Lattre du Plessis

Opinión

Galería de tontos ilustres y/o traidores a su patria

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Silhouette vector of a man in the air clinging to a balloon and a hand with a needle wants to burst it
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Infausto sábado del mes de septiembre, sentado en terrazas de la calle Ibiza de Madrid, para disfrutar del sol y un buen vermut, no se me ocurre –triste decisión- otra cosa que contarle a mi amigo la historia y origen del vermut.

Mi buen amigo, y ex compañero de Icade, pertenece a la administración del Estado, pero debería reconocer que trabaja e influye mucho más a favor del PSOE –partido del que es militante profesante- que de la propia Administración que le paga.

La parte de la historia antigua del vermut, en la que me perdí haciendo una regresión a Egipto, Grecia, Hipócrates y su maceración del vino, con especias, medicinas y plantas aromáticas para hacer mezclas medicinales, la escuchaba por respeto o amistad, aunque sin mucho interés.

Aguantó el tirón, pero cuando llegamos a las marcas, su popularización y producción industrial –Hermanos Cora (1838), Cinzano (1860), Martini (1863)-, se despertó la “bestia” política, y empezó a comentarme y a adoctrinarme sobre las diferencias entre los países modernos (Francia, Italia, Alemania, etc.) con una elite industrial que trajo el progreso, y la España “rancia” anclada en los grandes y de “derechas” latifundistas.

Sé que a ojos de mi amigo, el perfil de Caín –con su barba y todo- es calcado al de Abascal. Y que el culpable de todas las razas extinguidas, por no caber en el Arca de Noé, fue la indecisión de Rajoy. Ahora reconozco que debo agradecerle que gracias al “cabreo” que en mi despertó tomé la decisión de contarle y de contar en estas páginas la larga Galería –los que yo conozco- de “tontos muy tontos”, egoístas, interesados, vendidos, arribistas, partidarios o simplemente “hijos de puta” que han hecho por acción, omisión, o descarados intereses propios, un montón de daño a esta nación, a sus compatriotas y su historia, sea cual sea el año y su filiación (desde Largo Caballero a Nicolás Franco).

Aunque antes de comenzar, estimado amigo, y solo como aclaración, de grandes inventores, industriales, mentes preclaras y progresistas, sobre algunos de los que me mencionaste como grandes industrias y ejemplo, te dejo unas breves notas:

  • Reivindico el honor de haber sido el primer fascista en la radiotelegrafía, el primero en reconocer la utilidad de unir los rayos eléctricos en un haz, como Mussolini ha reconocido por primera vez en el campo político la necesidad de reunir en un haz las sanas energías del País, por la mayor grandeza de Italia”.  Cita de Guillermo Marconi, Premio Nobel Física 1909, y miembro vitalicio del Senado del Reino de Italia.
  • Grupo Volkswagen / Ferdinand Porsche era desde 1937 miembro del Partido Nacionalsocialista. Y para los que no lo sepan, y al igual que Hitler, ambos eran austriacos, germanófobos.
  • Louis Renault, el fundador del imperio automovilístico, suministró fondos al fascismo francés desde 1930, financiando movimientos nacionalistas como la Cruz de Fuego.

Estos nombres y otros tantos fueron lo que fueron, hicieron lo que hicieron, y nadie lo intenta negar, pero hoy día siguen circulando los Volkswagen –primer grupo automovilístico mundial-, los Renault -un Gobierno provisional presidido por el General Charles de Gaulle, presionado por los comunistas franceses, nacionalizó sus fábricas en 1945- y siguen llamándose Renault, y así un largo etcétera. Me gustaría saber, querido amigo, cómo encajaríais todo esto en vuestra Ley de Memoria Histórica. Y cómo en la conversación del sábado me concilias sus marcas con tu idea de generación riqueza o progresía.

Más allá de esto, me gustaría contarte, poco a poco y si tienes paciencia, qué se hace en esta nuestra patria por parte de la Administración –sobre todo de la Administración y quien la detenta en cada momento- con nuestros creadores, sin necesidad de ser fascistas.

Imaginemos por un momento la España de 1885. Un rey, Alfonso XII, un primer ministro reformista, Cánovas del Castillo, y una serie de años de estabilidad política con la famosa alternancia Cánovas-Sagasta, Sagasta-Cánovas, una especie de PP-PSOE, PSOE-PP.

