Ártico, el nuevo desafío que amenaza la geoestrategia mundial (Parte 1)

Una vez que Suecia y Finlandia se incorporen, siete de los ocho países del Ártico estarán en la OTAN. El único que estará al margen es Rusia, que afirma sin tapujos que el Ártico es un territorio bajo su control. La militarización parece inevitable.

Oscar Ruiz -Escudo Digital.

Experto en migraciones y militar OTAN.

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Acción militar en condiciones de frío en el invierno ártico.
Acción militar en condiciones de frío en el invierno ártico.

El próximo nombramiento por parte de Estados Unidos de un embajador para el Ártico (un puesto diplomático, cuando hasta ahora solo se designaba a un coordinador para esta tarea) da buena cuenta del fin del statu quo de paz y estabilidad que reinaba en el Océano Ártico en las ultimas décadas y muestra que el estado de las relaciones internacionales en el Ártico sería un baremo muy fiable para analizar la actual situación de la geopolítica mundial. Y así lo demostraría la confrontación de Occidente con Rusia por la invasión de Ucrania, y también con China por la crisis de Taiwán y su creciente agresividad en la región del Indo-Pacifico.

El Océano Ártico está aumentando su temperatura entre tres y cuatro veces veces más rápido que otros puntos del planeta a causa del imparable cambio climático. Esto conlleva a la rápida desaparición de sus hielos y, como consecuencia, al descubrimiento de enormes reservas de gas y petróleo, minerales y caladeros de pesca por un lado, y de nuevas y más rápidas rutas de navegación comercial y militar por otro. Se calcula que en año 2040 habrá desaparecido todo el hielo del Ártico.

Concentración de hielo en el Ártico a día 30 de agosto de 2022 comparando con el contorno amarillo que representa el hielo que había de media entre 1981 y 2010. Fuente: National snow and data center, University of Colorado Boulder.
Concentración de hielo en el Ártico a día 30 de agosto de 2022 comparando con el contorno amarillo que representa el hielo que había de media entre 1981 y 2010. Fuente: National snow and data center, University of Colorado Boulder.

Y como no, la invasión rusa en Ucrania ha complicado la situación al aparcarse de manera radical los convenios y cooperaciones que se estaban produciendo en esta región del mundo entre las grandes potencias árticas, y que lo mantenían como una especie de santuario natural, a sabiendas de todas las partes involucradas que esta es una de las regiones clave para el futuro del clima en nuestro planeta como lo conocíamos hasta ahora.

Pero como hemos dicho, el contexto geopolítico en la región polar del norte va cambiando acorde a las relaciones internacionales (y viceversa) y en este caso está deteriorándose muy rápidamente, debido principalmente a la creciente confrontación  entre Washington y Moscú, y también a la militarización que está sufriendo este polo, especialmente por parte de Rusia, que afirma sin tapujos que el Ártico es un territorio bajo control ruso.

El Ártico se extiende alrededor de 14.100.000 kilómetros cuadrados, viven en él unos 4.000.000 de personas (la mitad rusos) de más de 30 pueblos nativos y ocho países tienen territorio en él: Rusia, Canadá, Estados Unidos, Noruega, Dinamarca, Finlandia, Islandia y Suecia. Estos ocho países conforman el Consejo Ártico, que se estableció mediante la Declaración de Ottawa el 19 de septiembre de 1996. Se trata de un foro de cooperación intergubernamental creado para promover la cooperación entre los Estados árticos, incluyendo las comunidades indígenas árticas y otros organismos interesados en la protección del medio ambiente ártico. Además de los ocho miembros permanentes este consejo cuenta con 13 países “observadores”, entre los que se encuentran Estados como España o China, entre otros.

Como prueba de las tensiones en la región debido a la guerra de Ucrania, el Consejo Ártico ha paralizado todas las actividades y reuniones programadas como protesta contra Moscú, debido a que actualmente Rusia preside el consejo hasta el año 2023. Este es un ejemplo claro de cómo la invasión de Ucrania está perjudicando la situación geopolítica en el Ártico.

A medida que el hielo se va derritiendo año tras año un número mayor de países e intereses afloran en esta región del planeta, convirtiendo al ártico en el futuro campo de batalla económico y militar entre poderes rivales (¿Occidente vs China-Rusia?)

Campamento geológico y geofísico de campo de invierno en Siberia. tiendas inflables de rescate. Vehículos sobre orugas para trabajar en condiciones difíciles.
Campamento geológico y geofísico de campo de invierno en Siberia. tiendas inflables de rescate. Vehículos sobre orugas para trabajar en condiciones difíciles.

