Militarización y securización del Ártico, un dilema de seguridad (Parte 2)

El Ártico ya no es una zona de paz, cooperación y entendimiento, aunque estamos a tiempo de volver a la mesa de debate y establecer mecanismos para evitar una confrontación abierta.

Oscar Ruiz -Escudo Digital.

Experto en migraciones y militar OTAN.

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Dron militar sobrevolando montañas del ártico.
Dron militar sobrevolando montañas del ártico.

Como continuación del punto de situación que publicamos la semana pasada sobre la situación geopolítica e intereses de los diferentes Estados y organizaciones en el Ártico, vamos a analizar si se está produciendo o no una notable securitización y militarización de esta región, qué causas y consecuencias tendría en caso afirmativo y de las posibles reacciones que las principales potencias involucradas y la comunidad internacional podrían tener.

Como el conflicto del futuro debe ser el debate del presente, hoy debemos plantearnos si la militarización del Ártico se trata básicamente de sensacionalismo periodístico y se está sobrevalorando la situación en esta región, si vale la pena aumentar la tensión geopolítica por los recursos naturales que allí se suponen y si se están poniendo los cimientos para una nueva y ficticia guerra fría en aquellas latitudes. O si, por el contrario, estamos realmente hablando geopolítica y geoestratégicamente de una de las regiones más importantes para el futuro y si se está fraguando otro conflicto abierto entre Rusia, China y Estados Unidos dentro del marco de Competencia Estratégica; es decir, si nos estamos enfrentando a un dilema de seguridad.

La situación de la región ártica, comparada con la paz y estabilidad de hace unos años, se está deteriorando rápidamente, y prueba es que solo semanas antes de la invasión rusa a Ucrania se propuso al Consejo Ártico para el premio nobel de la paz por su trabajo en esta región polar y, por el contrario, en estos momentos ese mismo Consejo ha paralizado su actividad para boicotear a Rusia por la invasión de Ucrania, lo que podría convertirse en el detonante de una verdadera guerra fría ártica.

Lo que sí es un hecho es que el deshielo del casquete polar (si continúa produciéndose como hasta ahora) implicará una mayor actividad económica y humana, lo que nos traerá inevitablemente una mayor presencia militar en la zona. Las regiones polares (ártica y antártica) son, estratégicamente hablando, desconocidas, y la influencia política, económica y militar que proyectarán en el futuro son, en cierta manera, inciertas.

Ártico, de la cooperación al conflicto

Dentro del contexto de la Competencia Estratégica entre las grandes potencias mundiales, existen dos cuestiones generales que habría que tener en cuenta respecto de la posible securitización y militarización de la región ártica. Primero, ¿quieren Rusia y China convertirse en hegemonía mundial arrebatando esta posición a Estados Unidos? Si la respuesta es negativa habría lugar para la esperanza y las dos regiones polares podrían mantenerse como zonas de cooperación mundial, paz y estabilidad, además de poder así aunar esfuerzos en revertir el deshielo de esta región en aras de la salud climática de nuestro planeta. Pero en caso de respuesta afirmativa, cualquiera de los dos (o los dos) aspirantes a hegemonía necesitará el control y los recursos tanto del Ártico, como de la Antártida, con toda la militarización y degradación del medio natural que eso supone.

Y la segunda cuestión: en caso de que Rusia y China controlaran el Ártico, sus recursos naturales y rutas marítimas, ¿realmente importa? Es decir, ¿cambiaría mucho la balanza hegemónica actual y el contexto geopolítico si permitimos que el tándem sino-ruso controle el Ártico? Quizás son cuestiones muy generales de difícil respuesta, pero que nos ayudarán a comprender las decisiones estratégicas que se producirán en esta región en los próximos años, especialmente cuando la teoría nos dice que el orden mundial es mucho más estable cuando es unipolar (los últimos 75 años de hegemonía americana), y que el intento de China o Rusia por convertirse en hegemonía traería una importante desestabilización a dicho orden.