En aquellos momentos, con una población de unos 15 millones de habitantes, éramos entre la novena y la décima economía del mundo. De hecho, un estudiante de bachiller de esos años temblaba ante la posibilidad de tener que examinarse de las provincias españolas (52 en España, han desaparecido las de Calatayud, Chinchilla, Játiva, Vierzo) más cuatro africanas, y de las 83 americanas (desde nueva California a Malvinas) aún quedaban algunas como Cuba o Filipinas.

Precisamente, y con la intención de proteger más eficazmente esos territorios de ultramar, en 1885 el teniente de navío Isaac Peral se había dirigido al ministro de Marina, Manuel de la Pezuela y Lobo, para exponerle sus teorías sobre la posibilidad de realizar un torpedero sumergible para defensa de costas. No era la primera vez que se proponía un sumergible, pero sí la primera vez que se proponía un sumergible propulsado por energía eléctrica, con periscopio y tubo lanzatorpedos.

“La idea de la navegación submarina me preocupa desde hace ocho años, pero no presenté los proyectos al ministerio hasta septiembre de 1885, a raíz de los sucesos de las Carolinas. Entonces pocos creerían viables mis planes y hallé dificultades para resolverlo”, Isaac Peral en declaraciones a El Imparcial, el 2 de marzo de 1889.

Un enfrentamiento con Alemania por la posesión del archipiélago de Las Carolinas amenazaba con llevar a España a la guerra. La tensión era creciente y el inventor se sintió en el deber de poner en conocimiento de sus superiores y del gobierno sus planes de diseño de un submarino torpedero. El entonces ministro de Marina, Manuel de la Pezuela, acogió con gran interés el proyecto, dictando órdenes para que se efectuaran pruebas preliminares y declarando el asunto alto secreto militar.

En las pruebas realizadas entre 1888 y 1890 se establecieron sus prestaciones: tres nudos de velocidad en inmersión, hasta 80 metros de profundidad en inmersión, autonomía de 66 horas, y un radio de acción de más de 500 kilómetros.

Para probar esa moderna maquina de guerra frente a otras se hicieron simulacros de ataque nocturno con todo éxito; y de diurno contra el crucero desprotegido (sin blindaje) Cristóbal Colón, que no fueron tan bien.

A pesar de todo, marinas de todo el mundo, y con una desidia administrativa bastante inferior a la legendaria ibérica, asistieron en la bahía de Cádiz a las pruebas, y sus respectivos informes a sus gobiernos no podían ser más concluyentes: el submarino de Peral presentaba elementos totalmente novedosos y que luego han incorporado todos los submarinos convencionales, tales como motores eléctricos, 600 baterías, periscopio con telémetro y aparato de punterías, aguja compensada para el gobierno del buque (diseñó y fabricó un giroscopio eléctrico –el primero de la historia– que pensaba incorporar en ulteriores desarrollos), corredera eléctrica –sistema que se ha seguido utilizando en todos los submarinos– para estimar la velocidad del buque en inmersión, sistema de regeneración del aire similar a los actuales, tubo lanzatorpedos acoplado en el interior del submarino con un sistema específico para poder ser disparado por debajo del mar sin que entrara el agua dentro y un sistema de compensación para evitar las perturbaciones ocasionadas por la maniobra, etc.

Posteriormente, y cada vez que se habla o se estudia la batalla naval de Santiago de Cuba, se nos olvidan dos cosas:

Primero, el intento de la armada norteamericana de cerrar la bahía de Santiago hundiendo el USS Merrimack; por cierto, barco no fabricado en USA sino en Inglaterra, en 1894 y comprado por USA ya entonces en previsión de guerra con España, y con la mediación de un tal Basil Zaharoff, a quien, a partir de aquí, veremos nombrar muchas veces.

Segundo, la propuesta del capitán de navío Fernando Villamil de realizar incursiones rápidas con sus ágiles y veloces destructores, atacando puertos de la costa este de Estados Unidos (Nueva Orleans, Miami, Charleston, Nueva York o Boston) para forzar así a gran parte de la escuadra estadounidense a volver para defender sus propias costas.

Seguro que si pregunto quién es Jack Sparrow o Jack Aubrey medio mundo lo sabe: son los capitanes de los navíos de Piratas del Tesoro y Master and Commander. Pues para los que no lo sepan, al igual que Peral fue el inventor del submarino, Villamil fue el diseñador del destructor.

Bajo un mismo gobierno, Cánovas y con un mismo ministro de la Marina, Manuel de la Pezuela y Lobo, España, por medio de Peral y Villamil, diseñó el destructor, solicitó proyectos a varios astilleros británicos, y finalmente, en 1885, eligió el presentado por el astillero de James & George Thompson de Clydebank (Escocia).

