“Las estructuras aéreas para el tráfico de drones con pasajeros se definirán este 2024”

El arquitecto y catedrático de Arquitectura de la Universidad Europea José Luis Esteban Penelas explica a Escudo Digital cómo cambiarán las ciudades con este nuevo medio de transporte.

Antonio M. Figueras

Periodista

Guardar

El arquitecto José Luis Esteban Penelas.
El arquitecto José Luis Esteban Penelas.

Películas como ‘Blade Runner’ o ‘El quinto elemento’ muestran los cielos  de las ciudades del mañana atestados de vehículos aéreos tripulados por humanos. El futuro ya está aquí. Neom, la ciudad inteligente que Arabia Saudí está construyendo en medio del desierto, se ha diseñado para que no haya coches, se apuesta por la conducción automatizada en el transporte y la creación de un servicio público de taxis voladores, naves eléctricas de despegue y aterrizaje vertical.

Imagen de una autopista para drones generada por IA.
Imagen de una autopista para drones generada por IA.

La innovación tecnológica (ya casi nada se hace sin inteligencia artificial y big data) también motiva el cambio de algunos conceptos. Como el dron, hasta ahora considerado una aeronave que vuela sin tripulación humana. Pero nada es eterno. El proyecto de la Unión Europea AI4HyDrop sobre los sistemas de operaciones de drones en áreas urbanas restringidas estudia las transformaciones que deben acometer las ciudades para garantizar el tráfico adecuado de drones tripulados por personas.

José Luis Esteban Penelas, arquitecto, urbanista y catedrático de Proyectos Arquitectónicos de Arquitectura, codirige este proyecto multidisciplinar junto a los profesores e ingenieros de la Universidad Europea de Madrid,  Enrique Puertas y Alberto Sols, así como con la profesora e ingeniera Aurilla Arntzen, de la Universidad South-Eastern Norway de Oslo. También participan la Universidad Politécnica de Estambul y una serie de empresas asociadas interesadas en generar esta gran infraestructura.

PREGUNTA. ¿Qué pretende la Unión Europa con el proyecto sobre drones?

RESPUESTA. Diseñamos el prototipo una ciudad para luego extrapolarlo a otros núcleos urbanos, teniendo en cuenta que las nuevas circulaciones van a ser a través de rutas aéreas de drones, pero de transportes de personas a gran escala. La Policía de Dubái ya dispone de estos drones. El proyecto requiere una labor de coordinación entre arquitectos, ingenieros computacionales, ingenieros industriales, urbanistas y sociólogos. El plan está enfocado sobre todo al tema de transporte, pero también a la seguridad en todos los sentidos, que las rutas aéreas sean seguras; luego el asunto de la privacidad de los habitantes. También examinamos su influencia en la configuración de las ciudades, puesto que los drones deben tener una serie de bases para “aparcar”, que pueden ser verticales. Estas zonas deben cumplir una serie de condiciones, como su situación a determinadas distancias mínimas. Y, por supuesto, que se inserten en la configuración de las ciudades. Otra cuestión importante es el ruido que pueden llegar a producir.

P. Otro de sus proyectos es la 'Megaciudad Dron Diagonal Euroasiática'. ¿En qué consiste?

R. Es un asunto en el que llevo trabajando varios años, tanto en la universidad como desde mi estudio: las ciudades de escala planetaria. Me sirve mucho la relación que mantengo con China desde hace años para desarrollar propuestas sobre las ciudades de la Nueva Ruta de la Seda, que parte de Shanghái, atraviesa Oriente Medio y Europa para acabar en Hamburgo. De la localidad alemana parte un ramal hasta Madrid. En Chinca consideran que Madrid puede ser el hub que extendería esta nueva ruta, esta nueva ciudad, hasta Latinoamérica. Las ciudades hay que pensarlas a escala planetaria. En Estados Unidos, por ejemplo, a escala nacional, tenemos toda la costa oeste, es una ciudad continua, como el Levante en España, que llega hasta el sur. Esta megaciudad parte de ciudades basadas en la comunicación de alta velocidad, dentro de un concepto que llamamos supersostenibilidad. Con el diseño de una ciudad inteligente se precisan sistemas que reaccionen en tiempo real a las necesidades que demanden la sociedad, la economía y la política. En China lo entienden perfectamente, porque su escala es otra. Allí se están construyendo 300 ciudades nuevas de varios millones de habitantes con una concepción a escala planetaria.

P. ¿Pero para cuándo estos drones sobre las ciudades, porque se ha anunciado que en los próximos Juegos Olímpicos de París va a haber aerotaxis?

R. Puntualmente ya existe, como en Dubái o en Nueva York. Pero por ahora no existen vías aéreas de drones. Para concebirlo a una escala de ciudad todavía queda. No hay una fecha prevista como tal, porque depende del avance de la tecnología. Antes de que llegue hay que planificarlo. Si se hace un símil con los coches eléctricos, la previsión era que todos los automóviles iban a estar electrificados en 2030. Pues no va a ser posible.

Esos corredores aéreos de drones han de estar pensados para que tengan el mínimo impacto acústico, visual y de peligrosidad

 

P. Esa planificación incluirá un cambio en la legislación…

R. El cambio de la normativa urbanística fundamentalmente debe tener en cuenta que esos corredores aéreos de drones han de estar pensados para que tengan el mínimo impacto acústico, el mínimo impacto visual y el mínimo impacto en cuanto a peligrosidad, porque cuando empiece a haber cientos de miles de drones, eso va a haber que canalizarlo, habrá que tener unas leyes de circulación equivalentes a las leyes de tráfico. Aunque no existe una fecha concreta, sí hay hitos intermedios. Por ejemplo, en este 2024, debemos tener definido claramente cómo van a ser las infraestructuras aéreas tipo para que puedan ser aplicables a cualquier ciudad, sobre todo en cuanto a implementación tecnológica.

Entre nuestras propuestas figura la solución a qué va a ocurrir cuando todas las autopistas y autovías empiecen a vaciarse. Ahí se tiene una disponibilidad enorme para generar espacios públicos.

 

P. ¿Qué harán los urbanistas para que las ciudades se adapten a la nueva movilidad aérea?

R. El cambio va a ser radical. Entre nuestras propuestas figura la solución a qué va a ocurrir cuando todas las autopistas y autovías empiecen a vaciarse. Ahí se tiene una disponibilidad enorme para generar espacios públicos. Muchas calles se van a transformar en bulevares, paseos, zonas verdes, zonas para disminuir la huella de calor. El problema es qué sucede con el espacio aéreo que queda entre la cota cero, es decir, la cota donde nos movemos nosotros, y la cota alta de los edificios. Habrá que prever unos corredores a otras alturas para que el impacto sea el menor posible. El impacto visual puede ser, francamente, bastante agresivo en el sentido de asomarte a tu ventana, por ejemplo, a una quinta planta y ver constantemente pasando vehículos. Eso hay que evitarlo.

En el proyecto 'Megaciudad Dron Diagonal Euroasiática', que basamos en un sistema de crecimiento celular, creemos que pueden instalarse parques aéreos que fueran conectando los edificios: generar a una escala, a una cota de 20 o 25 metros de altura, una especie de plataformas verdes, con árboles, jardines y parques aéreos… Puede parecer muy caro, pero en el fondo es como construir unas autopistas a otra cota. Con ello además se controlaría el microclima. Las ciudades van a cambiar y antes de que ello suceda hay que preverlas. Hablo de ello en un libro, ‘Superlugares’. Las próximas urbes no serán enclaves históricos, serán lugares avanzados del siglo XXI.