en un amplio conjunto de conversaciones de atención al cliente satisfactorias- y a otros no. 

Como expresa Elena González Blanco: "creo que la máquina es mucho más potente que nuestro cerebro en términos de volumen. Cada día, estamos procesando más de 1.500 conversaciones con una de mis empresas. Con las personas, seríamos incapaces de procesar toda esa información. Ni aun cuando pusiéramos 10 personas a escuchar esas conversaciones y a sacar conclusiones. En resumen: la máquina lo que permite hacer es un proceso a escala; cuantos más datos disponga, más fino será el procesamiento y más fino el resultado. Se trata, en suma, de que la tecnología complemente a nuestro cerebro".

Rasgos definitorios del ser humano que no es posible replicar a día de hoy por la IA

Existen varios rasgos propios de los seres humanos que resultan muy difíciles de replicar íntegramente en la inteligencia artificial (IA). 

Dependiendo de los científicos y los filósofos a los que se consulte, varía la respuesta. De cualquier manera, hay consenso por parte de la comunidad científica en señalar la creatividad verdadera, la comprensión profunda de las emociones humanas, la intuición, la empatía genuina y la conciencia en el sentido humano. Aunque la IA puede simular algunas de estas capacidades, todavía no puede igualar completamente la experiencia humana en estos aspectos.

La conciencia en el sentido humano se refiere a la capacidad de ser consciente de uno mismo y del entorno, así como de tener pensamientos, emociones y experiencias subjetivas. Es la sensación de ser sujeto activo de la propia vida y estar "despierto" y tener un sentido de identidad y percepción del mundo que nos rodea.

Por su parte, la creatividad humana se refiere a la habilidad de generar ideas originales, novedosas y valiosas. Comporta combinar conceptos y elementos ya conocidos de manera única para crear algo nuevo y significativo.

Para comprender el valor único que juega la creatividad en el repertorio de cualidades únicas del ser humano, nos parece pertinente citar una voz tan autorizada como la de Hannah Arendt, una de las filósofas y pensadoras políticas más destacadas del siglo XX, quien reflexionó sobre el valor de la creatividad en su obra "La condición humana" (1958). Arendt subraya la importancia de la creatividad como una de las actividades fundamentales que distinguen a los seres humanos. Para nutrir su idea, esta filósofa argumentó que la creatividad es central para la acción y la política, ya que impulsa la capacidad de los individuos para comenzar algo nuevo y romper con la rutina. Arendt enfatizó así mismo en que la creatividad es necesaria para la construcción de un mundo común y la comunicación entre las personas. La creatividad, de acuerdo con su perspectiva, es lo que nos permite aportar algo único y original a la sociedad, enriqueciendo así nuestra vida política y cultural.

En síntesis: Arendt valoraba la creatividad como una capacidad esencial en la construcción de un mundo compartido y en la expresión de la singularidad de cada individuo.

Pruebas que ponen de relieve los beneficios de la creatividad pueden variar, pero algunas incluyen resolver problemas inusuales, crear obras artísticas originales, inventar productos únicos o presentar ideas frescas en un contexto dado. Estas pruebas pueden involucrar desafíos mentales, proyectos creativos o la capacidad de pensar fuera de lo convencional para encontrar soluciones innovadoras.

La comprensión profunda de las emociones 

Otra cualidad que nos distingue como seres humanos es la comprensión profunda de las emociones. Se trata de un rasgo que requiere experiencia vital, así como buenas dosis de actitud y aptitud para reconocer y entender las complejidades de las diversas emociones, tanto en uno mismo como en los demás. Este atributo incluye la capacidad de identificar y expresar emociones de manera adecuada, así como comprender las causas subyacentes de esas emociones. También requiere de empatía. Es decir: la capacidad de ponerse en el lugar de los demás y comprender sus sentimientos y perspectivas.

La empatía, por su parte, es la capacidad de comprender y compartir los sentimientos y perspectivas de otra persona, de manera que sintamos una conexión emocional con lo que están experimentando. El repertorio de comportamientos empáticos incluye escuchar activamente a alguien y mostrar interés genuino en sus sentimientos. 

Y en lo que se refiere a la compasión, podría definirse como el sentimiento de empatía y simpatía hacia el sufrimiento o las dificultades de los demás, acompañado por el deseo de aliviar o ayudar de alguna manera. Es un sentimiento que impulsa a las personas a mostrar bondad y consideración hacia quienes están pasando por situaciones difíciles.

La compasión va un paso más allá de la empatía al incluir la acción. Mientras que la empatía implica entender y sentir lo que otra persona siente, la compasión agrega el componente de preocupación y deseo de aliviar el sufrimiento de esa persona. En otras palabras, la compasión implica no solo comprender los sentimientos de los demás, sino también actuar para ayudarlos, de ahí que podamos decir que es la compasión es la hermana mayor de la empatía, en el sentido de que comporta un grado mayor que esta en términos de madurez y compromiso para conectar con el otro, ayudándole de manera activa si es preciso. 