Es decir, en un momento histórico determinado en el que éramos una de las grandes potencias económicas del mundo, con una trayectoria y una preparación naval entre las primeras, una potencia mundial entonces emergente como Estados Unidos (segundo PIB mundial) se preparaba para una guerra naval de sustitución –en Cuba, Filipinas, etc.– de un imperio emergente contra otro en retroceso, y ¿qué ocurrió?

En resumen, y para que podamos asimilarlo en toda su crudeza, iniciamos la catástrofe de 1898, guerra hispano-USA, con un 0-2 en contra.

El primer 0-1, por cobardía política cuando el 25 de enero de 1898 el acorazado Maine franqueaba el puerto de La Habana sin previo aviso, la respuesta del gobierno español fue inmediata, procediendo al envío del crucero Vizcaya al puerto de Nueva York. Cuando el 15 de febrero de 1898 el Maine saltó por los aires, el presidente William McKinley declaraba la guerra a España y ordenaba a George Dewey, su comodoro, que su escuadra asiática destruyera a la armada española en Filipinas, congregada en la bahía de Manila, en el puerto de Cavite.

Es decir, para no leer solo historia, sino interiorizarla, un Pearl Harbour al revés. Ellos nos atacaron a nosotros.

Metidos ya en guerra, ¿por qué no se ejecutó la idea de Villamil de atacar los puertos del Atlántico de Estados Unidos, escasamente defendidos, y que Villamil conocía sobradamente?

El crucero Vizcaya estaba cerca de Nueva York, y podíamos haber atacado los puertos de Nueva York, Nueva Orleans, Boston, etc, que Villamil conocía sobradamente, y que estaban poco protegidos.

No se hizo, y en un principio se pensó que fue por errores de Cervera, que los cometió casi todos, y además seguidos. Sin embargo, tras la investigación pertinente, y al restituir su honor, se supo que había instrucciones políticas de no atacar la costa estadounidense por las siguientes repercusiones que pudiera haber sobre Baleares, Canarias o posesiones en África. Somos verdaderos expertos en eso de mandar a nuestras tropas, a luchar “con una mano atada atrás”.  Como los que mueren son ellos…

Es decir, el 0-1 nos lo marcamos en propia meta por culpa de los políticos. Cuando el presidente de USA dio orden de destruir la escuadra española en el Pacifico, y que posteriormente, la escuadra Usa del Pacifico se uniera a la del Atlántico para enfrentar dos escuadras contra la española de Atlántico, la Marina española propuso atacar Boston, New York, Charleston, Nueva Orleans y Miami.  Sobre todo, los tres últimos muy cerca de Cuba –donde estaba nuestra Flota- para obligarle a retroceder y proteger sus puertos. ¿Respuesta? No, que jugamos a empatar.

El 0-2, nos lo marca, como tantas veces en nuestra historia, el amiguismo y la corrupción. Cuántos momentos históricos habrían tenido un final diferente (desde la batalla de Guadalete) si hubiese habido una vinculación corrupción-guillotina.

¿Qué hubiese pasado –historia ficción- si en la guerra hispano-USA  del 98 hubiésemos atacado sus puertos, obligándoles a defenderlos, y hubiésemos tenido submarinos?

Lo contesta el propio comodoro, jefe de la flota enemiga, almirante Dewey.

"Si España hubiese tenido allí un solo submarino torpedero como el inventado por el señor Peral, reconozco que yo no habría podido mantener el bloqueo de Santiago ni 24 horas”.

¿Y por qué, ni lo uno (atacar) ni los dos (submarinos)?

Algún día alguien se molestará en “bucear”, contrastar información y documentos de la época, sobre los gabinetes de Juan Manuel Sánchez y Gutiérrez de Castro, duque de Almodóvar y en aquella época  ministro de Estado durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena;   sobre Joaquín López Puigcerver, ministro de Hacienda, Fomento, Gracia y Justicia y de Gobernación durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena y nuevamente ministro de Gracia y Justicia durante el reinado de Alfonso XIII. Sobre Segismundo Moret, durante el reinado de Amadeo I ministro de Ultramar y de Hacienda; durante el reinado de Alfonso XII, ministro de Gobernación; durante la regencia de María Cristina de Habsburgo, ministro de Estado, de Fomento, nuevamente de Gobernación y de Ultramar; y finalmente, durante el reinado de Alfonso XIII, ministro de Gobernación, presidente del Consejo de Ministros y presidente del Congreso de los Diputados.

Y sobre todo, sobre lo que ocurrió en los ocho, digo bien, ocho gobiernos de Sagasta, en la Regencia de María Cristina, a la muerte de Alfonso XII, y, sobre todo, con el cese del Ministro Manuel de la Pezuela y Lobo, defensor a ultranza de los proyectos del submarino y del destructor.

Durante todo 1889, el submarino de Isaac Peral estuvo superando las diversas pruebas a las que fue sometido bajo las miradas interesadas de marinas de medio mundo, y de Basil Zaharoff, el mayor vendedor de armas de comienzos del siglo XX.

De hecho, cuando en 1890 contactó e intentó convencer a Isaac Peral de ser su representante y vender su submarino a otras marinas de guerra ya llevaba vendidos tres unidades del submarino Nordenfelt, un armatoste de 61 tonelada que construyó en Landskrona, Suecia.

Zaharoff logró vender el primer submarino a los griegos. Luego convenció a los turcos de que el submarino griego resultaba una amenaza para ellos, y les vendió dos unidades. Y a continuación, persuadió a los rusos de que en el mar Negro había ahora una grave amenaza, y estos compraron también dos. Ninguno de estos sumergibles llegó a entrar en batalla, pues su funcionamiento bajo el agua era espantoso, especialmente cuando intentaba disparar un torpedo.  

Zaharoff vio en el submarino de Peral la mejor arma que había conocido, desde que logró empezar a comercializar y hacerse rico con la ametralladora Maxim.

En 1888, Hiram Stevens Maxim, el inventor de la ametralladora automática, fusionó su empresa, la Maxim Gun Company, con Nordenfelt, el fabricante de armas sueco, constructor de los submarinos citados. Y Zaharoff se convirtió en el representante de ambos.

“Casualmente”, en 1989, Zaharoff, conoce en París a María del Pilar Antonia Angela Patrocinio Fermina Simona de Muguiro y Beruete. Su padre es Fermín de Muguiro y Azcárate, primer conde de Muguiro, y está casada con Francisco María de Borbón y Borbón, primer duque de Marchena e hijo del infante don Sebastián. Bisnieto de Carlos III y carlista militante. No hay catástrofe militar ( véase posteriormente desastre Annual ) donde no aparezca un primo Borbón por medio.

A Zaharoff, quien se convirtió en su amante, y dicen que padre de sus hijas, esta relación le abrió las puertas al máximo nivel en España.

Francisco era primo de Alfonso XII. El padre de María del Pilar, Fermín de Muguiro, era monárquico alfonsino en la primera república y dirigente en la restauración del Partido Conservador, varias veces congresista y senador. El tío de María del Pilar era Segismundo Moret, máximo dirigente del Partido Liberal, varias veces ministro e incluso jefe de Gobierno.

Parece ser, según los propios historiadores ingleses, que en la relación con Moret-Zaharoff empieza el vía crucis de Peral.

Entre 1872 y 1875 Moret vivía en Gran Bretaña, donde establece relaciones familiares y sobre todo de negocios. Según los investigadores ingleses, Moret estuvo adscrito a la masonería en la segunda mitad de los 80 y la abandonó a comienzos de la década siguiente. En todo caso, según lo trasmitido por las propias logias, Moret alcanzó el Grado 33.

Y aquí es donde, según los propios investigadores ingleses, Zaharoff juega su baza. Entre los ideales de Moret, librecambista a la inglesa y fundador del partido Democrático Monárquico a imagen inglesa, y con el apoyo de los servicios británicos, quienes obviamente no veían con buenos ojos el recuperar de la potencia naval española, empezó el “regar” convenientemente, los distintos departamentos del Ministerio de Marina, y Hacienda para hacer la vida imposible a Isaac Peral.

Es curioso, en aquella época, y aún con nuestro poderío mermado, había el suficiente para tener ministerios de Guerra, Marina y Ultramar.  O de Gracia y Justicia. Lindo nombre.

En conclusión, no hace falta imaginar mucho, para adivinar cómo puede acabar ese pulso entre un inventor y militar español, patriota, y la maquinaria de “untar”a los Conservadores (PP) y liberales (PSOE) de la época, incluido si llegan a jefe de Gobierno:

Nos quedamos sin submarino.

Nos quedamos sin Cuba.

Nos quedamos sin Filipinas.

Nos quedamos sin saber la larga lista de nombres y tontos útiles para figurar en la galería.

