La difícil estadística de los suicidios en las Fuerzas de Seguridad

¿Hay más suicidios entre agentes policiales que en otras profesiones? La falta de un recuento oficial que incluya todos los cuerpos complica el análisis.

Antonio M. Figueras

Periodista

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La tasa de suicidios en las FFCCS podría triplicar al de otras profesiones.
La tasa de suicidios en las FFCCS podría triplicar al de otras profesiones.

Diciembre fue un mes negro. Muy negro. Un policía nacional en la Ciudad de la Justicia de Castellón de la Plana se quitó la vida durante el traslado de una detenida. En Quintanar del Rey (Cuenca) se suicidó un guardia civil después de asesinar a sus dos hijas, de 9 y 11 años. Una policía nacional puso fin a sus días en el aparcamiento de la Terminal 1 del Aeropuerto de El Prat (Barcelona). Y un guardia civil de 25 años se suicidó en la localidad madrileña de Villanueva del Pardillo. Con estos sucesos, el año se cerraba con 32 miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FFCCS) en la desgraciada lista de suicidios.

Ya este año, el tirador Jorge Ballesteros, campeón del mundo de recorridos de tiro (IPSC) en la división Open, falleció en Madrid a los 39 años, tras dispararse en el interior de su vehículo. Ballesteros era policía nacional. La cifras de suicidios en las FFCCS resulta escalofriante. Entre 2013 y 2022, 207 agentes del Ministerio del Interior decidieron quitarse la vida, 114 de la Guardia Civil y 93 de la Policía Nacional. Pero a estos números les faltan los de policías locales y autonómicos.

Según los datos del INE (Instituto Nacional de Estadística), en 2021 se suicidaron en España 4.003 personas, 3.941 en 2020 y 3.671 en 2019. “El número de suicidios en España es estable, en torno a 3.500. Aunque en los dos últimos años, posiblemente por la pandemia de COVID-19, ha aumentado. Lo más probable es que sea temporal y que baje”, aclara el psiquiatra José Antonio López Rodríguez, que ha sido teniente coronel de la Armada y jefe de servicio del Hospital Naval de Madrid.

Profesión de riesgo

¿Y entre policías o guardias civiles? ¿Hay más casos que en otras profesiones? A las situaciones personales de cada agente, hay que añadir el estrés de su particular cometido y la participación en situaciones de emergencia o de riesgo y violencia. Sindicatos y asociaciones señalan que la incidencia es mayor. El oscurantismo y la falta de estadísticas oficiales han llevado a Predepol-Zero Suicidio Policial a realizar un recuento que incluya a todos los cuerpos.

Según Predepol, en 2021 hubo 46 suicidios en las FFCCS y en 2020, 34. “Ha habido un repunte de suicidios en el 2021, respecto al 2020 -explica Casimiro Villegas, presidente de la citada asociación-. La media nacional de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad la tenemos por nuestras estadísticas en 34. Pero estamos hablando del colectivo completo, de los 234.000 de la Administración Central (Policía Nacional y Guardia Civil), los 2.000 cuerpos de Policía Local y los 4 cuerpos de la Policía Autonómica. En algunas estadísticas se excluye a la Policía Local y Autonómica, pero no debería ser así, porque el suicidio no conoce de cuerpos ni de uniformes ni de escalas”.

Las distintas asociaciones llegan a afirmar que la tasa de suicidios en las FFCCS triplica al de otras profesiones. Otras fuentes afirman que es un 60% superior al resto de la población.

El doctor López Rodríguez apunta las características especiales de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad: “Para ingresar en el Ejército, la Policía Nacional o la Guardia Civil hay que pasar un filtro médico que puede detectar los desequilibrios psíquicos. En el lado negativo se sitúa la facilidad para el suicidio por disponer de un arma reglamentaria”.

“Cantidad de dolor para hacer algo así”

“Los que no estábamos de turno nos enteramos por los grupos de trabajo de WhatsApp. Cuando llegué a la comisaría todavía no había hecho acto de presencia el forense. Allí estaba el compañero, tapado con una manta térmica. Son cosas que nadie se espera. Nos quedamos helados”. El policía de Madrid Ángel Muñoz rememora para Escudo Digital aquel fatídico día de 2015, cuando su compañero se quitó la vida en el armero de las instalaciones policiales.

“Lo hizo cuando estaba acabando el turno de noche, que no era el suyo. Nadie podía imaginar que esto podía pasar. Ni siquiera los compañeros más cercanos. No se me quita de la cabeza la cantidad de dolor que debía tener para hacer algo así”, añade Muñoz.

El suicidio entre las fuerzas policiales es un tema tabú, porque puede generar estigma. Por eso tal vez se invisibiliza. Y por eso los agentes son reacios a tratarse los desequilibrios psicológicos o psiquiátricos. “El problema es que evitan acudir al médico -afirma López Rodríguez- porque tener una baja psiquiátrica va a quedar en el expediente, afecta negativamente a tu carrera, a tus destinos, al control del arma reglamentaria”.

“Todos los suicidios -indica López Rodríguez- se producen por problemas personales o profesionales. La presión social es una de las causas fundamentales del suicidio, la gran huida”.

Para Villegas, “el suicidio es una de las formas de muerte más complejas que hay. Y para abordarlo con garantías debe tener un enfoque multidisciplinar, porque es una contingencia más de nuestras profesiones. El uniforme no es una armadura”.

Protocolos

La Policía Nacional incorporó en 2020 un protocolo que permite la retirada de forma cautelar de las armas de fuego cuando se detecta un riesgo de autolesión. La Guardia Civil también dispone de protocolos desde hace más tiempo, lo que incluye psicólogos específicos, como en la Policía Nacional o la Policía Municipal de Madrid, por ejemplo. Pero entre policías autonómicas y locales el asunto es muy desigual.

Muñoz denuncia que en muchos municipios de Madrid la Policía Local carece de ayuda en este sentido: “El que precisa tratamiento psicológico se lo busca por su cuenta, de tapadillo”. Por esta circunstancia, Predepol-Zero Suicidio Policial pide que exista una norma marco para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Militares, sin protocolo antisuicidios

En el Ejército español no existe protocolo específico antisuicidios. Además, no recogen los casos de militares fallecidos por este motivo, salvo que la familia, tras una resolución judicial, lo comunique. Así actúa el Ministerio de Defensa, que se ampara en el concepto de información reservada. La última ocasión en que se dieron datos se habló de cuatro suicidios confirmados en 2016, uno en 2017 y otro en 2018. Esta política impide realizar una estadística.