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Opinión

Marruecos y Argelia: ¿hacia una nueva escalada militar?

Experta en Terrorismo Internacional y en la lucha contra Daesh.

En las últimas fechas se ha sabido por fuentes abiertas que Argelia prevé aumentar su gasto militar en un 130% por el estado de obsolescencia que se encuentra buena parte de su armamento, en su mayoría de fabricación rusa, así como que abre la posibilidad a realizar adquisiciones a otros países en consonancia con la guerra en Ucrania.

Por su parte, Marruecos también aumenta la compra de armamento, pero en menor medida sobre la base de un posible conflicto con Argelia o el Frente Polisario.

Por su parte, España, que debe estar alerta en relación con el rearme de ambos, tiene un papel complicado con el Sáhara Occidental por medio. Hemos visto cómo el apoyo del gobierno español hacia Marruecos ha creado hostilidad de Argelia hacia nuestro país, con el resultando de un empeoramiento de las relaciones bilaterales y con las nefastas consecuencias energéticas y migratorias que ello implica.

España parece que ha considerado que prioriza la seguridad antiterrorista y migratoria que ofrece Marruecos frente al suministro energético de Argelia, pues el primero de estos países es nuestro principal guardián ante la inmigración irregular del África subsahariana, algo que Ceuta, Melilla y Canarias conocen bien.

Para muchos analistas, Argelia necesita estar en conflicto permanente con Marruecos para desviar la grave crisis interna del país. También hay que tener en cuenta que parte de su territorio está rodeado por el ejército marroquí por el Sahara occidental, por el francés lo ha estado por Mali y por los distintos grupos yihadistas presentes al sur del país.

Unido a ello, sus dos aliados, Rusia y Turquía, pretenden desestabilizar todo el Magreb, motivo por el cual Marruecos no va a consentir ningún tipo de enfrentamiento con Argelia.

Marruecos ya ha manifestado su intención de que no haya enfrentamiento. En el caso de Argelia recurrirá a la vía diplomática y, en el peor de los casos, apoyará al Frente Polisario a realizar ataques más potentes, pero nunca lo hará de forma directa.

Argelia cuenta con el apoyo de Rusia y presionará en el ámbito internacional, incluida España y la Unión Europea, mientras Marruecos cuenta con Estados Unidos y puede contar en estos momentos con la complicidad de los Emiratos Árabes e Israel, país este último con el que ha establecido relaciones diplomáticas y al que ahora compra drones armados, además de a Turquía. Por su parte, Argelia ha recibido mísiles Klub e Iskander de Rusia.

Rusia y China venden armas a Argelia, pero también Irán apoya al Frente Polisario proporcionándole armas a través de Hizbulá según distintas fuentes.  Hay que recordar que el Embajador de Marruecos en Naciones Unidas ya alertó sobre las amenazas que representan para África y el Magreb los vínculos entre Irán, Hezbolá y el Frente Polisario. Irán ha negado el envío de drones al Polisario acusando a Marruecos de las inseguridades que amenazan la región debido a la normalización de sus relaciones con Israel. Como vemos, detrás de Marruecos y Argelia hay otros dos actores como son Irán e Israel que llevan su confrontación más allá de sus fronteras.

La presencia de drones iraníes en el Sáhara no solo crearía controversia a nivel regional, sino que también provocaría una reacción por parte de Estados Unidos y la Unión Europea, al igual que ha ocurrido en el caso de Ucrania, donde las tropas rusas utilizan drones de fabricación iraní.

En el caso de Rusia, Moscú juega doble juego porque también tiene intereses en Marruecos y también le vende armas, aunque su socio estratégico siempre haya sido Argelia.

Si hubiera confrontación directa entre Marruecos y Argelia las consecuencias serían nefastas para ambos países, y lo saben. Es por ello por lo que no ocurrirá a pesar de los movimientos que veamos.

Igualmente, Europa no debe permitir que la escalada vaya a más porque no se puede permitir tener un Magreb desestabilizado ya que, unido a todo lo que está ocurriendo en el Sahel, se convertiría en un polvorín a las puertas de Europa.

