Oscar Ruiz -Escudo Digital.

Opinión

¿Debemos fomentar otra guerra civil en Afganistán?

Experto en migraciones y militar OTAN.

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Mujeres caminando en un burka azul en Kabul, Afganistán.
Mujeres caminando en un burka azul en Kabul, Afganistán.

Poco más de un año después de la salida Occidental de tierras afganas, los medios  de comunicación hacen un balance general de la (mala) situación general del país, haciendo hincapié en las crecientes atrocidades de los Talibán contra la población civil, la situación de colapso económico que vive el país y la falta de derechos básicos de las niñas y mujeres desde que los yihadistas volvieron a tomar el poder el año pasado.

Esta situación genera una especie de “conmoción social” en la que la opinión pública se indigna y asombra de cómo pueden ocurrir estas situaciones en una época de plena libertad y democracia en nuestras latitudes y, sobre todo, nos preguntamos cómo Occidente lo permite, especialmente habiendo estado allí la friolera de 20 años.

Por esta razón sería importante no perder de vista las razones por la que fuimos, trabajamos, combatimos y morimos en Afganistán durante esos 20 años, que no eran otras que las de:

  • Eliminar una creciente amenaza terrorista internacional, ya que aquel país se había convertido básicamente en un campo de entrenamiento y paraíso para yihadistas que después cometían atroces atentados por todo el mundo, incluyendo a España;
  • Estabilizar un complicado y heterogéneo país y
  • Dar seguridad humana a los 36 millones de habitantes de un país que durante años ha recibido el dudoso título de Estado más peligroso del mundo[i] por el número de muertes violentas que se producían cada año.

Podemos subrayar, grosso modo, algunas cifras de los 20 años que estuvo OTAN y la comunidad internacional y lo que ha significado para aquel país, pero también para nosotros:

-Se gastó en aquel país alrededor de 1 billón (un millón de millones) de dólares, donde gran parte del gasto fue a parar a infraestructuras básicas y creación de un ejército afgano profesional que protegiera la democracia, asegurara las fronteras del país de injerencias extranjeras y de actores no estatales, y evitara enfrentamientos armados en el futuro. El tanto por ciento que se perdió por la corrupción de todos los actores involucrados es, a día de hoy, difícil de calcular.

 -más de 3.500 militares y civiles occidentales fueron asesinados (de los cuales 2.400 muertos y 21.000 heridos eran americanos). Por otra parte se calcula que unos 3.600 contratistas americanos fueron asesinados, además de 80 periodistas y alrededor de 450 miembros de ONG,s y otras organizaciones de ayuda al país.

-Se alcanzó el pico de despliegue internacional en 2011 con unos 130.000 militares (más o menos el total de las Fuerzas Armadas españolas),

-Casi 48.000 mil civiles afganos han sido víctimas mortales de la guerra contra los Talibán,

-El conflicto armado ha supuesto que unos 2.5 millones de afganos abandonen el país y 4 millones de afganos se hayan convertido en desplazados internos.

-Se calcula alrededor de 70.000 los militares afganos muertos en la contienda.

El factor Al-Qaeda

Seguramente los citados medios de comunicación han aprovechado el aniversario de la caída de Kabul en manos talibán para llenar minutos de prensa escrita y televisión, y es cierto que se ha producido un hecho que ha inquietado a la comunidad internacional. Se trata de la eliminación en Kabul, mediante un dron americano, de al-Zawahiri, líder de al-Qaeda y cofundador de esta organización terrorista con el ya extinto Osama Ben Laden con el que planeo los atentados sobre las torres gemelas del 11-S en Nueva York.

El caso es que esta no es la primera muerte de un miembro relevante de al-Qaeda en Afganistán y se nos hace cada vez más difícil de tolerar la descarada presencia de esta organización terrorista en el tierras afganas, cuando además esa fue la primera condición impuesta de los acuerdos de Doha de 2020 para salir del país, donde los talibán se comprometían a no dar cobijo a ningún miembro de organizaciones terroristas internacionales.

Algunos informes de inteligencia revelan que existe presencia de al-Qaeda en al menos la mitad de provincias afganas y que además se estarían utilizando las antiguas bases americanas y de OTAN como campos de entrenamiento para los terroristas.

La sensación de tomadura de pelo a Occidente por parte de los Talibán es obvia, pero la pregunta es si es suficiente para volver a intervenir en los asuntos internos de Afganistán y ayudar a los grupos rebeldes a desestabilizar el gobierno Talibán para que caiga; es decir, si se debe promover una guerra civil que acabe en un cambio de régimen.

