Antonio Herrera.

Opinión

La crisis Rusia-Ucrania: nueva oportunidad de diálogo ante posiciones rígidas

Analista geopolítico especializado en el este de Europa. Ha ocupado puestos en la OTAN, OSCE y Unión Europea.

Guardar

El formato de reuniones bilaterales EE.UU.-Rusia no ha sentado bien a la diplomacia europea.
El formato de reuniones bilaterales EE.UU.-Rusia no ha sentado bien a la diplomacia europea.

Las noticias que llegan sobre la posibilidad de encontrar una solución aceptable en la crisis abierta entre Rusia y Ucrania, y así evitar un aumento de la escalada de enfrentamiento entre los dos países, no invitan al optimismo.

Una crisis que durante mucho tiempo ha pasado inadvertida y que no suscita un claro interés para la opinión pública, que sigue pensando que la situación actual afecta solo a estos dos países. Pero la realidad es diferente. El tablero de ajedrez en donde nos movemos tiene muchas piezas que afectan en distintas direcciones y con diferente peso en la posible resolución de este conflicto por vías diplomáticas.

Si analizamos cómo ha evolucionado la historia de Ucrania desde que el 8 de diciembre de 1991, cuando se disolvió oficialmente la Unión Soviética, se podría identificar a Ucrania como una “democracia de transición” que ha fluctuado entre el influjo ruso y el occidental a lo largo de los últimos 30 años. Rusia está firmemente dispuesta a mantener una política activa dirigida a influir en aquellos países independizados tras e colapso soviético y evitar cualquier intento de aproximación a acuerdos políticos con países occidentales, principalmente en Europa.

El estallido de las tensiones entre Kiev y Moscú empezaron en 2014, debido a tres acontecimientos esenciales:  las protestas sociales a favor de la Unión Europea en Ucrania, que llevaron al colapso del gobierno pro-ruso; la anexión rusa de la península de Crimea, y la autoproclamación como estados independientes de dos provincias ucranianas de Luhansk y Donetsk.

Y volviendo a la actualidad de la crisis que estamos abordando, Rusia ha presentado un borrador con claros tintes de ultimátum en el que se indican las condiciones que deben aceptar los países occidentales con la firma de un acuerdo formal en los siguientes términos: una renuncia a cualquier ampliación de la OTAN hacia el este de Europa, el cese de la cooperación militar con los países postsoviéticos, la retirada de las armas estratégicas nucleares estadounidenses de Europa, así como de las unidades militares de los países de la OTAN que han desplegado la fuerza cerca de la fronteras con Rusia. Con estas peticiones presentadas, Putin busca que esta oferta se acepte en su totalidad y, por otro lado, obligue a que la política de la OTAN en lo referente a los países del este de Europa se vincule indisolublemente a la de los Estados Unidos.

Algunos medios rusos, como el diario digital Vzglyad, han declarado y apoyado abiertamente esta nueva “visión” de la política rusa manifestando que estamos ante un nuevo periodo en las relaciones EEUU-Rusia y por ende los países occidentales:

El mundo de antes y el de después del 17 de diciembre de 2021 son completamente diferentes… Si hasta ahora Estados Unidos tenía a todo el mundo a punta de pistola, ahora se encuentra bajo la amenaza de las fuerzas militares rusas... Se abre una nueva era, vienen nuevos héroes, y una nueva Danila Bagrov [personaje del mafioso patriótico en la popular película “Brat”], levantando su pesado puño y mirando a los ojos de su interlocutor, pregunta de nuevo: ¿tan fuerte eres, americano?”

Por otro lado, en lo referente al plano militar, las amenazas rusas se han completado con afirmaciones de representantes del gobierno, como el vicecanciller ruso Alexander Grushk, quien aseveró que los países occidentales se enfrentarían a un “ataque preventivo” contra objetivos militares de la OTAN si no aceptaban el ultimátum ruso. 

Continuando con el aspecto militar, Bielorrusia juega un papel muy importante en este tablero de ajedrez, ya que Minsk anunció acuerdos con Rusia en materia de defensa para el desarrollo de más ejercicios militares (como por ejemplo los ejercicios conjuntos Zapad-2021 en septiembre pasado) a lo largo de la frontera sur de Bielorrusia con Ucrania durante el presente año, para proceder si fuera el caso con una rápida ofensiva militar sobre Ucrania.