En el panteón de personas compasivas más conocidas en la historia de la humanidad están Mahatma Gandhi, líder pacifista que luchó por la independencia de la India mediante métodos no violentos; la Madre Teresa Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad, dedicada a ayudar a los más pobres y necesitados, o Nelson Mandela, líder sudafricano que luchó contra el apartheid y promovió la reconciliación y la igualdad.

Para el filósofo José Antonio Marina, conocido por su amplia obra en el campo de la filosofía, la educación y la psicología, la compasión es "el único sentimiento propio de la humanidad, y por eso cuando se pierde se dice: ‘Esa persona es inhumana: no tiene compasión’. El significado de la palabra compasión, al modo en que yo lo utilizo, es el de sentirnos afectados por el dolor de otra persona, y que esa emoción despierte un movimiento de ayuda. La compasión es la experiencia emocional que da origen a la ética y también a la búsqueda de la justicia".

La intuición: la llave inglesa del progreso del ser humano 

La llave inglesa es una herramienta que se utiliza para apretar o aflojar tuercas y tornillos, por lo que se asocia con la idea de ajustar o solucionar algo de manera precisa y efectiva. En ese contexto figurativo, creemos que resulta atinado decir que la intuición ha sido y será la llave inglesa del desarrollo humano. Hablamos de la capacidad de comprender o percibir algo sin la necesidad de un razonamiento lógico o análisis detallado. Se trata de una sensación o conocimiento instantáneo que parece surgir de forma natural. Se trata, en definitiva, de una forma de computación avanzada en la que entra en juego la mente y el corazón. Un tipo de análisis de vertiente orgánica que desafía paradigmas lógicos o ya consolidados. 

"Una máquina no es buena ni mala en términos humanos; es decir: no tiene conciencia de sí ni de los demás. Todo lo más, es efectiva".

En el terreno de los descubrimientos científicos, muchos científicos han experimentado su particular epifanía, momentos de intuición que los llevaron a importantes descubrimientos. Por ejemplo, Isaac Newton observó una manzana caer y tuvo la intuición de la ley de la gravedad. Esta cualidad también ha dado importantes réditos en la toma de decisiones empresariales. No en vano, los empresarios a menudo confían en su intuición para tomar decisiones audaces. En esa línea, Steve Jobs, co-fundador de Apple, confió en su intuición para desarrollar productos innovadores como el iPhone. Esta facultad también tiene su eco en la creatividad artística: por ejemplo, el pintor Jackson Pollock confiaba en su intuición al crear sus famosos cuadros abstractos.

Hablamos de una cualidad que mejora e incluso salva vidas. Tanto es así que muchos médicos solucionan problemas médicos a partir de su intuición, sustentada en su experiencia y conocimiento, para diagnosticar a los pacientes de manera efectiva, incluso cuando las pruebas no son concluyentes. Esta llave inglesa de desarrollo humano también ha tenido su eco en la innovación tecnológica: Nikola Tesla, por ejemplo, tuvo intuiciones que le llevaron a desarrollar tecnologías como la corriente alterna.

De cualquier manera, la intuición, que funciona como algo así como un atajo sofisticado del instinto, también puede llevar a errores si no se combina con un análisis crítico y lógico.

La importancia de discernir entre el bien y el mal 

Para elaborar este reportaje, nos ha resultado de gran inspiración este artículo de la BBC, publicado primigeniamemte en The Conversation. En resumen, en este reportaje se habla de generación espontánea (o lo que es lo mismo: una capacidad creativa inagotable, que se expresa en vertientes como la disciplina de la IA). De manera que es crucial tener presente que toda acción desarrollada por una inteligencia artificial es diseñada y programada por una persona. También se menciona la regla de la ética: el discernimiento entre el bien y el mal. En ese sentido, es esencial aclarar que una máquina no es buena ni mala en términos humanos; es decir: no tiene conciencia de sí ni de los demás. Todo lo más, es efectiva. De ahí que el ser humano debe hacer lo posible para profundizar en el estudio de los principios morales que guían el comportamiento humano y las decisiones, para luego programar adecuadamente los algoritmos.

El reto es calibrarlos con criterios y parámetros lo más consistentes posibles, en facetas como la bondad, la solidaridad, la justicia social y el respeto por la vida humana, animal y vegetal, mientras se alienta la salud de los ecosistemas y la diversidad de la comunidad humana. De lo contrario, ya hemos contado en Escudo Digital las nefastas consecuencias de una programación negligente de una IA, que se expresa en actitudes racistas y discriminatorias, por no hablar de que crecen los casos de sextorsion elaborada con IA. En el polo opuesto, también es justo señalar que la IA ya está desarrollando proyectos que protegen el medio ambiente, al tiempo que funciona como herramienta que permite elaborar duelos más integradores y sanadores o el hecho de que funcionan como asistentes virtuales que hacen más grata y sencilla a las personas mayores con deterioro cognitivo. En suma, se puede programar la ética. El físico José Ignacio Latorre lo explica en su obra "Ética para máquinas", al tiempo que augura que: "la inteligencia artificial se sentará en el Consejo de Ministros".