“La decisión de boicotear a Rusia en el Consejo Ártico puede ser devastadora y desde luego mucho ha llovido desde que el recientemente fallecido Mijaíl Gorbachov declarara al Ártico como 'Zona de Paz Mundial”

La teoría nos dice que el orden mundial es mucho más estable cuando es unipolar (los últimos 75 años de hegemonía americana), y que el intento de China o Rusia por convertirse en hegemonía traería una importante desestabilización a dicho orden.

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Mapa de la actividad militar de Rusia y OTAN en el Oceano Artico. Fuente: CSIS Europe, Russia, and Eurasia Program , Leaflet | © OpenStreetMap contributors, © CARTO

Aunque el creciente clima de confrontación en esta región polar comenzó hace un par de décadas cuando se hizo patente el acelerado ritmo de deshielo ártico y el consiguiente descubrimiento de recursos naturales, fue la invasión rusa de Crimea y del Donbass (2014) la que dio un “pistoletazo” oficial al desencuentro y a un conflicto de intereses. Pero más allá, ha sido la reciente invasión de Ucrania por parte de Rusia, y el aumento de la tensión en el Indo-Pacifico, con la asertividad china en Taiwán, los desencadenantes principales del aumento de desencuentros y de un aumento del discurso militar en el Ártico.

Y prueba irrefutable al respecto es la rotura de relaciones y cooperación del Consejo Ártico cuya presidencia corresponde actualmente a Rusia y que ha sido pausada por el resto de participantes (todos ya miembros de la OTAN), paralizando así la más importante herramienta que tenía esta región para que continúe siendo un enclave de paz, estabilidad y cooperación, independientemente de las situaciones geopolíticas del resto de regiones mundiales. La decisión de boicotear a Rusia en el Consejo Ártico puede ser devastadora y desde luego mucho ha llovido desde que el recientemente fallecido Mijaíl Gorbachov declarara al Ártico como “Zona de Paz Mundial.

Y es que además de campo de batalla entre poderes hegemónicos, en esta región no existen normas jurisdiccionales claras y asumidas por to­das las partes que sirvan a la definición de sus fronteras e intereses, lo que da lugar a vacíos y zonas grises que son futuros generadores de tensión y conflicto. A esto hay que sumar que se trata de un espacio donde, además de un enfrentamiento entre los propios Estados con territorio ártico, se produce un choque de intereses con los propios de la comunidad internacional en su conjunto, ya que existen preocupaciones comunes por el equilibrio ecológico, geopolítico y económico del planeta. Como ejemplo a esto último podemos resaltar el creciente interés en esta región de países como China y la India, o de organizaciones como Naciones Unidas, la Unión Europea o la propia OTAN.

La actitud actual de los países árticos se basa en dejar literalmente fuera de los asuntos de esta región a quienes no estén vinculados geográficamente con el Ártico, aunque esta situación cambia en términos de seguridad y defensa, donde ya se están estableciendo colaboraciones con Estados y organizaciones no árticas con miras a la protección de intereses.

Rusia, dueño y señor del Ártico

Allá por el año 2007 un submarino del Kremlin plantó la bandera rusa en el fondo del mar justo en el Polo Norte mostrando una clara declaración de intenciones. Pero mucho más recientemente, el actual ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu aseguró que el desarrollo de las infraestructuras militares en la región ártica iba a aumentar de manera notable. Y tanto que ha sido así puesto que en los últimos seis años se han construido y renovado al menos 475 nuevas instalaciones militares a lo largo y ancho del territorio ártico ruso.

“El incremento del armamento e infraestructuras militares rusas en el Ártico y la modernización del ya existente tiene un punto de contradicción con las declaradas intenciones pacifistas de Moscú sobre esta región”.

El hecho es que el incremento del armamento e infraestructuras militares rusas en el Ártico y la modernización del ya existente que se ha producido a partir del año 2000 tiene un punto de contradicción con las declaradas intenciones pacifistas de Moscú sobre esta región. Y esta contradicción es mayor si se considera que este rearme se ha producido al mismo tiempo que el gasto militar se reducía en relación con el PIB del país, especialmente a partir del año 2015 (figura 1), lo cual dota de mayor significado la intencionalidad política con que se hace. En 2007 Rusia, al igual que hacía en la Guerra Fría, re­tomó sus patrullas aéreas en la zona hasta el límite mismo de los Estados vecinos árticos y debido a estas “incursiones” aéreas OTAN tuvo que organizar una misión aérea permanente en la región.

