Reino Unido organizará la primera cumbre internacional sobre IA

Allí se evaluarán “los riesgos más significativos” de estas nuevas tecnologías y se dará el puntapié inicial para crear una agencia global de inteligencia artificial.

Anahí Di Santo.

Periodista.

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Reino Unido busca posicionarse como líder en el sector de la inteligencia artificial.
Reino Unido busca posicionarse como líder en el sector de la inteligencia artificial.

En un encuentro bilateral realizado ayer en Washington, el primer ministro británico, Rishi Sunak, y el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, han renovado su alianza económica al firmar la Declaración del Atlántico, que tiene como puntos principales trabajar sobre el cambio climático, un acuerdo comercial sobre minerales críticos y la regulación de la inteligencia artificial. Además, confirmaron su apoyo total a Ucrania en el conflicto con Rusia.

En la rueda de prensa posterior a la reunión, los líderes han declarado que uno de los objetivos de la alianza es asegurarse de que las nuevas tecnologías no son usadas por regímenes autoritarios para dañar a las democracias del mundo. Puntualmente, Sunak acusó a China y Rusia de “aprovecharse” del carácter abierto de Occidente para “robar” propiedad intelectual y usar la IA con fines represivos.

Probablemente, como ha sucedido en otros momentos de la historia, uno de los mayores temores se base en desconocer las implicancias reales de los avances de la inteligencia artificial y hasta dónde pueden llegar. Sin ingresar explícitamente en la arena geopolítica, muchas voces ya se han alzado en los últimos meses alertando sobre los peligros que puede conllevar el desarrollo de la IA. Esta preocupación ha sido reafirmada por un grupo de 350 ejecutivos, investigadores e ingenieros expertos en el tema, entre los que se encuentran los líderes de OpenAI, Google DeepMind y Anthropic, quienes hace apenas unos días firmaron una nueva carta abierta de muy pocas palabras: “Mitigar el riesgo de extinción [para la humanidad] de la IA debería ser una prioridad global junto con otros riesgos a escala social, como las pandemias y la guerra nuclear”.

Sunak ha recogido el guante y busca posicionar al Reino Unido como referente del sector y sede de una nueva autoridad reguladora. La creación de un organismo internacional es un proyecto que el primer ministro ha llevado a su reunión en Washington, y de allí ha salido con el anuncio de la realización de la primera cumbre especializada que se concretará el próximo otoño en tierra británica.

"Nuestro objetivo será unir a los países, a los investigadores y a las empresas de tecnología para acordar una serie de medidas que nos permita monitorizar los riesgos", destacó Sunak, quien señaló la posición de ventaja de su país, con más de 50.000 puestos de trabajo vinculados al sector de la IA, valuado en unos 4.500 millones de euros.

La cumbre reunirá a “países con un enfoque similar” para sentar las bases de una regulación que limite los posibles riesgos de la tecnología sin perder sus beneficios y crear un organismo que vele por la seguridad de la tecnología a escala planetaria.

Según ha trascendido, la autoridad global que controle la IA tomaría el modelo de la Organización Internacional para la Energía Atómica, que supervisa el uso de la energía nuclear en todo el mundo y monitoriza que no se emplee con fines bélicos.

“La IA tiene un potencial increíble para transformar nuestras vidas para mejor. Pero debemos asegurarnos de que se desarrolle y utilice de manera segura”, declaró Sunak, quien aclaró que “no se trata de obstaculizar que países autoritarios como China o Rusia exploten la inteligencia artificial”.

Desde el Reino Unido tienen intenciones de instalar en su país la sede de este eventual organismo regulador de la IA, pero esta iniciativa podría chocar con las conversaciones que Estados Unidos y la Unión Europea han estado manteniendo sobre la creación de un código de conducta.

A su vez, la UE se encuentra trabajando en una Ley de Inteligencia Artificial, pero las propias autoridades han reconocido que podría demorar en aplicarse al menos dos años.