Otro rasgo definitorio del ser humano es la intención. Se trata de un rasgo distintivo del ser humano debido a nuestra capacidad de pensar de manera abstracta, planificar y anticipar resultados. Esta capacidad nos permite tomar decisiones conscientes y dirigir nuestras acciones hacia metas específicas, lo que nos diferencia de otras especies (y de la IA) en términos de complejidad cognitiva y comportamiento. En ese punto resulta crucial que no se puede separar la intención de la acción en sí misma, al determinar si un acto es moralmente correcto o incorrecto. De manera que la intención es una cualidad privativa del programador de la IA. 

La IA no tiene dilemas psicológicos: el ser humano sí

Por último, otra diferencia clara es que la IA no posee historia. No tiene psicología ni problemas psicológicos… La psicología es el estudio de la mente y el comportamiento humano. Sirve para comprender cómo las personas piensan, sienten y actúan, lo que puede ayudar a mejorar la calidad de vida, las relaciones y el bienestar emocional. La psicología también aborda los problemas psicológicos, como la ansiedad, la depresión y el estrés (conductas que en un primer momento son adaptativas, para afrontar retos o integrar pérdidas, pero que con el paso del tiempo se pueden cronificar proporcionando mucho sufrimiento a quien las padece). El caso es que la psicología comporta un repertorio de terapias y técnicas que ayudan a las personas a superar estos desafíos y llevar una vida más saludable. 

En suma, como expresa la psicóloga Rocío Carballo, hay características privativas del humano, ingredientes como “la seducción, el juego, la preocupación por el otro y las muestras de cariño y de cercanía. Así como el interés proactivo. O lo que es lo mismo: amor” que constituyen los rangos más esenciales de un ser humano. Puestos a pedir, esta investigadora de la psique humana expone que dotaría a la IA “de sentimientos y subjetividad, para que pasara de ser un objeto a un sujeto. Algo que hoy en día no es posible porque hay unas limitaciones tecnológicas. Estaríamos hablando ya de magia”. Reflexión ante la que resulte pertinente evocar una de las máximas expresadas en su momento por Arthur C. Clarke, escritor y científico británico, autor de obras de divulgación científica y de ciencia ficción como ‘2001: Una odisea del espacio’, quien expresaba “Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. O lo que es lo mismo: no es descabellado pensar que llegará un tiempo en el que la vida sintética pueda replicar lo más singular de la vida orgánica.

Si ChatGPT deja de ser referencia y no es consultado, su existencia es inútil. Sólo existe en la medida en que es útil al ser humano. No tiene identidad. Su identidad es una construcción humana. El reto es darle una dirección constructiva y útil. 

El gran riesgo es que la IA también puede ser destructiva. Todo depende del uso que le demos los seres humanos. Debido a su enorme potencial de conexión con millones de personas, muchos ciberdelincuentes se frotan las manos con la utilidad de estas herramientas para expandir código malicioso. 

El riesgo de no programar adecuadamente la IA

Entre las consecuencias negativas del uso del IA también figuran la prolongación de sesgos existentes en los datos, así como causar desplazamiento laboral al reemplazar trabajos humanos, y generar preocupaciones sobre la privacidad al recopilar y analizar grandes cantidades de información personal. También existe el riesgo de que las IA mal diseñadas tomen decisiones erróneas o impredecibles, lo que podría afectar la seguridad en aplicaciones críticas como la salud o la conducción autónoma. Por si fuera poco, la IA puede terminar con millones de trabajos en todo el mundo, y convertir en diminutas las aportaciones de las personas en el ámbito productivo. Eso sin entrar en especulaciones apocalípticas de la ciencia ficción. Al fin y al cabo, depende del mismo ser humano. Está en nuestras manos utilizarla como una herramienta constructiva o destructiva.

La filosofía nos dice eso mismo. Hobbes sostenía que el ser humano es malo por naturaleza; Rousseau, lo contrario. Una respuesta más consensuada es la que afirma que la naturaleza humana contiene la potencia o facultad tanto de ser bueno como malo, como señala la filósofa Magdalena Reyes Puig en este artículo.

En definitiva, una buena persona es aquella que siempre desea lo mejor para los demás y actúa en consecuencia. Consecuentemente, una buena IA es aquella que vela por el interés general de la Comunidad Humana y la vida en general, lo que se expresa en un desarrollo ético, sostenible e integrador del resto de las inteligencias artificiales. En nuestra mano está velar para que se de una dirección unitiva e integradora de esas herramientas revolucionarias de la tecnología.