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Evolución del gasto en defensa ruso con respecto al PIB nacional. Fuente: Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI).

Pero la cuestión aquí es si el aumento de medios militares rusos en esta área se debe simplemente a que gran parte del Ártico está en territorio ruso y, por lo tanto, es una actitud defensiva licita para defender sus recursos y territorios, o si se corresponde a una actitud más asertiva/ofensiva y está tomando posiciones para controlar una ruta marítima que dentro de unos años tendrá la misma importancia económica que el Indo-Pacifico o el mismísimo estrecho de Malaca.

De hecho, para que hoy un barco pueda atravesar la Ruta del Norte ártica tiene que pedir un permiso a Moscú con 45 días de antelación, dar información técnica sobre el barco y también información sobre la tripulación y el destino del viaje y existe la posibilidad de que agentes del temido Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB) puedan subir a bordo a inspeccionar el barco, amenazando con el uso de la fuerza a los que no acaten estos requisitos. Estas acciones podrían ser contrarias a las leyes internacionales del mar sobre la libre circulación de mercancías, y especialmente va en contra de las “freedom of navigation operations” (FONOP) americanas que se encarga de mantener por los océanos de todo el planeta.

Se teme aquí sobre todo una situación parecida a la que estamos siendo testigos en la región del Indo-Pacifico, donde China afirma que ese mar es básicamente suyo y quiere ejercer el control total sobre él. Huelga decir que no es bueno que una situación como esta, que nos mantiene al borde de la tercera guerra mundial, se replique en otro punto del planeta y con otra potencia nuclear como protagonista.

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Base militar rusa Northern Clover en la región ártica. Fuente:Mil.ru.

En el territorio ártico ruso encontramos importantes amenazas propiamente militares. Por una parte, la Flota del Norte con sus temidos submarinos nucleares. La península de Kola, en la mismísima península escandinava, es el centro del Segundo Ataque Nuclear ruso, lo que multiplica su importancia estratégica; y la llegada a estas tierras gélidas de los temidos misiles hipersónicos Kinzhal (Kh-47M2) que pueden llevar o no ojiva nuclear y pueden ser lanzados desde aviones de combate o buques de la Armada rusa. Además de estas temibles capacidades, Rusia cuenta con la mayor flota de buques rompehielos del planeta (y continúa aumentando en número), una excepcional capacidad de guerra electrónica y unas defensas aéreas muy desarrolladas.

Si Rusia se ha armado hasta los dientes en el Ártico con el único propósito de disuadir a EE.UU. y la OTAN en esta región, ha conseguido justo lo contrario, ya que tanto los americanos como la Organización Trasatlántica han cambiado su postura con respecto a esta zona del planeta.

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Bases militares rusas árticas en uso o renovación. Fuente: Nicole Franiok, Russian Arctic Military Bases (American Security Project, 22 April 2020), https://www.americansecurityproject.org/russian-arctic-military-bases.

China, el invitado incómodo

China, a pesar de no ser uno de los países en el contorno ártico, ha mostrado su creciente interés en esta región, un interés directamente proporcional a la velocidad de deshielo del casquete polar, y ha visto en Rusia el socio perfecto para entrar en el selecto club de países con influencia en esta región.

Aunque hace unos años el objetivo principal de Pekín era el estudio del polo norte y su influencia en los futuros cambios climáticos en China, ahora los intereses de Pekín son claramente más amplios y ambiciosos, con sus recursos energéticos y sobre todo las nuevas rutas marítimas que se abren con el deshielo, ya que ve que las rutas regulares pueden ser inestables ya sea por accidentes en los canales y pasos clave o por el dominio y control marítimo mundial que ejercen los EE.UU.