La turbulenta relación entre Marruecos y Argelia repercute en España porque un vecindario inestable es foco potencial de mayores problemas. La nula cooperación antiterrorista y migratoria entre los dos países magrebíes redunda contra la eficacia de los servicios de seguridad a la hora de combatir ambos fenómenos.

Marruecos está claramente a la defensiva, pero estratégicamente a la ofensiva, ya que continúa fortaleciendo aún más sus posiciones militares junto con la obtención de un creciente apoyo internacional para su integridad territorial.

Si bien la tensión ha aumentado en los últimos días entre ambos países, y hemos visto distintos movimientos que a primera vista podría ser una escalada militar preocupante, no interesa a ninguno de los dos países que esta vaya a más, a más a pesar de que tengan una capacidad armamentística importante.

El régimen argelino sabe muy bien que cualquier agresión hacia Marruecos tendría consecuencias nefastas sobre su continuidad, dado que las nuevas potencias árabes, Emiratos árabes Unidos y Arabia Saudí, ya le han dejado claro que cualquier agresión a Rabat tendría una respuesta contundente por parte de ambos países, los cuales se han convertido en dos actores relevantes en el Magreb.

Después del reconocimiento internacional de la marroquinidad del Sahara por parte de distintos países como EE. UU., Argelia necesita tener más que nunca como aliados a Rusia y China como garantes de su seguridad nacional.

Si siguen así las cosas nos podríamos encontrar no solo ante una Proxy War en el Magreb sino ante también una posible Guerra Fría que se extendiera también al Sahel.

Este marco explica por qué Argelia facilita la presencia rusa en Malí, a pesar de negar oficialmente su implicación en la llegada de Wagner al país. Además, Argel ha habilitado su espacio aéreo a aeronaves rusas para realizar operaciones en Malí, mientras denegó este derecho a Francia. Múltiples fuentes no oficiales apuntan incluso a una financiación argelina de las actividades sahelianas de Wagner.

El triángulo Bamako-Argel-Moscú existe desde las independencias, cuando el Malí de Modibo Keita y la Argelia de Ben Bella fueron aliados muy cercanos de la URSS. Aunque oficiales malienses se formaron en Argelia y Rusia, la complicidad ruso-argelina excede lo militar. En 2006, durante su visita a Argel, Putin anunció una cancelación de la deuda argelina de casi 5.000 millones de dólares. Las importaciones de productos rusos en Argelia pasaron de 119,6 millones de dólares en 2000 a 4.801,8 millones en 2018. En términos militares, Argelia es el tercer cliente más importante de Moscú (14 % de sus exportaciones), después de India (25 %) y China (16 %).

Argelia sigue comprando la mayor parte de su arsenal militar a Rusia, pero la mayor parte de las empresas internacionales que operan en el campo de los hidrocarburos en Argelia son empresas occidentales, desde Exxon movil, PB, ENI, Repsol y por supuesto Gasprom. El problema que tiene Argelia con occidente es que, durante la guerra de los noventa del siglo pasado, todos los países occidentales le cerraron la puerta y no la apoyaron para luchar contra el terrorismo. Sin embargo, después del fatídico suceso de las torres gemelas, el primer pais que pidió ayuda a la administración Bush para luchar contra el terrorismo fue Argelia. Desde entonces cambió la dinámica de sus relaciones hasta el punto de que ya Estados Unidos vende aviones militares, especialmente de carga, a Argelia; los últimos fueron cuatro aviones de carga c-130j super hércules.

Argelia podría tener un papel muy importante a nivel internacional y sería para solucionar la crisis de seguridad en el Sahel, pero exige el reconocimiento de la ONU y la UA para actuar como líder de una estructura político-militar que reúna solo a los países de la región.

Como vemos, lo que parece solo un enfrentamiento entre dos países vecinos tiene muchas más complicaciones de lo que parece y donde intervienen de forma directa e indirecta distintos actores internacionales. Es por ello por lo que España debe estar atento a cada movimiento y prever una estrategia de seguridad ante los posibles escenarios que nos podríamos encontrar.