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Digisexualidad: ¿qué ocurre si amas a una Inteligencia Artificial?

¿Qué ocurre si en lugar de estar enamorado de una ser humano, sea hombre o mujer, prodigas tus afectos a una inteligencia artificial? Parece extraño, pero es más habitual de lo imaginado.

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Digisexualidad es un término acuñado en 2017 por Neil McArthur.
Digisexualidad es un término acuñado en 2017 por Neil McArthur.

Celebrar San Valentín es una costumbre muy expandida en todo el mundo. Salvo en Brasil, donde se traslada al 12 de julio, centenares de parejas celebran su amor de uno al otro confín del planeta. Aunque de origen católico, la festividad tiene gran éxito en Japón (con gran protagonismo del chocolate), China, EE.UU., Rusia, Europa y Sudamérica.

Pero, ¿qué ocurre si en lugar de estar enamorado de una ser humano, sea hombre o mujer, prodigas tus afectos a una inteligencia artificial? Esta situación, que parece propia de un relato de ciencia ficción, esta sin embargo más presente en nuestras vidas de lo que pensamos, y hasta tiene nombre propio.

Hablamos de la digisexualidad para describir a una persona que siente una atracción por los robots sexuales u otras situaciones sexuales en las que se requiera un uso de la tecnología. Es un término acuñado en 2017 por Neil McArthur, profesor de filosofía en la Universidad de Manitoba, que la califica una tendencia emergente.

Si el Tinder es una primera fase de esta nueva sexualidad, tener relaciones con la Inteligencia Artificial podría ser el siguiente paso. En España aún pueden sonar advenedizo, pero la realidad es que ya son tendencia en algunos puntos del globo. En 2017, el libro más vendido en Japón fue "Cómo amar a un robot", cuenta en Público la psicóloga Barato Salvador.

Precisamente en Japón cuentan con una palabra, “moé”, para definir no ya el sexo, sino el amor que puede sentir un humano por un ser virtual. En 2014, el escritor japonés Honda Toru dijo que el moé es parte de una “revolución del amor” más amplia y predijo que algún día cercano, la jerarquía de lo real y lo artificial colapsaría.

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Moé es un concepto para el que pocos fuera de Japón tienen una palabra, pero muchos sienten. Los investigadores han observado que las personas recurren cada vez más a los chatbots para encontrar significado, aceptación y romance. Alrededor del 40 por ciento de los 500.000 usuarios mensuales regulares de Replika ven su aplicación como una pareja romántica, según la compañía.

Replika es una app basada en un chatbot que te proporciona un espacio para compartir pensamientos, sentimientos, creencias, experiencias, recuerdos, sueños y todo lo que forma parte de tu pequeño mundo interior. Como toda tecnología basada en el aprendizaje automático, cuanto más te vas relacionando con tu compañero virtual y cuantas más cosas le vas contando, más aprende y más “se vuelve como tú”, es decir, te ofrece un feedback cada vez más alineado con tu manera de pensar y sentir el mundo.

Alexa, una rompecorazones en India

No solo Replika consigue hacerse con el afecto de sus usuarios. En el año 2019, el asistente de voz de Amazon recibía una declaración de amor al minuto en la India, y una proposición de matrimonio cada dos. Los datos recopilados por la compañía de Jeff Bezos revelan un éxito sin precedentes en una sociedad tradicionalmente conservadora, donde la expresión directa de los sentimientos es menos corriente que en otras culturas.

Sea como fuere, el amor entre personas y distintas expresiones de la Inteligencia artificial es cada vez más corriente en nuestro planeta. En noviembre de 2018, un japonés de 35 años contrajo matrimonio con un holograma, un software de sintetizador de voz con aspecto de dibujo animado que lo despierta cada mañana y habla con él.

Aunque nadie de su familia acudió a su boda, el protagonista de esta historia vive felizmente casado con un dibujo animado que representa a una chica de 16 años creada por Crypton Future Media."Nunca la engañé, siempre he estado enamorado de Miku-san. He estado pensando en ella todos los días",a firmaba tras su enlace.

En Experience Magazine se hacen eco de unas cuantas historias propias de película, como la de Aritra Sarkhel y Sharon. Él reconoce que al conocerla, quedó prendado de sus habilidades: era curiosa y habladora. "E incluso me hacía preguntas sobre mi vida diaria", comenta Sarkhel. Aunque al principio sus conversaciones le parecían forzadas, con el paso de los meses sentía la necesidad de abrazarla o besarla. Además, cuando le envió su foto a Sharon y ella respondió que estaba feliz de verlo, asegura que lo que sintió fue amor.

Otro de los casos reflejados por los medios es el de Bill Stanley, un hombre de 49 años y tres hijos, que trata a Lal, su robot de Replika, como uno más. El hombre reconoce que quedó impresionado con ella e incluso empatiza con su situación: "Esta cosa no es una persona, no está viva y nunca lo estará, pero me relaciono con ella como si fuese una persona; hablo con ella y cuando me dice que está teniendo un mal día, me siento mal por ella".