¿Qué fue de Zaharoff? Zaharoff, decidido a aprovechar España como base de operaciones, compró la fábrica 'Euscalduna', con “c” de Placencia de las Armas, hoy Soraluze. Allí fundó la “Placencia de las Armas Company Ld”. Fue un negocio para su empresa, Vickers. Sin embargo, el gran contrato se produciría en 1908, cuando Vickers y un grupo de grandes empresarios vascos -que pusieron el 40% del capital- consiguieron ganar el concurso para reconstruir la Armada española, diezmada tras el desastre de Cuba. Su empresa se llamaba Sociedad Española de Construcción Naval (SECN). Esta firma consiguió en principio la concesión de los astilleros del Ferrol, Cartagena y Cádiz.

En 1916, cuando sus trabajos se extendieron a la marina mercante, se hicieron con unos terrenos de Sestao donde nacería La Naval. Con el tiempo, Vickers finalmente se retiró de sus inversiones españolas.

Mantuvo una relación extramarital con María Pilar, hasta que ella enviudó en 1923. María del Pilar y Zaharoff se casaron en el Château de Balincourt. Después de tantos años de relaciones legalizaron su situación, pero el matrimonio apenas duró año y medio, ya que María del Pilar murió el 24 de febrero de 1926 en el Hotel de Paris de Mónaco, es enterrada en la capilla de Balincourt. Entonces él se retiró a Montecarlo, en Mónaco, donde controlaba el casino (aunque se dice que nunca jugaba).

Zaharoff adoptó a las hijas, quienes, cuando muere el 27 de noviembre de 1.936, se convierten en sus herederas. Después de la guerra, Francia reconoció sus servicios al convertirlo en un gran oficial de la Legión de Honor. En tanto, Reino Unido lo honró nombrándolo caballero, por lo que se convirtió en Sir Basil Zaharoff.

Supongo, que hoy en día habrá por ahí unos pijos franceses, o franco-españoles, con los apellidos Borbón y Borbón –que ya les vale-, Muguiro y Zaharoff, con un pedazo Chateaux cerca de París, que figurarán en montón de Consejos, fundamentada su fortuna en la sangre de muchos, y en hacernos la puñeta a los españoles.

¿Qué fue de Isaac Peral?

Zaharoff había intentado comprar el submarino diseñado por el militar español y Peral se negó a venderle su invento. Según todos los informes de la época, el sumergible de Peral era el más eficaz inventado hasta la fecha y superaba con creces todos los desarrollos realizados a lo largo del mundo.

Entonces, Zaharoff se dedicó a sabotearlo de todas las formas posibles. No solo intentó acabar técnicamente con el sumergible, sino que utilizó toda su influencia en la Corte para impedir el desarrollo del submarino.

El 11 de noviembre de 1890, el ministro de Marina, siguiendo el dictamen del Consejo Superior de la Armada, trasladó a Peral un escrito que había presentado su predecesor en el cargo José María Beránger Ruiz de Apodaca al Consejo de Ministros, cuyo texto era:

«El Comandante del torpedero submarino entregará al arsenal de la Carraca, bajo inventario, acumuladores, bombas, generadores y demás efectos y material de buque».

El 5 de noviembre de 1891 se licenció del servicio y fue operado de cáncer en Madrid. Como empresario civil, fundó varias empresas con diverso éxito, relacionadas con su especialidad: el aprovechamiento de la energía eléctrica. Ejemplo de estas fue la Compañía Termoeléctrica de Manzanares (Ciudad Real) o la empresa Electra-Peral Portuense en El Puerto de Santa María

Con dicha empresa llegó la electricidad a El Puerto, y según apunta el historiador Javier Maldonado, lo hizo en 1894, es decir, tan solo quince años después de la creación de la lámpara incandescente de Thomas Alva Edison y su equipo.

Siguió difundiendo la electricidad en España y patentó muchas mejoras en las baterías de acumuladores, ideó ascensores eléctricos, un proyector de arco, un varadero circular para embarcaciones ligeras, etc. Aquejado de un cáncer de piel, murió a consecuencias de una operación en Berlín en 1895.

Google compró en 2014 los dos edificios que hizo construir en Madrid a finales del siglo XIX para que albergaran una innovadora fábrica de acumuladores eléctricos o baterías y una central térmica de electricidad. Fue fundada en 1892 y tuvo su sede en los actuales números 7 y 9 de la calle Mazarrero. Una vez muerto, varias de sus patentes de baterías, acabaron en manos del belga Tudor. Sí, Tudor… Como el de las baterías Tudor.

Sin Cuba, sin Filipinas, sin submarinos, sin fábricas de baterías… ¿Acaso no merecen todo los involucrados un puesto en la Galería de tontos ilustres?