La resistencia actual contra los talibán en Afganistán

La realidad actual de una resistencia o insurgencia contra los talibán se circunscribe a pequeños grupos no muy bien organizados que son liderados o bien por antiguos militares afganos entrenados por la coalición internacional o bien por señores de la guerra que no quieren que los talibán se interpongan en sus negocios o su territorio, o también por una mezcla de los dos casos anteriores.

El grupo insurgente más destacable sería el NRF o National Resistence Fighters liderado por Ahmad Massoud, hijo de Ahmad Shah Massoud, señor de la guerra afgano que ya encabezo la rebelión contra los talibán en los años 90. Este grupo, aunque ha tenido algunos éxitos militares en los últimos meses, estaría condenado al fracaso sin un apoyo internacional, lo que actualmente se antoja complicado porque EE.UU. insiste en que no apoya ningún movimiento contra los talibán y desanima a otros países a hacerlo.

El grupo terrorista ISIS-K (Daesh) también está aumentando sus acciones y podría incorporarse a la insurgencia contra los talibán, aunque como ocurre casi siempre en estos casos, aunque los objetivos estratégicos con otras organizaciones contrarias al actual gobierno afgano sean similares, es muy difícil que grupos tan heterogéneos se pongan de acuerdo y presenten un frente común contra los actuales gobernantes.

Actualmente este grupo está reclutando guerrilleros de diferentes partes del país, especialmente miembros del grupo talibán en Pakistán.

Anuncio del gobierno de EE.UU en el que ofrecía una recompensa por información de los miembros de ISIS-K que cometieron el atentado en el aeropuerto de Kabul el 26 de agosto de 2021 mientras se producía la evacuación aérea de afganos que corrían peligro bajo el gobierno Talibán. Murieron más de 100 afganos y 13 soldados norteamericanos. Fuente: Gobierno de Estados Unidos.
Anuncio del gobierno de EE.UU. en el que ofrecía una recompensa por información de los miembros de ISIS-K que cometieron el atentado en el aeropuerto de Kabul el 26 de agosto de 2021 mientras se producía la evacuación aérea de afganos que corrían peligro bajo el gobierno Talibán. Murieron más de 100 afganos y 13 soldados norteamericanos. Fuente: Gobierno de Estados Unidos.

 

Entonces, ¿guerra civil o status quo?

Los países vecinos, especialmente China, Irán y Pakistán, no quieren una guerra civil en Afganistán (más violencia y más refugiados…) y harán todo lo posible por mantener a los talibán y su supuesta estabilidad en el gobierno y por todo esto la situación será, por lo menos temporalmente, de status quo. No obstante debemos remarcar que desde este pasado marzo se han abierto algunas grietas entre los talibán, debido principalmente el fuerte faccionalismo que conlleva este grupo.

Estas grietas entre facciones están promoviendo que los gobernantes de Afganistán estén cometiendo más atrocidades si cabe contra la población, como los asesinatos extrajudiciales, la prohibición a las niñas de asistir a la educación secundaria, la prohibición a las mujeres de viajar sin una supervisión masculina y la total destrucción del sistema sanitario y la prensa libre en el país.  

Una mayor represión del gobierno afgano sobre la población tendría dos efectos principales, una mayor aceptación de los afganos a grupos rebeldes y guerrilleros contrarios a los talibán y, por otra parte, la ayuda de algún país Occidental o vecino a dichas guerrillas por los excesos del actual gobierno. Cualquiera de los dos casos (o los dos) supondría un mayor equilibrio de fuerzas entre gobierno e insurgencia y nos acercaríamos a una nueva guerra civil en el país.

Si lo pensamos bien, la ironía es devastadora para los talibán que han estado 20 años haciendo la guerra de insurgencia contra los militares de Occidente y ahora es testigo de cómo otros grupos le hacen lo mismo a ellos, y además con un creciente apoyo de la población.

Pero, en cuanto a Occidente, ¿podemos estar tranquilos con los asesinatos selectivos de terroristas que esta llevando a cabo EE.UU. en Afganistán, o quizás dentro de un tiempo estas acciones no sean suficientes para contener a yihadistas entrenados que salgan de aquel país con intención de atentar?

 Parece que el ciclo maldito se repite y más tarde o más temprano Afganistán volverá a una guerra fratricida.