El Síndrome de La Habana, una historia de espías

Un nuevo informe enfatiza que aquellos que fueron objetivos tenían una participación significativa con Rusia o estaban operativos en países como Georgia y Ucrania

Oscar Ruiz -Escudo Digital.

Experto en migraciones y analista internacional.

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 Imagen de archivo de la embajada de los Estados Unidos en La Habana.
Imagen de archivo de la embajada de los Estados Unidos en La Habana.

Una reciente investigación realizada de manera conjunta por periodistas rusos, estadounidenses y alemanes ha sacado a la luz hallazgos significativos sobre el conocido como el Síndrome de La Habana, una serie de incidentes de salud inexplicados que afectan a diplomáticos e inteligencia estadounidenses y que tomó este nombre porque afectó por primera vez en 2016 a personal desplazado en la embajada de Estados Unidos en La Habana.

Aunque en principio la inteligencia de EE.UU. desestimó que fuera obra de un adversario extranjero, esta nueva evidencia publicada sugiere la posible implicación de la agencia de inteligencia militar de Rusia, aunque, eso sí, sigue faltando una prueba concluyente.

Reportado por primera vez en Cuba en 2016, los síntomas del Síndrome de La Habana varían desde dolores de cabeza y mareos hasta pérdida de memoria, desencadenados por ruidos específicos y sensaciones determinadas. El número de casos y la variedad de síntomas ha crecido por lo que el gobierno de Washington ha tenido que aumentar de manera considerable los esfuerzos para compensar económica y medicamente a las víctimas de este síndrome misterioso.

Un informe de 2020 de la Academia Nacional de Ciencias sugirió a la energía de "radiofrecuencia pulsada dirigida" como una posible causa, pero carecía de evidencia claro sobre quien lo estaría ejecutando.

La investigación liderada por Insider, "60 Minutes" de CBS y Der Spiegel apunta a la Unidad 29155 del GRU (inteligencia militar rusa) como una fuente más que probable. Esta unidad, conocida por su participación en asesinatos y sabotajes, supuestamente experimentó con armas acústicas no letales similares a las implicadas en los casos del Síndrome de La Habana. La evidencia documental y datos de geolocalización indican la presencia de operativos de la Unidad 29155 en las ubicaciones donde se produjeron incidentes del Síndrome de la Habana, antes de que ocurrieran.

Se pudo comprobar además que los norteamericanos afectados, en muchas ocasiones tenían antecedentes profesionales relacionados con Rusia, incluidos oficiales de la CIA que asistían a los servicios de inteligencia de Ucrania antes de la invasión de Rusia en 2022. Las “diplomáticos” norteamericanos fueron atacados a nivel mundial, desde Vietnam hasta Uzbekistán y Londres, necesitando evacuación médica y tratamiento en la mayoría de los casos.

Como acabamos de mencionar, el informe enfatiza que aquellos que fueron objetivos tenían una participación significativa con Rusia o estaban operativos en países como Georgia y Ucrania, regiones de interés estratégico para Vladimir Putin, quien atribuye todas las pasadas manifestaciones y levantamientos populares  pro-occidentales a los esfuerzos de inteligencia de EE.UU.

Después de esta nueva investigación y las consecuentes pruebas encontradas, se precisa quizás de una investigación más exhaustiva e imparcial por parte de la comunidad de inteligencia de EE.UU., incorporando todos los datos disponibles y descartando suposiciones previas, que al parecer han resultado ser erróneas. El objetivo no sería ya solo identificar y responsabilizar al perpetrador sino también tranquilizar al futuro personal diplomático y de inteligencia de su protección contra amenazas extranjeras. ¿Es que quizás no hay un interés legítimo en descubrir qué pasó? ¿O será que Occidente también está desarrollando este tipo de herramientas?

Por qué este síndrome es especialmente preocupante

Desde una perspectiva de espionaje internacional, el Síndrome de La Habana es particularmente intrigante y preocupante por varias razones:

Naturaleza inexplicada: A pesar de las extensas investigaciones realizadas por diversas agencias de inteligencia, organizaciones de salud y académicos, la causa exacta de estos incidentes sigue siendo elusiva. Esto ha alimentado especulaciones sobre el uso de dispositivos de energía dirigida (como armas de radiofrecuencia) como posible explicación, aunque la evidencia concluyente aún no se ha presentado públicamente.

Implicaciones de seguridad: La posibilidad de que estos incidentes sean ataques deliberados con armas no letales plantea serias preocupaciones de seguridad para el personal diplomático y de inteligencia en el extranjero. La capacidad de causar daño físico o mental grave a individuos específicos sin dejar evidencia física convencional cambiaría las reglas del juego en el espionaje y la guerra no convencional.

Respuesta gubernamental: La reacción de los gobiernos afectados, especialmente de Estados Unidos, ha sido de cautela, manteniendo la necesidad de proteger a su personal, y también la de mantener las relaciones diplomáticas.

Dinámicas geopolíticas: Los informes que vinculan a Rusia o a otras potencias extranjeras con estos incidentes, aunque no confirmados, resaltan las tensiones existentes y la naturaleza cada vez más sofisticada y encubierta del espionaje y el conflicto internacional. Esto se complica aún más por el hecho de que los ataques parecen dirigidos a individuos con roles críticos en inteligencia y diplomacia, sugiriendo un motivo potencialmente estratégico.

El Síndrome de La Habana representa un misterio sin resolver que desafía nuestra comprensión convencional del espionaje y la seguridad internacional. Los intereses de los diferentes actores de este caso podrían dejarnos sin repuestas, y es que como dejamos entrever más arriba de este artículo, las cosas de espías quedan siempre entre espías.

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