Hacerse un selfi en mitad de un temporal, peligro de muerte

Un descuido con el móvil y te engulle el mar. Dos expertos explican a Escudo Digital los riesgos de determinados comportamientos con fuerte oleaje.

Antonio M. Figueras

Periodista

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Imagen de San Esteban de Pravía (Muros de Nalón), donde ha fallecido una persona.
Imagen de San Esteban de Pravía (Muros de Nalón), donde ha fallecido una persona.

Este pasado jueves fue trágico. La borrasca Nelson provocó la muerte por ahogamiento de cuatro personas, dos en Asturias y dos en Tarragona. En uno de los casos, en Asturias, en San Esteban de Pravía (Muros de Nalón), el fallecido era un británico residente en Valladolid que estaba pasando la Semana Santa en la localidad. El paseo hacia el espigón junto a su mujer, al final de la ría, terminó fatalmente cuando le arrastró una ola.

Asunto de seguridad

Hacerse un selfi o captar imágenes en mitad del temporal con las olas acorralando el objetivo es una práctica peligrosa de consecuencias trágicas. No es el uso del teléfono móvil responsable de todos los ahogamientos, pero constituye un factor de riesgo importante, como indican los expertos consultados, conocedores de la zona donde se produjo la tragedia. Es un problema de seguridad que afecta a la Policía Local.

José Palma trabaja como vigilante de costa, es experto en prevención y temas de seguridad. Natural de San Esteban de Pravía, ahora reside en Corvera, junto a Avilés. Sabe cómo es el mar y el lugar donde ha ocurrido el suceso especialmente.

La culpa la tragedia en muchas ocasiones la tiene una palabra, según Palma: El móvil”. “Resulta frecuente -dice- que la gente no haga caso de los balizamientos que llevan letreros tipo películas, como ‘prohibido pasar’, ‘Policía Local’, ‘Guardia Civil’. La gente se los salta literalmente y avanza con el objetivo de sacarse la mejor foto y colgarla en Instagram, Facebook, Twitter. Es así, simple y llanamente”.

La imprudencia 

“Los del pueblo no lo hacen -señala Palma-. El desconocimiento del que viene de fuera le puede llevar a actos peligrosos. He visto gente subida al muro, donde puedes caer para el otro lado incluso en un día normal”. Palma tiene la experiencia que le da su trabajo: “Estoy a pie de costa. Aunque no es el 100% de los casos, pero el problema básico es la imprudencia con las fotos, es la causa número uno, aunque también puede influir el desconocimiento de las mareas”.

Para este experto, no es un problema de fácil solución, “porque no se va a poner un policía por cada playa permanentemente”. “Gracias a Dios no ocurre todos los días, pero no ayuda mucho que uno se atreva a meterse a sacar fotos en mitad de un temporal”, añade.

Una ola en el espigón de San Juan de Nieva, en Avilés, acabó en 2018 con la vida de una atleta que estaba entrenando. Fatal circunstancia. Palma relata que días después, en el mismo lugar, un señor saltó una cadena para hacer fotos: “El mar se llevó el teléfono y él corría tras el móvil. Menos mal que le aconsejé que lo dejara, porque se lo podía haber llevado el agua”.

El desconocimiento de los turistas

Víctor López, pescador de angulas retirado, conoce bien lo que sucede en el mar. Nació en San Esteban de Pravía, y vive en la localidad cercana de San Juan de la Arena. De hecho, su casa da al espigón, donde ha grabado los videos que mostramos. “Aunque no se puede achacar todo a la imprudencia, vivo a 300 metros de donde ocurrió la tragedia. Abro la persiana y lo primero que observo es el espigón de la barra de San Esteban. Con lo que he visto allí podría escribir un libro. Familias con niños pequeños saltando a la mar… todo para hacerse la foto”, indica.

 

La ignorancia aumenta las posibilidades de accidente, según López. Los turistas tienen más peligro porque desconocen cuando “está la mar mala”. “Cuando los partes ya te dan de dos a tres metros de mar, da igual sea marea alta o marea baja, el espigón ya lo rebosa y para este jueves daban seis o siete metros. A las 12.00 con bajamar, la ola ya saltaba la barra por arriba entera”, apunta.

 

Desembocadura peligrosa

“A este señor -afirma- las olas le tiraron para la parte del río y debió de darse un golpe con algún bloque porque lo normal es que se hubiera hundido. Vinieron los bomberos con el helicóptero y sacaron el cadáver. Él no debería haber llegado, que además iba con su mujer, hasta el lugar donde lo hizo. Como la marea estaba subiendo, en vez de llevar el cuerpo hacia el mar, lo metió río arriba. Si la marea hubiera estado bajando, vete tú  a saber dónde hubiera aparecido el cuerpo. Acabaría enganchado por algún lado, o se hundiría... A veces desaparecen cuerpos aquí en Asturias y aparecen en Francia”.

Aventura López las consecuencias del ahogamiento: “Estos terrenos pertenecen a Puertos. Ahora, después de lo que ha pasado, cualquier día pondrán una valla y prohibirán el paso para ir a pescar o para pasear”. Y advierte de otra amenaza en el mismo lugar, donde muere el río Nalón, junto al espigón: “Es una desembocadura de las más peligrosas que hay por la zona por su falta de calado. En su día se dragó, pero ya no se volvió a hacer más. Es un riesgo para las embarcaciones, tanto para entrar como para salir, para los profesionales que viven de la mar y para los barcos recreativos. En bajamares grandes apenas hay medio metro calado. Es mucha gente la que está peleando para que vuelvan a dragar. Esperamos que no suceda ninguna desgracia”.

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