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Tabla comparativa del periodo anual de apertura al tráfico marítimo de la Ruta Norte del Ártico desde el año 2005 al 2020. Fuente: Nikkei Asia.

El proyecto económico chino de la Ruta de la Seda Polar del que hablamos en el capítulo 1 utilizará inicialmente la Ruta Polar del Norte y se basa principalmente en el comercio de gas natural licuado (GNL) con Rusia, que está incrementando  la construcción y renovación de infraestructuras portuarias que estaban obsoletas o inexistentes. Los acuerdos económicos con la Rusia ártica no paran de crecer y nos hace presuponer que el gigante rojo va a proteger, de una manera u otra, las inmensas inversiones que está haciendo en esta región polar.

Y aquí hay que plantear la misma pregunta que hicimos con Rusia: ¿el aumento de interés e influencia de China en el Ártico está justificado solo para defender sus proyectos económicos o esconde otro tipo de interés? ¿Ha visto China una oportunidad en el Ártico para menguar la hegemonía americana y equilibrar aún más la balanza en la Competencia Estratégica?

Por otra parte, Pekín está construyendo buques rompehielos nucleares, que en principio son para facilitar la navegación a los barcos mercantes, pero existe el temor de que estos barcos sean utilizados de la misma manera que China utiliza los barcos pesqueros en el Indo-Pacifico, donde son una verdadera extensión de la Armada y Guardacostas chinos.

Al contrario de lo que está ocurriendo en el Indo-Pacifico, el aumento de capacidades (económicas y comerciales por ahora) en la región ártica no le está suponiendo a China ningún tipo de enfrentamiento con EE.UU., por lo que podemos decir que su expansión en esta región les va a salir muy barata y, por lo tanto, insistirán en ello.

Colaboración Chino-rusa, la pesadilla de Occidente

La actual situación de Rusia, parcialmente aislada y sancionada por Occidente por la invasión de Ucrania, por un lado, y la competición chino-americana por la hegemonía mundial por otra, están dando a luz el más temido “daño colateral” posible para Occidente con un posible tándem chino-ruso.

“Las actuales relaciones entre estas dos potencias sean las mejores y más cercanas que se han producido entre ambas desde 1950”.

Este aislamiento está empujando (obligando) a Moscú a aumentar considerablemente sus relaciones con el gigante rojo, que solo encuentra ventajas en una ruta marítima ártica controlada por los rusos. En Moscú, por su parte, valoran la entrada de capital chino para renovar y construir infraestructuras necesarias para el aumento de tráfico marítimo que se espera en la zona, que a la sazón se demuestran insuficientes. Esta situación explica que, en opinión de muchos analistas, las actuales relaciones entre estas dos potencias sean las mejores y más cercanas que se han producido entre ambas desde 1950.

El establecimiento de una ruta permanente entre el Estrecho de Bering y el Mar de Barents supondría una ventaja enorme (win-win) tanto para Rusia, por el paso de buques por sus aguas, como para China, por la reducción de costes de su tráfico marítimo mundial.

Para China, Rusia significa la puerta hacia el Ártico y sus intereses allí (cualesquiera que sean) y por lo tanto asegurarse la entrada permanente de recursos energéticos, mercados para exportación, nuevos socios comerciales y proyectos y, en definitiva, llevar a cabo en todos los ámbitos posibles su proyecto de Ruta de la Seda Polar.

Aun así Rusia y China no son amigos, y Moscú se guarda muy bien de pactar con Pekín cualquier acuerdo sobre seguridad y defensa en esta región, ya que el Kremlin no va a permitir, por el momento, ninguna injerencia extranjera en su territorio. Desde luego todo esto podría cambiar en el hipotético caso de una “guerra fría” polar donde se establecería el bando de OTAN liderado por EE.UU. y por otro Rusia probablemente tendría que pactar acuerdos de seguridad con China para defender sus intereses.

El interés de Estados Unidos

Estados Unidos no se ha interesado especialmente por el Ártico en las últimas décadas, y esta es la razón principal que su poderío militar aquí es minúsculo comparado con el ruso.

