¿Por qué se vincula esquizofrenia con crimen?

Un estudio multidisciplinar busca prevenir el comportamiento violento de algunos pacientes con esta patología.

Antonio M. Figueras

Periodista y escritor.

Guardar

Imagen de recurso.
Imagen de recurso.

¿Es inimputable una persona con esquizofrenia que asesina a sus padres? La respuesta no siempre es fácil. El diagnóstico de esquizofrenia habitualmente es motivo de inimputabilidad durante un juicio. La circunstancia de eximente completa es lo más frecuente. Pero no todas las formas de esquizofrenia excluyen la imputabilidad. Hay que estudiar cada caso sin hacer generalizaciones.

Puede darse además la circunstancia de la simulación, que el paciente psicótico crónico intente engañar al perito y a los jueces, que se aproveche de su diagnóstico para justificar el delito. Estos casos están documentados en la literatura científica.

La legislación sobre las pruebas periciales indica que la autoridad correspondiente deberá solicitar, con prontitud, la colaboración de médicos forenses, especialistas en psicología, trabajo social, comunicación, educación especial y discapacidad. La prueba pericial incluye diagnóstico, profundidad del trastorno, grado de afectación de las facultades cognitivas y volitivas, pronóstico (cronicidad o permanencia), capacidad de autogobierno con descripción minuciosa de las habilidades adaptativas, competencias en actividad y participación de la persona y medidas cautelares, entre las que figuran la necesidad de ingreso o tratamiento ambulatorio y protección patrimonial.

¿Se puede prevenir el comportamiento violento?

Otra duda. ¿Se puede prevenir el comportamiento violento en enfermos con trastornos mentales? Al menos se está trabajando en ello. Un proyecto multidisciplinar financiado por la Fundación Séneca pretende estudiar la relación entre esquizofrenia y conductas delictivas. En el trabajo, que durará tres años, participarán profesionales del Derecho Penal y Civil, Criminología, Psicología y Medicina-Legal de las Universidades de Murcia, Granada y Almería. El catedrático David Lorenzo Morillas, de la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia, es el investigador principal. El objetivo, prevenir el delito, pasa por encontrar herramientas para que el entorno de la persona enferma pueda predecir situaciones de riesgo. Con frecuencia es la familia quien debe vigilar la medicación del paciente y estar encima para que no la deje o no la mezcle con alcohol. Se busca también que la Policía y el sistema judicial puedan mejorar los protocolos en este tipo de sucesos. “Pretendemos conocer -explica Morillas a Escudo Digital- cuál es la realidad criminal de las personas con esquizofrenia que cometen delitos, si se les pueden imponer penas de prisión y articular medidas de prevención, desarrollar algún tipo de protocolo que permita alertar de un posible peligro”.

De ninguna de las maneras se puede afirmar que una persona con esquizofrenia vaya a cometer un delito por el hecho de padecer esta enfermedad. “Hay que partir de una premisa. La esquizofrenia no es sinónimo de delito. Eso hay que tenerlo muy claro. Lo extraño es que delincan”, dice Morillas.

La opinión pública asocia con frecuencia esquizofrenia y violencia.  Aunque las personas con esquizofrenia, si están controladas farmacológicamente, no son más violentas que la población general

Falta por detallar el riesgo porcentual de presentar un comportamiento violento cuando hay alucinaciones, se interrumpe la medicación o se consumen drogas. Uno de los propósitos del proyecto es examinar empíricamente la representatividad de la esquizofrenia en la población delincuencial y verificar su tasa de criminalidad en España. Según las investigaciones, sostiene este experto, “el 33% de las personas que tienen tratamiento farmacológico están en una situación que se podría calificar de alto riesgo. Ese es el núcleo que nos interesa”. “Uno de los objetivos que tenemos en el proyecto es, de la mano del Tribunal Superior de Justicia de la región de Murcia, concretar unos parámetros de actuación e intervención de naturaleza vinculada a la previsibilidad judicial”, añade.

Abandono de la medicación

Los estudios clásicos sobre los trastornos mentales severos señalan que los enfermos con tratamiento inadecuado o que abandonan la medicación tienen mayor predisposición a la conducta violenta que la población general. Dichas investigaciones relacionan la esquizofrenia, sobre todo la esquizofrenia paranoide, con el comportamiento violento tras episodios de delirios y/o alucinaciones auditivas.

La opinión pública asocia con frecuencia esquizofrenia y violencia.  Aunque las personas con esquizofrenia, si están controladas farmacológicamente, no son más violentas que la población general. Pero está en nuestro imaginario colectivo la vinculación de los delitos violentos más graves, como el asesinato múltiple, el asesinato sexual, el homicidio que acaba en suicidio o el parricidio con una patología psíquica, hasta el punto de que se estigmatiza a los esquizofrénicos. Buena parte de culpa achacan los expertos a los medios de comunicación, que resaltan los sucesos protagonizados por algunos de estos pacientes.

"La locura inspira mucho miedo, por la dificultad que hay de entenderla. Cuando algo resulta incomprensible, inspira temor y por eso se asoció antiguamente con los malos espíritus, con lo demoníaco"

La culpa de “Psicosis”

La culpa de esta asociación de enfermedad mental y violencia -argumenta el psiquiatra José Durán- nace con la película ‘Psicosis’ y se ha desarrollado con los medios de comunicación. Pero la criminalidad de los enfermos mentales graves es sensiblemente inferior a la media. Lo que sucede es que la locura inspira mucho miedo, por la dificultad que hay de entenderla. Cuando algo resulta incomprensible, inspira temor y por eso se asoció antiguamente con los malos espíritus, con lo demoníaco”.

Y con el suicidio, ¿existe alguna relación con la esquizofrenia? Es más fácil que un paciente con esta patología atente contra él mismo que contra los demás. Distintas investigaciones señalan que el 10% de los esquizofrénicos terminan quitándose la vida. Además, saltarse la medicación cuadruplica el riesgo de suicidio. “Hay un riesgo de suicidio más alto, que se suele explicar -afirma Durán- como resultado de la angustia que producen ciertas ideas delirantes. En esos estados, el suicidio aparecería como una forma de huida desesperada de algo que no se consigue eliminar de la cabeza”.

El estudio multidisciplinar que dirige Morillas quiere determinar cuáles son los elementos, los condicionantes que crean ese riesgo de suicidio. “En los niveles más profundos de esquizofrenia, el riego de suicidio gira en torno al 15% de las personas que lo presentan”, comenta el penalista.

Según Durán, “un psicótico llevado por el delirio puede llegar a cometer un crimen”. “Pero por lo general -añade-, tienden a aislarse, a entablar muy escasos contactos y muy superficiales, por lo que no entran en conflicto. Resulta complicado encontrarse con un esquizofrénico salteador de caminos, atracador de bancos o traficante de droga”. Los casos de violencia se ejercen, normalmente, contra un familiar cercano o cuidador, no contra gente desconocida. No hay premeditación, se actúa de forma impulsiva y se dejan todo tipo de pistas.

Apuesta el doctor por los programas de rehabilitación psicosocial, terapias que se muestran eficaces contra las recaídas y a favor del control de los síntomas, así como en la mejora funcional del paciente. Este enfoque debe llevar aparejado, de manera imprescindible, un tratamiento farmacológico.