Sudán del Sur trata de frenar su desmoronamiento con la ayuda de Rusia y China

El país, creado en 2011, está lastrado por la cleptocracia, la corrupción y los efectos de su Guerra Civil, ya terminada, y la vigente de Sudán.

Pedro Fernaud

Periodista

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Sudán del Sur ha sido catalogado como uno de los países más frágiles y corruptos del mundo.
Sudán del Sur ha sido catalogado como uno de los países más frágiles y corruptos del mundo.

Sudán del Sur tiene 86.451 de refugiados, de acuerdo a los datos de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados. Este dato dimensiona la grave crisis que atraviesa este país, el más nuevo del mundo. Hablamos de un estado que hace no tanto representaba la gran esperanza de la Comunidad Internacional de que las cosas pudieran ser diferentes en una de las zonas más castigadas de África.

El caso es que Sudán del Sur nació en julio de 2011 a la sombra de la guerra civil más larga de África, escindiéndose de sus vecinos hermanos de Sudán. En un primer momento, la reciente nación del este de África central recibió los apoyos y parabienes de Estados Unidos y Occidente. Sin embargo, menos de 13 años después de su independencia, el país está sumido en la violencia política, una corrupción sin precedentes y un terrible estado de subdesarrollo.

Ante este escenario, Occidente ha comenzado a darle la espalda a Sudán del Sur. No obstante, sería más que interesante para el equilibrio geoestratégico mundial que Estados Unidos y sus aliados le dieran una seria vuelta a este viraje. En primer lugar, por el compromiso que adquirieron en su día con los, cada vez más, desamparados ciudadanos sursudaneses. En segundo, porque esa desatención ha acercado a los dirigentes de Sudán del Sur a Rusia, cuya influencia en la zona del Sahel, por cierto, es cada vez mayor, y China, que busca en África asegurar recursos estratégicos y expandir su influencia geopolítica a través de inversiones en infraestructuras y proyectos de desarrollo.

El país menos libre del mundo

Sudán del Sur ha sido catalogado recientemente como el país menos libre del mundo y uno de los más frágiles y corruptos, como se describe en este artículo de la revista Time. El presidente Salva Kiir Mayardit se ha mantenido en el poder desde 2011 sin elecciones democráticas, y ha sido acusado de gobernar de manera autoritaria y corrupta. Informes como Freedom in the World 2023 de Freedom House lo posicionan como el último entre 210 países, mientras que el Índice de Estados Frágiles 2023 del Fund for Peace lo sitúa en el tercer lugar en fragilidad. Además, el Índice de Percepción de la Corrupción 2022, de Transparencia Internacional, lo ubica cerca del fondo entre 180 países. El Banco Mundial, por su parte, lo identifica como uno de los países más pobres del mundo, con la mayoría de la población viviendo por debajo del nivel de pobreza establecido a escala internacional. Human Right Watch describe una crisis humanitaria sin precedentes, caracterizada por violencia continua, desplazamientos masivos y abusos generalizados, Para colmo de males, la violencia sexual y la intimidación gubernamental contra críticos y defensores de derechos humanos, con modificaciones legales del gobierno para cercarlos y hostigarlos, fueron moneda corriente.

Secuelas de la guerra en Sudán del Sur (2013-2020)

La guerra civil en Sudán del Sur, que duró desde el 15 de diciembre de 2013 hasta el 22 de febrero de 2020, resultó de un intento de golpe de estado fallido. Durante el conflicto, el Movimiento de Liberación tomó ciudades clave y controló plantas petrolíferas, provocando consecuencias devastadoras, como más de 400.000 muertes, 190.000 de ellas civiles directamente vinculadas al conflicto. A pesar de la formación de un gobierno de unidad y la creación de áreas administrativas especiales, la situación sigue siendo precaria, con informes de resistencia al desarme y enfrentamientos continuos, que subrayan la magnitud de la crisis humanitaria en Sudán del Sur.