Los países y organizaciones más interesados en el Ártico

Podemos señalar brevemente los países y organizaciones con más intereses en la región y que están dando (más) pasos con el objetivo de asentarse o simplemente confirmar su situación estratégica en el Ártico.

El Estado más interesado en esta región polar es sin duda Rusia, ya que más de la  mitad de la costa ártica pertenece a este país (53%) y ya incluso ha solicitado a Naciones Unidas el reconocimiento de la exclusividad económica de gran parte de la placa continental y el fondo marino de un trozo enorme del Ártico, incluido territorio que actualmente Canadá está usando tanto en pesca como otras actividades económicas.

Las razones económicas son fundamentales para el proteccionismo del Ártico por parte de Moscú, ya que esta región supone el 10% del PIB ruso y el 20% de sus exportaciones. Debemos tener en cuenta también la ruta marítima del Norte que discurre desde el estrecho de Bering hasta la península escandinava y  Europa, que atraviesa aguas territoriales rusas y es la más utilizada actualmente por buques de mercancías recortando un 40% la distancia con respecto a la ruta clásica por el Estrecho de Malaca y el Canal de Suez.

El continuo incremento de medios, instalaciones y ejercicios militares por parte de Rusia en esta región es fiel reflejo de su política de control sobre el Ártico, ante el creciente interés de otros Estados por este territorio.

Por otra parte, el interés de Estados Unidos en el Ártico ha sido históricamente escaso y siempre ligado a su única frontera con esta región: Alaska.

Pero el citado nombramiento del futuro embajador americano de esta región es solo la prueba más reciente de este cambio de actitud de la política norteamericana hacia la región polar del norte.

Aquí Estados Unidos se está adelantando a un problema, que además representa una de las obsesiones de la talasocracia americana: la libre circulación marítima por los océanos, ya que EE.UU. quiere evitar a toda costa que los rusos controlen el paso por este océano una vez el hielo se haya fundido completamente.

También aquí los norteamericanos no olvidan las posibilidades gasíferas, petrolíferas y de minerales y tierras raras, además de los posibles recursos pesqueros según vaya derritiéndose el hielo ártico.

El presidente Biden es consciente la actual superioridad militar rusa en esta región y sobre todo de la cada vez más estrecha colaboración chino-rusa en muchos de los aspectos árticos, por lo que en los últimos años ha duplicado su presencia militar en esta zona del planeta.

China es el otro gran “culpable” del aumento de tensiones en el océano Ártico, debido a su creciente interés en la región y sus múltiples colaboraciones con Rusia para desarrollar en la zona infraestructuras marítimas y aéreas, aumento de los proyectos científicos y presencia general en la región.

La incansable búsqueda de recursos en el mundo por parte de China hace que su política exterior sea cada vez más asertiva (¿agresiva?) y al no estar ligado geográficamente a la región polar está acercándose a Rusia para llevar a cabo sus objetivos. El gigante rojo lanzó incluso el proyecto de la Ruta Polar de la Seda en 2018, una aventura paralela a la de la Ruta de la Seda que comenzó China en 2013 para expandir proyectos y comercio a lo largo de 70 países.

En el caso de la Ruta de la Seda Polar tendría como objetivos la inversión ingente de dinero en proyectos de carácter científico, comerciales, de preservación del medioambiente y de localización y extracción de recursos naturales. Por su puesto no faltan los proyectos de índole militar, para lo cual los asiáticos están intentando comprar puertos marítimos (en Islandia lo intentaron, pero no pudo llevarse a cabo) y aeropuertos limítrofes al Ártico, e incluso haciendo una propuesta económica para hacerse con Groenlandia (Donald Trump también lo intentó…)

Este tándem China-Rusia es la razón principal por la que Occidente y los países limítrofes a la región polar están aumentando recursos cívico-militares y políticas hacia el Ártico.

Por su parte, la organización política-militar del Atlántico Norte no es impermeable a los movimientos geoestratégicos en la región polar y en 2020 la Organización Transatlántica envió, por primera vez en 27 años, un portaviones al círculo polar Ártico.

La actual confrontación directa con Moscú está llevando a la OTAN a tomar medidas para mantener el equilibrio en la región ártica, un equilibrio que iría encaminado a mantener la paz y estabilidad en aquellos lares.