El sistema de radares militares en Alaska North Warning System (NWS) está obsoleto y difícilmente podría identificar misiles por aire o por mar provenientes de Rusia, por no hablar de la amenaza de los misiles hipersónicos rusos y de los cada vez más indetectables submarinos del Kremlin. Algunos expertos en seguridad aseguran que esta diferencia de poderío militar es una vulnerabilidad crítica y que si no se le pone remedio inmediato, el tándem chino-ruso contará, en unos años, con la capacidad de denegar el acceso a una gran parte del Océano Ártico, además de convertirse en la primera ocasión en que se produciría un desequilibrio militar de EE.UU. con respecto a sus competidores desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

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Miembros de Operaciones Especiales americanos durante el ejercicio militar Cold Response. Fuente: OTAN.

Desde el año 2019 los americanos han aumentado su presencia en la región polar y también las maniobras militares propias y con aliados de la OTAN, aunque sí es cierto que en el documento de Estrategia Nacional norteamericano todavía se le da poca importancia al Ártico. La asignación de la región polar a la 2º Flota de la Armada americana y el despliegue permanente de 700 marines en Noruega sería prueba del aumento de presencia militar norteamericana en la zona, pero a todas luces insuficiente para intentar disuadir a los rusos de cualquier acción militar o híbrida.

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Tabla estadística de ejercicios multinacionales en el Ártico o sus proximidades en el que intervienen Fuerzas Armadas de países no árticos. Fuente:Scandinavian Journal of Military Studies.

Estados Unidos tiene la llave en este caso para una exponencial aceleración de la militarización y securitización de la región ártica, puesto que si escucha a los expertos más alarmistas que afirman que las regiones polares son sin duda la amenaza más importante a la hegemonía mundial de EE.UU., entraríamos sin duda en una “carrera armamentística polar”, lo que convertiría a esta zona en una extensión más de las tensiones entre las grandes potencias armamentísticas mundiales.

En conclusión, el dilema de seguridad que se nos presenta en el Ártico parece obligarnos a  elegir entre una de las dos posiciones lógicas con respecto a la securitización y militarización del casquete polar: o bien nos tornamos alarmistas y tomamos medidas importantes de seguridad con respecto al interés y aumento militar chino-ruso en la región, lo cual aumentaría la  confrontación y la tensión, eliminando cualquier posibilidad de dejar esta región en la situación de paz y estabilidad que estaba, y además dando a Rusia y China la excusa perfecta para aumentar su huella militar en esta región; o bien adoptamos una postura pacifista, en la cual retomamos la diplomacia total en esta región, olvidándonos aquí de la invasión rusa en Ucrania y volviendo al redil del Consejo Ártico como si nada hubiera pasado, con el riesgo en este caso de que Rusia y China tomen una ventaja militar importante (Rusia ya la tiene aquí) en los próximos años y se hagan “dueños” de un futuro Océano Ártico sin hielo y con enormes posibilidades para el transporte marítimo mundial, recursos energéticos y pesqueros y una enorme influencia geopolítica, algo muy parecido a lo que ocurre actualmente en el Indo-Pacifico.

En el peor de los casos, los expertos más alarmistas defienden que la trampa de Tucidides se puede presentar en este tablero polar, puesto que si dejas a los aspirantes a hegemonías un lugar (Ártico) por donde puedan llevar a cabo sus aspiraciones por el desequilibrio militar, esto conduciría probablemente a una guerra.

Nos enfrentamos a la realidad de que el Ártico ya no es una zona de paz, cooperación y entendimiento. Aunque no todo está perdido y estamos a tiempo de volver a la mesa de debate y establecer mecanismos para evitar una confrontación abierta mediante un dialogo entre todas las partes involucradas (¿todo el planeta?)  Para ello se deberían intentar obviar conflictos y situaciones que están teniendo lugar en otros puntos del planeta y establecer unos límites que ralenticen el deterioro de la región polar, y por ende, de nuestro planeta. Parece imposible que Ártico quede en la misma situación de excepcionalidad que la Antártida, pero todavía se puede llegar a un entendimiento para que esta zona no sea un campo de batalla entre las grandes potencias.