Cómo la guerra de Sudán está afectando a Sudán del Sur

La tercera guerra civil sudanesa, vigente desde abril de 2023, involucra a las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Apoyo Rápido, lideradas por Mohamed Hamdan Dagalo y Abdelfattah al Burhan, respectivamente, compitiendo por el control en Jartum. A pesar de negociaciones infructuosas y el respaldo de múltiples países a las partes beligerantes, las Fuerzas de Apoyo Rápido han avanzado en Darfur. La guerra ha desencadenado una crisis humanitaria en Sudán del Sur, con más de seis millones de desplazados y 360.000 refugiados. La frontera de Joda se ha convertido en un punto crítico, con falta de ayuda humanitaria y recursos, amenazando con un desastre mientras la violencia persiste. La situación se agrava por la escasez de fondos, de manera que a este país africano sólo han llegado el 10% de la solicitud de 1.238 millones de euros solicitados a la Comunidad Internacional en 2023 para hacer frente a la emergencia humanitaria que se traduce en inseguridad alimentaria, violencia y devastadoras inundaciones, mientras las organizaciones humanitarias luchan por atender las necesidades de la población afectada.

El encuentro del presidente de Sudán del Sur con Putin

Ante la ausencia de la participación de Estados Unidos para paliar la grave situación económica y social que padece Sudán del Sur, Salva Kiir Mayardit ha buscado nuevas alianzas que coincidan con su estilo autoritario y cleptocrático. Tras no lograr una reunión directa con el presidente Joe Biden en la Asamblea General de la ONU de 2023, Kiir rechazó una reunión con funcionarios estadounidenses de menor rango y visitó Moscú en septiembre de 2023. En ese encuentro en el Kremlin, el presidente ruso, Vladímir Putin, y su homólogo de Sudán del Sur fortalecieron lazos y acordaron expandir relaciones en energía, comercio y petróleo.

Además, ambos líderes discutieron temas políticos y de seguridad en Sudán del Sur, que se prepara en este 2024 para sus primeras elecciones presidenciales. En el contexto de la presión internacional sobre Sudán del Sur para implementar un acuerdo de paz y levantar embargos de armas, la invitación rusa sugiere un interés estratégico. Además, los presidentes abordaron la situación en Sudán y asuntos internacionales más amplios, mientras Putin prometió el apoyo ruso a Sudán del Sur en materia de seguridad y asuntos políticos internos.

La relación de claroscuros entre China y Sudán del Sur

Mar Gámez Ramírez, experta en Relaciones Internacionales destaca en este artículo el interés geopolítico chino en esta nación africana, especialmente debido a “sus valiosas reservas de petróleo. A lo largo de la compleja guerra civil de más de siete años en Sudán del Sur, China mantuvo su presencia a través de sus principales compañías petroleras, buscando asegurar sus activos y maximizar beneficios. A pesar de la desconfianza generada por el papel de las empresas chinas en la desestabilización y financiación del conflicto, China trabaja en la actualidad para mejorar su imagen mediante esfuerzos diplomáticos y proyectos de responsabilidad social corporativa, al tiempo que busca preservar sus intereses económicos y energéticos en la región como parte de su estrategia geopolítica frente a Estados Unidos”.

Y es que Sudán del Sur atesora una rica diversidad de recursos naturales, incluyendo petróleo, minerales y tierras fértiles, así como una asombrosa riqueza cultural y diversidad étnica de los que Estados Unidos y otros donantes occidentales se han ido alejando por la mala gestión del presidente Kiir, quien, como decíamos, ha encontrado nuevos aliados en Rusia y China. Peter Biar Ajak, integrante del Belfer Center for Science & International Affairs en la Harvard Kennedy School, es un académico sursudanés y activista por la paz, que además ha padecido cárcel como preso político en su propio país entre 2018 y 2020. Frente a la tendencia actual, propone que “Estados Unidos imponga sanciones, respalde elecciones libres y creíbles, y brinde apoyo a la oposición democrática para evitar que Sudán del Sur se convierta en un caso fallido y, gracias a esos apoyos y la llegada al poder de nuevos dirigentes y grupos políticos se fortalezcan los principios democráticos en la región”. A pesar de que las elecciones estaban inicialmente programadas para 2015, la persistente lucha de poder de Kiir con Riek Machar, su vicepresidente convertido en líder rebelde y luego nuevamente en vicepresidente, le ha permitido postergar una votación. El régimen ahora afirma que las elecciones tendrán lugar en diciembre de 2024. Sin embargo, la oposición política sursudanesa afronta a día de hoy fuertes restricciones, la libertad de prensa está sofocada y gran parte del país aún lidia con la violencia tribal. Factores que hacen imposible una elección libre y justa.

¿Cómo se podría articular Sudán del Sur en una nación más justa y próspera?

A corto plazo, la experta en derecho internacional, Mar Gámez Ramírez sugiere que la resolución del conflicto en Sudán del Sur “requiere una intervención más robusta de la Comunidad Internacional, incluyendo un aumento de tropas de la ONU y la Unión Africana, así como una intervención diplomática para estabilizar la situación y lograr la reintegración del país”. A pesar de la complejidad de los intereses en juego, esta experta plantea la posibilidad de una solución similar a la fijada en la nueva Constitución en Zimbabue, para establecer así la democracia y el Estado de Derecho, aunque reconoce la dificultad de alcanzar una solución a corto plazo.

En el medio plazo, este cambio representaría desarrollar programas educativos en zonas afectadas por conflictos. Se garantizará el acceso a la educación para niños y niñas mediante becas y la creación de infraestructuras seguras. Para abordar la arraigada desigualdad de género, se están llevando ya a cabo campañas desafiando percepciones culturales y empoderando a mujeres y niñas. Cooperantes como Laura Lora Ballesta y Paula Casado Aguirregabiria, de las ONGs La Luz de las Niñas y el Servicio Jesuita a Refugiados en África del este, respectivamente, han compartido en Entreculturas, su trabajo en la región de Yambio, centrado en asegurar la educación para niñas desplazadas internamente y ayudarlas a superar desafíos como la práctica de matrimonios a temprana edad. También se resaltan obstáculos como la falta de espacios seguros y las responsabilidades domésticas que afectan la continuidad escolar de las niñas. En términos de reconciliación y construcción de paz, los conocedores de la zona apuntan al factor de convivencia que representaría el desarrollo de diálogos inclusivos entre comunidades y la participación activa de jóvenes en la toma de decisiones. En esa dirección, se apunta también el valor de llevar a cabo proyectos de desarrollo agrícola y económico para promover la autosuficiencia, junto con la promoción de inversión extranjera responsable, especialmente en iniciativas que diversifiquen la economía.

Pero, ¿realmente se puede desarrollar un cambio de ese calado en Sudán del Sur? La historia reciente nos muestra que ha habido países como Corea del Sur, Singapur, Taiwán, Chile y, en clave africana, Botswana que superaron el subdesarrollo para convertirse en referentes de prosperidad y derechos democráticos, logrando desarrollar estimables éxitos económicos y estabilidad política. La realidad actual de estas naciones acredita que políticas eficientes, desarrollo económico sostenible y sistemas educativos democráticos de calidad pueden transformar significativamente una situación inicial de importantes carencias  ¿Qué ejemplos tangibles de este cambio podrían darse inicialmente, a día de hoy en Sudán de Sur? La construcción de escuelas en áreas afectadas, el establecimiento de programas de formación para mujeres emprendedoras y la implementación de proyectos agrícolas sostenibles, que transformen la realidad económica de las comunidades locales. Es a través de estas acciones específicas que los expertos apuntan que podría ser más factible construir un Sudán del Sur más próspero, equitativo y pacífico, producto de una mejor educación, que se traducirá en una mejor convivencia. Hacer realidad una transformación de ese calado en esta nación pasa por un compromiso activo de la Comunidad Internacional y de los propios sursudaneses.

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