España necesita un PERTE en la industria de Defensa

El PERTE debe atraer a otros países y colaboradores a cooperaciones mixtas, que permitan llevar la autodefensa europea al nivel comprometido por nuestros gobiernos.

Ramón C. Riva.

Ex militar y experto en Seguridad.

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Industria de Defensa española
Industria de Defensa española

Hace mucho que dejamos de ser la "España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María", esa España inferior que ora y bosteza de "El mañana efímero" de Antonio Machado. Como contaba la anécdota de un expresidente español, que dialogando con un Secretario de Estado estadounidense le preguntó qué era lo que pensaba se exportaba más en España.

"Naranjas", le contestó el norteamericano.

"No señor, coches", espetó el expresidente español.

Y es cierto. España no solo es el décimo fabricante mundial de vehículos y el segundo a nivel europeo, sino que en el viejo continente es el número 1 por porcentajes de vehículos dedicados a la exportación.

Venta de vehículos en millones de unidades en 2021

Además, si se tiene en cuenta el ratio de vehículos fabricados y exportados en función del número de habitantes, somos líderes mundiales. Esto es gracias, sobre todo, a la experiencia y productividad de los integrantes de nuestro sector automovilístico. No obstante, esa experiencia y valor añadido también trabaja a favor de las marcas propietarias.

Con la nueva era eléctrica en el horizonte, se perciben nubes negras en el futuro de las plantas españolas. Y, ¿cómo responde el Gobierno? Su contestación radica en Sagunto, la gigafactoria de baterías que ilumina el tormentoso horizonte de la automoción española, como parte del Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica del Vehículo Eléctrico y Conectado. Este PERTE automovilístico cuenta con una inversión pública de 877,2 millones de euros, lo que movilizará inversiones por valor de 2.250 millones de euros en el sector,

Para España no solo es importante no seguir perdiendo capacidad industrial y exportadora, sino que también es una necesidad "vital" incrementar esta capacidad. Al igual que con el sector naval, donde España se ha consolidado como el segundo país con más unidades contratadas y entregadas a la Unión Europea y el décimo a nivel mundial.

España se ha especializado en la construcción de grandes buques para la industria pesquera o el segmento de los buques oceanográficos, donde es la segunda potencia mundial y la primera a escala europea. Pero España no solo destaca en construcción, también en reparación naval, donde cuenta con una carga de trabajo asegurada para más de año y medio.

Este despegue en el ámbito de la reparación naval también se ve apoyado por el Gobierno con un PERTE naval. El desarrollo de este proyecto prevé una inversión total de unos 1.460 millones de euros, que contribuirá a la creación de cerca de 3.100 puestos de trabajo de calidad, principalmente en regiones periféricas, contribuyendo así a la política de reto demográfico.

Para la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, "con el PERTE naval mostramos el compromiso del Gobierno con el impulso de la industria naval española, un sector estratégico para contribuir a la autonomía industrial de España y Europa, y potenciar su diversificación y su desarrollo sostenible, tecnológico y digital. Nuestro objetivo con este PERTE es generar importantes retornos económicos y sociales, así como reforzar las capacidades industriales de nuestro país, contribuir al desarrollo tecnológico y digital del sector naval y a la generación de empleo cualificado y de calidad".

La industria de Defensa no solo cumple los mismos requisitos del sector automóvil o naval, sino que la guerra de Ucrania hace todavía más urgente asegurar la independencia española y europea a la hora de contar con medios de defensa. Y esto no se improvisa. 

Desgraciadamente, por enfermedad de mi madre, en su Hospital (el Infanta Sofía de San Sebastián de los Reyes) aprendí que tener unas magníficas instalaciones es cuestión de dinero y 18 meses de obra mientras que contar con sus excelentes médicos y profesionales, te cuesta diez años. Lo mismo ocurre con el sector y subsectores de la industria de Defensa. La mayor parte de sus integrantes son profesionales con experiencia y productividad que podrían ganar bastante más en otros países netamente productores y exportadores, por tanto competidores. Así, podríamos encontrarnos a corto plazo con un problema similar al que tenemos con el sector médico. Tenemos pedidos y carga de trabajo, pero no tenemos profesionales.