Otro asunto que eleva la tensión entre Rusia y Ucrania es la cuestión del nuevo gaseoducto Nord Stream 2, un recurso energético vital para países europeos como Alemania o Francia. Con este gaseoducto Rusia evitará el paso por territorio ucraniano. Además, Kiev también ha argumentado que el gaseoducto aumentará el control y la participación de Rusia en el mercado europeo del gas y, por lo tanto, le dará a Putin la posibilidad de reducir o incluso cerrar el suministro de gas a Ucrania según sus propios intereses políticos, sin afectar el suministro a los países europeos.

En busca de evidencias que indiquen la intención de Rusia de invadir Ucrania

Según se ve con el desarrollo de los acontecimientos, es poco probable que haya una acción militar real de invasión de Ucrania por parte de Rusia. Esta tendría un alto precio que pagar que en estos momentos que no se prevé viable.

Para el presidente Putin, Ucrania ha formado parte indivisible de Rusia, con la que comparte lazos comunes en aspectos cultural, religioso, social, económico y político. El presidente ruso ha afirmado en múltiples ocasiones que Ucrania se ha formado como Estado de manera artificial con el apoyo explicito de Occidente y que, por tanto, debe de regresar a formar parte de una Rusia nueva más fuerte y cohesionada.

Rusia continúa realizando acciones de desgaste en todos los ámbitos, como por ejemplo la emisión de pasaportes rusos a población del territorio del Donbass, acreditando a dichos ciudadanos de nacionalidad rusa y aportando razones para una hipotética invasión de las provincias de Luhansk y Donetsk a fin de defender los derechos que tienen como nacionales.

Por otro lado, también es cierto que si evaluamos en términos de coste de oportunidad la posible invasión de Ucrania por parte de Rusia, sería un momento propicio. La opinión publica norteamericana juega un peso importante en la toma de decisiones de su gobierno, y actualmente la población de este país se enfrenta a problemas internos que considera de mayor calado y no está por la labor de involucrarse en asuntos fuera de sus fronteras que no afectan directamente a sus preocupaciones diarias. Lo mismo sucede a los aliados europeos, principalmente aquellos países del centro y sur de Europa que perciben los problemas que proceden del este del continente europeo muy lejanos y ajenos a sus intereses.

Nueva oportunidad al dialogo en Europa

Rusia mueve ficha asistiendo a varias reuniones con Estados Unidos, la Alianza y la OSCE a fin de buscar una solución viable en el ámbito diplomático. Para ello han comenzado una ronda de negociaciones de altos diplomáticos de EE.UU. y Rusia para discutir las demandas de Moscú ya mencionadas en el presente articulo, mediante dos borradores; uno con EE.UU. y otro con la OTAN. Inicialmente, se sabe que gran parte de su contenido no es aceptable para Washington y la Alianza, como es el caso de la aceptación por parte de los países occidentales de que Ucrania nunca será miembro de la OTAN.

Estados Unidos y la propia OTAN han afirmado el derecho que tienen todos los estados soberanos a solicitar el ingreso en la Alianza. Este derecho no es en ningún momento negociable. Tampoco lo son los despliegues de tropas estadounidenses en Europa.

Por otro lado, sí parece que puede haber un principio de acuerdo referente a otros puntos que se prevén en la negociación, tales como definir los límites por ambas partes en el despliegue de misiles en el continente europeo.

Pero, ¿juega la Unión Europea algún papel activo en las conversaciones? Por ahora no es el caso. El formato de reuniones bilaterales EE.UU.-Rusia no ha sentado bien a la diplomacia europea. El propio gesto con la visita del Alto Representante para la Política Exterior de la UE, Josep Borrell, al este de Ucrania, no ha servido para cambiar de opinión de Rusia. La respuesta de Moscú fue clara y contundente: solo aceptan negociaciones bilaterales con Estados Unidos. Se ha perdido una oportunidad valiosa para que la Unión Europea tuviera voz para defender los intereses colectivos de una Europa más fuerte y unida.

Las conversaciones que han empezado entre EE.UU. y Rusia se van a completar con otras en el Consejo Rusia-OTAN y en la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), organismo que actúa de mediador en Ucrania.

La implicación en las reuniones en formato OSCE de estados no pertenecientes a la OTAN, como son el caso de Finlandia y Suecia, revela el interés que ha suscitado la crisis Rusia-Ucrania mas allá de los países y organizaciones potencialmente implicados. Incluso, Finlandia esta considerando y evaluando la posibilidad en un futuro de solicitar el ingreso en la OTAN.