Hay que tener en cuenta que una vez no haya barrera física (hielo) en el Ártico, Rusia confrontará de manera directa a varios países de la OTAN, y de hecho, todos los miembros del Consejo Ártico serán miembros de la Organización Trasatlántica cuando Suecia sea miembro de pleno derecho.

En lo que se refiere a la Unión Europea, esta también ha puesto su primer pie en la región polar ártica y en 2021 se propuso abrir una oficina en Groenlandia para acercarse a esta región además de solicitar su incorporación como observador en el Consejo Ártico.  Este es otro ejemplo más de la creciente importancia de esta región en el panorama geopolítico actual con una creciente competencia por los recursos naturales y las influencias internacionales que allí se están produciendo.

Un rompehielos en el Ártico.
Un rompehielos en el Ártico.

Nuevas rutas marítimas, recursos energéticos, minerales y pesca

El incremento de tráfico marítimo a través de los canales de Suez y Panamá, además de las importantes consecuencias del cierre de alguno de ellos (como el accidente del carguero Even Giver en marzo 2021 en el Canal de Suez que paro el tráfico marítimo mundial durante 6 días, congelando la friolera de 10.000 millones de dólares de comercio al día) hacen que todos los países y organizaciones públicas y privadas  miren de reojo a esta parte del mundo que a medio plazo se convertirá en otra ruta marítima perfectamente navegable.

Las rutas marítimas de esta región polar cada vez son más fácilmente navegables. La Ruta del Norte que bordea las costas rusas y es actualmente la más realista y utilizada, cobrando Moscú un peaje a los barcos que la transitan. La Ruta del Noroeste que va desde Alaska a Canadá y la futura (cuando se derrita todo el Polo Norte) Ruta Central que iría desde el Estrecho de Bering hasta Islandia y desde ahí hacia Europa, son otras opciones muy realistas.

En los últimos años el tráfico marítimo por estas rutas ha aumentado considerablemente aunque por el momento son imposibles de transitar en los meses más duros del invierno ártico.

Mapa de las dos rutas que se utilizan actualmente. La ruta del Norte y la ruta del Noroeste. Fuente University of Lapland
Mapa de las dos rutas que se utilizan actualmente. La ruta del Norte y la ruta del Noroeste. Fuente: University of Lapland

Las posibilidades de explotación de recursos energéticos que se abren con el rápido deshielo de la región polar ártica es, por otra parte, una de las razones de la creciente tensión internacional en esta región. La riqueza de minerales y tierras raras para la producción de tecnologías digitales, además de las cuantiosas bolsas de gas y petróleo son demasiado sabrosas como para dejarlas pasar y que otros las aprovechen.

Principalmente encontramos aquí petróleo (se cree que en esta región se podrían esconder hasta el 25% de las reservas mundiales. La mitad de este petróleo estaría en territorio ártico ruso); gas (se estima que el 30% de las reservas mundiales podrían esconderse bajo el hielo ártico. El 70% de estas reservas de gas estarían en territorio ártico ruso); minerales como el oro, plomo, níquel, platino, plata, estaño, molibdeno y diamantes también se encuentran en el lecho submarino o minas del Ártico, pero de todavía muy difícil acceso; y pesca, cuyas capturas actuales suponen alrededor del 4% de la pesca mundial.

En conclusión, vemos que actualmente se presentan una suerte de problemas legales derivados de la asignación de aguas territoriales y de exclusividad económica que se esperan en los próximos años y que tendrán que resolverse de acuerdo a la ley vigente en esta región que no es otra que el Convenio de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS), aunque no todas las naciones involucradas han firmado este convenio, por lo que las dificultades se multiplicarán.

A pesar de que cinco países con territorios en el Ártico (Estados Unidos, Rusia, Dinamarca, Noruega y Canadá) firmaron en el 2008 el tratado de Ilulissat por el que se comprometían a mantener la paz y la estabilidad respetando las convenciones de la ONU para evitar conflictos en esta región, se teme que la militarización y confrontación que está teniendo lugar entre las grandes potencias tanto en Europa y Asia, llegue sin remedio a la región Ártica.

Al contrario de lo que ocurre en el territorio antártico, que esta jurídicamente ordenado y se ha declarado zona para la investigación y la ciencia y libre de actividad comercial, económica o militar, el territorio ártico contiene demasiada diversidad, recursos e intereses como para que ocurra lo mismo y se declare como santuario intocable y donde los intereses generales de la humanidad primen sobre los intereses particulares de Estados y corporaciones.

La militarización de la región Ártica parece inevitable y de eso hablaremos en el próximo análisis.