La Industria de Defensa es uno de los sectores con mayores ratios en reinversión I+D + i, en torno al 11%. Este 11% de manera continuada provoca que, en espacios de tiempo medios, se desarrolle una tecnología diferencial, que permite ofrecer productos similares más competitivos, o de mayor tecnología y resultados a precios similares y contando con un empleo de calidad, con salarios que duplican la media nacional.

Las ministras de Industria, Comercio y Turismo, y la de Defensa tendrían que escuchar el enorme orgullo del Vicealmirante Michael Noonan, jefe de la Marina de Australia, hablando de sus 2 LHD /HMAS Canberra y Adelaida, o de sus destructores Hobart, basados en las F-100. Todos tecnología y producción Navantia.

Buques

En estos momentos fábricas como Lockheed Martin, con el F-35 y los sistemas Himars, el Caesar francés, etc.  se encuentran con "atasco" de pedidos y países interesados a raíz de las experiencias de la guerra de Ucrania y del aumento de las tensiones geoestratégicas.

En caso de inmediata necesidad, ¿podría recurrir España a comprar, por ejemplo, X buques a países aliados? Por supuesto, pero en estos momentos la defensa española necesita urgentemente bases de producción para su autodefensa, como la "fábrica digital de bloques" en Navantia Ferrol, lo que permite ahorrar costes y una mayor productividad a medida que aumenta la cartera pedidos, o incluso un nuevo dique.

España necesita un PERTE de Defensa que atraiga a otros países aliados y colaboradores a cooperaciones mixtas, que permitan llevar la autodefensa europea al nivel al que se han comprometido nuestros Gobiernos.

Al gasto militar europeo de 2021 (216.000 millones de euros) se suma el compromiso, a 5 años, de ponernos al día en nuestra defensa con otros 200.000 millones de euros en total.  

En este entorno europeo, donde cada vez influirán más las compras y producciones conjuntas,  el Programa Europeo de Inversión en Defensa (EDIP, por sus siglas en inglés) realizará las adquisiciones, como es lógico, por los criterios de eficiencia del material a adquirir, de rentabilidad y de amortización, así como de las inversiones realizadas para su producción.

El gobierno ha impulsado diez programas especiales para impulsar a las Fuerzas Armadas (Dragón, S-81, F-110, etc.) y colabora en otros imprescindibles para la Defensa europea, como el  Futuro Sistema Aéreo de Combate del proyecto FCAS, impulsado por Alemania, Francia y España.

Localización de las 75 primeras empresas de Defensa

A las grandes firmas (Indra, Navantia, Airbus, etc.) le acompañan todo un ecosistema de empresas y profesionales españoles, que encontrarían en un posible e imprescindible PERTE de Defensa la oportunidad de incrementar su peso en el PIB y de ganar los principios de rentabilidad y amortización de esas inversiones por volumen pedidos y colaboraciones. Más aún cuando este ecosistema de industrias auxiliares ayuda a enfrentar el reto demográfico.

Empleo de la industria de Defensa y Seguridad en España

Para finalizar, dos últimos recuerdos históricos:

1º España YA tuvo una de las mejores fábricas de semiconductores de última generación, AT&T,  que puso a Tres Cantos en el mapa, atrajo a un sinfín de compañías tecnológicas y  terminó abandonándose para llevarla a Asia. Y ahora queremos recuperarlo (el presidente del Gobierno ha anunciado un PERTE de 11.000 millones de euros para potenciar el desarrollo de semiconductores).

2º Este artículo lo firma un "natural" por línea materna de La Cavada, donde durante dos siglos estuvo la Real Fábrica de Cañones, que llegó a abastecer a la mayor parte de la Marina española, incluyendo la red de fuertes y baterías instaladas tanto en España como en el Imperio de Ultramar.