La IA que puedes usar ya para ahorrar agua, energía y fertilizantes en los cultivos

La herramienta genera recomendaciones específicas de fertirriego basadas en datos de cada parcela y cultivo, teniendo en cuenta todos los factores agronómicos y datos como predicciones meteorológicas.

Gonzalo Díaz Bonet.

Especialista en Tecnología y Sostenibilidad.

Guardar

Agrotech.
Agrotech.

España es una potencia mundial en agrotech. En concreto, es la tercera del mundo en número de empresas, solo superada por Estados Unidos e India. Si tenemos en cuenta el factor poblacional de estos dos grandes países, el ratio español de empresas agrotech por habitante es claramente superior. 

El tipo de servicios que ofrecen estas compañías va desde apps de gestión agrícola y ganadera a drones, ERP, sensórica, mapas, agrorobot, agricultura de precisión, marketplace, Inteligencia artificial, blockchain, tienda online, big data, ciberseguridad o internet de las cosas (IoT). 

En muchos casos, en realidad combinan varias de estas tecnologías para ofrecer unos servicios que permitan obtener los máximos recursos de la agricultura con un coste económico y medioambiental lo más reducido posible. 

Es el caso de Dropia, una compañía que se dedica a sensorizar los campos y emplear inteligencia artificial para determinar la cantidad exacta de agua que necesitan los cultivos en cada momento, monitorizando el riego “gota a gota” y aplicando la cantidad exacta de fertilizantes para que los frutos crezcan en el momento adecuado. 

Dropia es un proyecto colaborativo desarrollado por una compañía almeriense, Prima- Ram, y un grupo multinacional iberomericano, Hispatec, que permite a los agricultores ahorrar en el consumo de agua, de energía y de fertilizantes.  

Este servicio suma la tecnología de los cabezales avanzados de Prima-Ram, sensores que captan información, y la inteligencia artificial de Margaret, la plataforma de datos de Hispatec. Esta combinación genera recomendaciones específicas de fertirriego basadas en datos de cada parcela y cultivo, teniendo en cuenta todos los factores agronómicos, a los que se suman datos de fuentes externas, como predicciones meteorológicas. 

Y es que los datos se han convertido ya en una herramienta crucial para la sostenibilidad de la agricultura. Combinando inteligencia artificial con sensores, Dropia analiza el impacto real que ha tenido en el cultivo cada aplicación en el pasado para hacer recomendaciones totalmente adaptadas a la realidad de cada parcela y cultivo.  

Como todas las herramientas de IA, Dropia aprende con el resultado de cada aplicación, comprobando si éste es o no el esperado y realizando correcciones cuando las variables agronómicas y ambientales se repitan, llegando a cotas muy altas de eficiencia. 

En un contexto en el que la sequía y la falta de disponibilidad de agua azotan cada vez más a los cultivos, y con la perspectiva de que en un futuro esta coyuntura se pueda cronificar, este instrumento basado en los datos puede indicar qué cantidad de agua exacta necesitan los cultivos en cada momento.  

El 75 % de los agricultores tiene más de 65 años 

Contar con un asesor digital alimentado por inteligencia artificial parece una buena solución para ahorrar energía y fertilizantes y acertar en el momento del riego, pero las empresas como Dropia se encuentran con un handicap en el campo español: el 75 % de los agricultores tiene más de 65 años. 

Trasladar todas las ventajas que suponen estas herramientas al sector de edad menos digitalizado de la sociedad supone un reto para la compañías que integran el entramado agro-tech, aunque no por ello dejan de crecer. El 60% de las existentes han nacido en los últimos 5 años. 

El último informe de la Asociación Española para la Digitalización de la Agricultura (AgroTech España) muestra que, a día de hoy, España ronda el millar de empresas tecnológicas en el sector de la agricultura, una cifra que multiplica por tres la cantidad que hay en otros países como Francia, Alemania o Países Bajos. 

El objetivo: sustituir la intuición por datos para así lograr una mayor eficiencia, un ahorro de costes y, en última instancia, una explotación más respetuosa con el entorno que revierta en un mejor cuidado de nuestro planeta. 

Archivado en: